Algas polares sobrevivieron 16 meses en el espacio exterior

Las muestras han sido expuestas al espacio exterior por 16 meses afuera de la Estación Espacial Internacional. ESA / ROSCOSMOS
En un experimento en la Estación Espacial Internacional (EEI), un grupo de investigadores estudiaron la influencia de las condiciones radicales del espacio abierto (radiación, vacío y fluctuaciones extremas de temperatura) sobre una muestra de hongos, algas y bacterias. Solo dos especies de algas sobrevivieron estas condiciones, pero los resultados proporcionan argumentos a favor de la hipótesis de la panspermia sobre la aparición de la vida en la Tierra, teoría que postula la existencia de microorganismos que llegaron en meteoritos del espacio exterior. La nota de prensa del experimento y sus conclusiones ha sido publicada en la página web del Instituto Fraunhofer.
El experimento se realizó dentro del marco del programa Biology and Mars Experiment (BIOMEX). Los investigadores estudiaron la estrategia de supervivencia de algas, cianobacterias, musgos, hongos y bacterias oriundas de las regiones polares de la Tierra. Gracias a los ensayos en laboratorio, los científicos estaban convencidos de la capacidad de las algas para resistir a la sequía, a las temperaturas extremas y a la radiación ultravioleta. Pero como las condiciones de la órbita terrestre no pueden ser completamente simuladas en un laboratorio, se esperaba que el resultado del experimento en el espacio sea bastante impredecible.
La nave no tripulada “Progress” llevó las muestras de plantas y demás organismos a la Estación Espacial Internacional el 23 de julio de 2014. Su retorno a la Tierra se produjo el mes pasado, lo que hace que estos organismos hayan pasado 16 meses en el espacio abierto ubicado justo afuera de la estación, protegidos solamente por filtros para disminuir los efectos de la radiación. Durante el experimento, unos sensores especiales midieron los niveles de radiación y los cambios de temperatura.
Las algas continuaron creciendo después de regresar de la EEI: las algas verdes formaron una nueva población de color naranja, característico de un estado de reposo (dos filas superiores). Por su parte, las algas azul-verdosas formaron una nueva colonia de cianobacterias (dos filas inferiores). (Thomas Leya / Fraunhofer IZI-BB)
A su regreso a la Tierra, las cepas de las algas verdes Sphaerocystis, que crecen en el archipiélago noruego Svalbard, y las cepas de cianobacterias Сyanobacterium nostoc, de la Antártida, continuaron con vida. Estas algas no solo soportaron fuertes fluctuaciones de temperatura (de -20 a 50°C) y radiaciones del tipo UVA y UVB, sino también la particularmente dañina onda corta UVC (longitud de onda de 280 a 100 nanómetros).
Con estos resultados, los investigadores realizarán un estudio meticuloso de las propiedades adaptativas de estas plantas. Debido a que la radiación ultravioleta es igualmente perjudicial para cualquier tipo de ADN, incluyendo el ADN del ser humano, los científicos estudiarán cuánto daño tuvo el genoma de las algas enviadas al espacio. Además, la reacción de las algas a las condiciones del espacio significa un objeto de estudio importante en si mismo: las algas contienen proteínas y producen oxígeno, lo que las convierte en una fuente de nutrición apropiada para futuros exploradores del espacio lejano.
Los investigadores esperan que una vez descubiertas las propiedades de las algas estas no solo sean utilizadas en los viajes espaciales, sino que también puedan ser útiles en la Tierra. Por ejemplo, se podrían emplear en la producción de cosméticos con protección solar y súper-alimentos, ya que las algas son una fuente rica en ácidos grasos omega-3, beneficioso para la salud. Los científicos solo conocen bien a 500 de más de 100 mil tipos de algas y otros organismos del círculo polar y otras regiones de condiciones extremas, lo que despierta esperanzas para nuevos descubrimientos de estos organismos poco estudiados.
Nadesda Bessonova
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