Juan Scaliter

Laboratorio de superhéroes

Instrucciones para tener un supercerebro

Habitualmente pensamos en los superhéroes como humanos (o alienígenas o robots o mutantes) con una fuerza extraordinaria, ya sea por contar con músculos de hierro o por servirse de tecnologías de hierro (y de aluminio, nanotubos de carbono, huesos de adamantio o cualquier engendro de la imaginación).  Pero son muy pocas las ocasiones en las cuales se habla del músculo más ejercitado por héroes y villanos: el cerebro. Y es que la mayoría de ellos son genios y casi todos trabajan en un laboratorio.

Tony Stark, alias Ironman fue un niño prodigio que a los 15 años ingresó al MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts). Pero Reed Richards, el hombre Fantástico fue más precoz aún. A los 14 años ya estaba en el MIT, de allí pasó a Harvard, al Instituto Tecnológico de California, la Universidad de Columbia y a los 20 años, tenía doctorados en bioquímica, ingeniería, física, matemática…

Por lo tanto, más que un traje o una receta para fuerza descomunal, lo que estaría muy bien es conocer las instrucciones para crear el cerebro perfecto. Desafortunadamente, esto no existe. De hecho la ciencia sabe muy poco sobre lo que hace a un genio. En 1980 un científico llamado Roger Lewin publicó un artículo científico relatando el caso de un joven con un cociente intelectual de 126 (lo que marca una inteligencia muy superior, pues el promedio estaría en 100), prueba de ellos es que el muchacho había obtenido varios premios universitarios en matemáticas, solo había un problema: su cerebro rondaba los 140 gramos, diez veces menos que el tuyo. Pese a estar lleno de agua  (sufría de hidrocefalia), su cerebro rozaba la genialidad.


Pixabay.

Soluciones radicales

Imitar esto es imposible. Pero hay varias “soluciones” y la primera es someterse a una cirugía estética cerebral. Del mismo modo que este tipo de intervenciones agregan, quitan o modelan partes de nuestro cuerpo, este tipo de operaciones (que aún no se realizan obviamente) busca alterar parte de nuestro cerebro. ¿Para qué querría alguien hacer esto? Por lo antecedentes. Cuando en 2005, Ken Walters, de 43 años, sufrió un accidente de coche que le dejó en silla de ruedas, pensó que su vida había cambiado para siempre. Y estaba en lo correcto. Solo que supuso que había sido para peor. Y se equivocaba. Walters sufrió un derrame cerebral y de pronto comenzó a interesarse en el diseño digital, su técnica fue evolucionando tanto que llegó a convertirse en uno de los diseñadores de la empresa de videojuegos EA. Otro caso es el de Derek Amato el hombre que, aún hoy, no sabe leer partituras, pero es un genio cuando se sienta ante el piano. Pero un golpe (de mala suerte) no solo afecta al área artística. A Jason Padgett una paliza a la salida de un bar lo convirtió en un genio de las matemáticas.

Darold Treffert, investigador de la Universidad de Wisconsin, ha elaborado una “Biblia” con cada nuevo genio súbito. Ya lleva más de 30 entre sus páginas. De acuerdo con este experto “tras la lesión, el cerebro busca tejido cortical intacto para compensar las áreas dañadas. Este recableado, a través de una nueva zona, despierta potenciales dormidos en esa región”.

Opciones no tan extremas, pero efectivas

Es cierto. Las opciones que hemos dado hasta ahora son un poco…drásticas por decirlo de algún modo. Así que más nos vale explorar posibilidades menos extremas. Una de ellas es visitar a Allan Snyder, director del Centro de la Mente de la Universidad de Australia. Básicamente Snyder intenta comprender cómo es posible que el “apagado” de ciertas regiones del cerebro, encienda capacidades de genio en algunas personas. Y lo que descubrió fue que recurriendo a la estimulación cerebral es posible atravesar algunas barreras. En un artículo publicado en Neuroscience Letters, Snyder  utilizó la estimulación intracraneal para aumentar las capacidades de una serie de voluntarios y ayudarles a resolver el enigma de los nueve puntos. Este desafío consiste en unir los puntos con cuatro líneas. 


El enigma de los nueve puntos.


En el estudio de Snyder, los voluntarios tuvieron varias oportunidades para resolverlo. Y ninguno lo consiguió. Entonces sí se utilizó la tecnología: se conectaron una serie de electrodos a su cráneo y mediante una corriente eléctrica se estimuló el cerebro. Al repetir la prueba, la mitad logró resolverlo, mientras que los sujetos que no recibieron ninguna ayuda, siguieron fallando. 

Otro genio del universo Marvel, tan inteligente como Ironman o el Hombre Fantástico, es Magneto. Su habilidad reside en que es capaz de manipular corrientes eléctricas. Y quizás por ello su verdadero don es su cerebro: Magneto podría modificar el movimiento de electrones dentro de su cerebro para estimular la propia genialidad. Para quienes no tengan este poder hay una solución y se llama Corriente Estimulante Transcraneal Directa (TDCS por sus siglas en inglés). La técnica se basa en aplicar flujos eléctricos muy débiles en el cráneo a través de electrodos. Roi Cohen Kadosh de la Universidad de Oxford ha utilizado esta técnica para mejorar habilidades matemáticas en unos voluntarios tras entrenarlos apenas 6 días. Y los efectos duraron hasta 6 meses después.

Finalmente hay una capacidad más que esconde nuestro cerebro y si bien no está directamente vinculada a la genialidad, sí puede aportarnos importantes beneficios: la memoria. Uno de los personajes menos conocidos en el universo cómic es Grendel,  un niño que a los cuatro años memoriza la guía telefónica de su pueblo… y de los otros seis de alrededor. A los seis podía recitar los libros de William Shakespeare y dos años más tarde había escrito doce obras de teatro y trabajaba en varias novelas. Tanta genialidad lo llevó a ser discriminado por sus compañeros de clase y, aislado, se juntó con quien no debía y se convirtió en un villano. Si alguien quisiera imitar a Grendel (en cuanto a memoria, no en vileza), puede hablar con Zafaruddin Khan, de la Universidad de Málaga, España. Khan ha descubierto que la proteína RGS14 es capaz de estimular la corteza visual e incrementar unas mil veces nuestra memoria. Si bien es cierto que el ensayo se llevó a cabo en ratones, el equipo de Khan consiguió que los animales retuvieran información de un objeto durante meses, mientras que los roedores utilizados como control solo llegaban a los 45 minutos.

Visto todo esto hay que recordar, a la hora de buscar una memoria mil veces más poderosa que, como le dirían a Spiderman, todo gran poder, conlleva una gran responsabilidad. 


La solución al enigma.

 

 

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