Científic@s ilustres

Vidas que cambiaron el mundo

Vera Rubin, la astrónoma que descubrió la materia oscura y nunca consiguió el Nobel

Vera Rubin en 1948. /Archives & Special Collections, Vassar College Library

Los premios Nobel no se pueden conceder póstumamente, lo que ha dejado sin reconocimiento muchos grandes hallazgos y a muchas grandes personalidades de la historia. Entre ellos, la astrónoma Vera Rubin, que habría cumplido 89 años estos días, pero murió el año pasado, antes de que la academia sueca le otorgara el merecido galardón por demostrar la existencia de la materia oscura. Una lástima no solo para la científica, sino para los premios Nobel de Física, cuya cronología está huérfana de mujeres: solo dos lo han obtenido desde 1901, Marie Curie y Maria Goeppert Mayer.

Rubin nació en Filadelfia (EE.UU.) el 23 de julio de 1928, y como muchos de los grandes genios, ya desde pequeña mostró un gran interés por las estrellas, quizá estimulado por el trabajo de su padre, un ingeniero eléctrico dedicado a construir telescopios. Pero como tantas otras mujeres con grandes talentos, la sociedad no recibió sus dones con los brazos abiertos: cuando intentó matricularse en la Universidad de Princeton, la rechazaron debido a una política que no permitía aceptar mujeres en el programa de astronomía de postgrado y que no fue abolida hasta 1975. Afortunadamente, en Cornell, no discriminaban por género y pudo estudiar Física, graduándose con una tesina sobre la idea de que las galaxias giran alrededor de un centro desconocido en lugar de expandirse hacia fuera, como sugería la teoría del Big Bang.

Finalmente, se doctoró en la Universidad de Georgetown con una controvertida tesis que señalaba que las galaxias no se distribuían al azar sino que formaban grandes cúmulos. Su trabajo, terminado en 1954, fue rechazado tanto por Astronomical Journal como por Astrophysical Journal, pero Rubin tenía razón y sus hallazgos fueron confirmados 15 años después.

Fue la primera mujer con permiso para usar los instrumentos del Observatorio Palomar en California, EE.UU., y en 1965 consiguió un puesto en el Departamento de Magnetismo Terrestre del Instituto Carnegie de Washington. Este año, y después de la polémica de su anterior investigación, modificó su campo de estudio hacia las curvas de rotación de las galaxias espirales, empezando por el exhaustivo estudio de Andrómeda.

Tras años de trabajo en este campo, en 1974, Rubin descubrió que las estrellas en los bordes de las galaxias se movían más rápido de lo esperado. Los cálculos de gravedad, que realizó utilizando solo materia visible en las galaxias, mostraron que las estrellas exteriores debían moverse más lentamente. En su opinión, las estrellas más externas giraban demasiado rápido como para que la gravedad fuera todo lo que mantuviese la galaxia unida, y eso significaba que tenía que haber al menos diez veces más materia oscura, una masa que no emite luz, que materia visible.

Primera imagen del entramado de materia oscura que conecta las galaxias, obtenido este año por científicos de la Universidad de Waterloo, Canadá. /S. Epps & M. Hudson / UW

Aunque sus cálculos fueron conservadores (afirmaba que más del 50% de la masa de las galaxias estaba formada por un halo de materia oscura), Rubin estaba en lo cierto y sus resultados fueron presentados a la Sociedad Astronómica Estadounidense en 1975. Esto llevó a que se decubriera que, en realidad, el 90% de la masa de las galaxias es materia oscura, que se puede inferir a través del efecto gravitacional que produce. Actualmente, se conoce que el 27% del universo está formado por esta materia invisible, y solo un 5% por materia visible.

Vera Rubin fue galardonada en 1993 con la Medalla Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Murió el día de navidad del pasado año, pero hasta ese día, los expertos predecían que el Nobel de Física sería para ella. 

Beatriz de Vera
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