Claudia Cisneros

Periodista

Obsolescencia programada: usar y botar

Pintura futurista de Fortunato Depero

Hace unos años, una tarde cualquiera, se me acabó la tinta de la impresora en casa en medio de un trabajo. Fui de tienda en tienda buscando los cartuchos para el modelo de mi impresora, que no tenía ni dos años, pero en ninguna hallé los cartuchos requeridos. Nunca antes había tenido problemas para comprarlos. Frustrada, ya entrada la noche en la sexta tienda que visitaba no pude más y le pregunté al vendedor especializado ¡qué rayos pasaba! En voz baja me confesó que no creía que pudiera encontrar esos cartuchos porque ya no los hacían. Excepto, me dijo, que encontrara una tienda en un lugar remoto donde se les quedara stock o que fuese a buscar repuestos made in Perú, o sea, bamba. Me lo dijo con tal empatía y seguridad que le creí. En días sucesivos, ya por curiosidad de consumidor, seguí preguntando por los cartuchos de mi modelo en otras tiendas con el mismo resultado: ¨Esos ya no los traen¨, me decían, y me resultaba increíble que un aparato de la tecnología y costo de una buena marca de impresora fuera tan rápidamente inservible por la unilateral razón de que ya no se produjeran cartuchos para ese modelo. ¿Por qué? Porque solo producían los cartuchos para los modelos más recientes, ergo, había que desechar lo antiguo –aunque estuviera en perfectas condiciones – y gastar en una nueva máquina y hacer de nuevo lo mismo al cabo de un año o dos. ¡Qué embauco al consumidor! 

Este fue mi primer encuentro cara a cara con la Obsolescencia Programada. 

Una y otra vez, tú y yo nos hemos tenido que enfrentar a ella. En las cuchillas de la licuadora que se gastan en menos de un año, en la lavadora que falla antes de tiempo, en la laptop o el celular que dejan de funcionar un buen día tras dos o tres años de uso normal. ¿La razón? La bendita Obsolescencia Programada. ¿Pero qué significa ese término exactamente?

¿Existe en realidad o es una paranoia anticapitalista? 

Según The Economist (Marzo, 2009), la Obsolescencia Programada ¨es una estrategia de negocio en la que la obsolescencia (el proceso de volverse obsoleto, es decir, pasado de moda o no útil) de un producto es planificado y construido intrínsecamente desde su concepción¨. 

En realidad, la Obsolescencia Programada tiene ya casi un siglo de vigencia y ha logrado penetrar casi cualquier rubro comercial masivo. De hecho, muchos la defienden argumentando que es uno de los pilares de la economía de consumo que sustenta las economías en las sociedades capitalistas. Así que, si bien no se trata de una conspiración mundial, es una estrategia harto conocida, utilizada y aprovechada al máximo por las industrias para maximizar el flujo de sus ganancias y asegurarse consumidores perpetuos. ¿Cómo? Haciendo que cada producto tenga un tiempo de vida/muerte programado artificialmente, que no dure mucho para tener que reemplazarlo pronto comprando un nuevo producto. 

Estamos a siete años de que se cumpla un centenario del nacimiento de esta práctica hoy presente en todos los sectores del mercado. Empezó en la navidad de 1924, en Ginebra, Suiza, donde los magnates de las fábricas de focos eléctricos de todo el mundo se reunieron para acordar acortar el tiempo de vida de los focos o bombillos eléctricos del mercado bajo su dominio. Se les conoció como el Cártel Internacional de la Electricidad o Phoebus (Corporación suiza "Phoebus S.A. Compagnie Industrielle pour le Développement de l'Éclairage"). En esa oportunidad, se reunieron los gigantes de la electricidad como Philips, General Electric y Osram (que manejaban Europa, América, Asia y África). Y convinieron que se recortaría a menos de la mitad la vida útil de los focos, que en esa época estaban hechos para durar 2,500 horas. A partir de entonces durarían máximo 1,000 horas y si algún fabricante incumplía el límite era multado por el llamado ¨Comité de las mil horas¨. El investigador alemán Helmut Höge pudo recoger valiosa documentación de este cártel y sus operaciones, documentos, en el documental de Cosima Dannoritze: ¨Comprar, tirar, comprar. La historia secreta de la obsolescencia programada¨ (2011).


Estación de bomberos en Livermore, California tiene el foco más longevo funcionando desde 1901. Producido en Shelby Ohio en 1895.

Esta concertación para panificar la reducción deliberada de la vida útil de los focos a escala global, no solo impidió que se desarrollara mejor tecnología, más duradera para los consumidores, sino que como un mal cáncer fue una práctica que se expandió a otras industrias impunemente (como las medias de nylon de Dupont). La economía de las fábricas se duplicó en 5 años a costa de este engaño. Luego vendría la Gran Depresión económica mundial (1929 – 1930), en la que un prominente corredor inmobiliario ruso-estadounidense, llamado Bernard London, escribió una serie de artículos en los que proponía acabar con la depresión económica mundial a través de la Obsolescencia Programada, artículos bastante difundidos entre los industriales. Luego hubo una pausa obligada debida a la segunda guerra mundial. 

Pero la Guerra Fría solo agravó esta situación, pues mientras que en los países comunistas los productos se hacían para durar el mayor tiempo posible dada su economía, en los países capitalistas la consigna era producir para el consumo masivo, sacar las mayores ganancias y activar así la economía. En ese contexto, la Obsolescencia Programada encajaba con las metas del capitalismo de incrementar el consumo a cualquier precio o costo para maximizar ganancias. No es casual que desde las dos potencias mundiales, EE.UU. y el Reino Unido, se consolidaran los mismos mensajes. Decía Thatcher: ¨El derecho del hombre a trabajar como sea su voluntad, a gastar lo que gana, a adquirir propiedad, tener al Estado como su sirviente y no su amo, son el legado inglés, son la esencia de nuestra economía libre y de esa libertad dependen todas nuestras otras libertades¨. Mientras Reagan, cedía a la presión de la industria de alimentos hiperprocesados para vender publicidad sin límites a niños de cualquier edad.

Obsolencia y consumismo

En pocos años, las sociedades consumistas capitalistas han logrado programar en el inconsciente de sus ciudadanos la necesidad de un consumo compulsivo de objetos que no son, objetivamente, necesarios. A tanto ha llegado esta impregnación del consumismo en la vida occidental que, la capacidad de consumo está directamente asociada con la autoestima individual e incluso, en muchos casos, con la identidad misma de los sujetos. Así, ya ni siquiera necesitamos comprar porque la vida útil del producto esté programada en los electrodomésticos, en las computadoras o en los celulares. Ahora millones de personas en el mundo sienten la compulsiva necesidad de comprar lo más nuevo y desechar lo “viejo” aun si tiene todavía vida útil. En el cerebro nuestro sistema de recompensa se activa secretando dopamina cuando sentimos satisfecha la urgencia o compulsión de la compra, más aún si es con tarjeta de crédito porque nos ahorramos la angustia de gastar en efectivo. Tenemos programada, profundamente, la falsa creencia de que consumir es ser libres: si quiero y puedo, lo hago y me siento reconfortado por poder ejercer esa (falsa) libertad. Cuando en realidad estamos esclavizándonos al consumo compulsivo, fomentando una sociedad del derroche, del descarte prematuro, de ingenieros que diseñan para que los productos fallen faltando a su ética, de industriales que se llenan los bolsillos enganchándonos y engañándonos, de zombies consumistas con delirios de libertad, de productos fallidos, de bajos estándares, pauperización de la calidad incluso a costa de nuestra salud. 

Cifras que llaman la atención

En el 2015 la Universidad de Berlín y el Öko-Institut realizaron un estudio sobre la influencia de la Obsolescencia Programada en la compra de refrigeradores, televisores o computadoras. Encontraron que un 60% de personas cambiaba sus TVs por pantallas planas por mero gusto de lo nuevo. Pero en el caso de las refrigeradoras hallaron que entre el 2004 y el 2012 el reemplazo del aparato por defectos técnicos los primeros 5 años de vida se había duplicado (de 3,5% en 2004 a 8,3% en 2012). Mientras que en el caso de las laptops encontraron que si en 2004 el 70% cambiaba su computador portátil para tener algo más moderno. En la actualidad solo el 25% lo hace por esa causa, y el resto porque la vida útil del aparato se ha acortado dramáticamente. 

Es cierto que por su naturaleza los aparatos más imbuidos de tecnología son quizás los que más rápidamente pueden pasar a la obsolescencia por la propia dinámica del avance tecnológico. Pero también es cierto que miles, por ejemplo, hacen colas de varios días para obtener un nuevo modelo de iPhone que casi no tiene innovaciones sustanciales. Solo por el hecho de tener lo último. 

Opciones para despertar

¡Despierta! ¡No eres lo que compras! ¡Dejemos de ser víctimas y victimarios de la Obsolescencia Programada! ¿Cómo? Fomentando el arreglo de aparatos cuando estos se estropean, no descartándolos de plano por uno más nuevo. Hagamos crecer el rubro de maestros reparadores y podemos generar allí un bolsón económico. En España existe un directorio on line que se llama Alargascencia y que es constantemente alimentado por los ciudadanos con datos sobre establecimientos eficaces y responsables que reparan objetos. Opongamos resistencia a las probadas malas prácticas de países del primer mundo que producen desechos electróncios por más de 50 millones de toneladas al año. No dejes de usar un aparato porque pasó de moda. Ten personalidad y sé un ciudadano responsable. La economía no va a fenecer porque tomemos estas medidas. Si bien hay toda una economía basada en las industrias, y empleos que dependen de ellas, hemos llegado a un punto de exacerbación del consumismo como medio que justifica el fin (economía), que ha distorsionado el fin y sus medios (Obsolescencia Programada). 

En países como Holanda el gobierno federal está proponiendo legislación para combatir la Obsolescencia Programada. En Francia se ha legislado acerca de la vida útil de los aparatos electrónicos. Una ley (2015) multa hasta con 300 mil euros a los fabricantes que programen artificialmente la vida de un producto. En la Comisión Europea (CE) se aborda el tema de la obsolescencia programada o ¨prematura¨ con propuestas para que la industria fabrique productos más durables y reparables (Plan de Acción para la Economía Circular); y durante el 2018 al 2020 se estudiarán e identificarán practicas de obsolescencia programada como parte del Programa de Investigación e Innovación Horizonte 2010 para definir cursos de acción. 

Es tiempo de alinear la producción y el consumo con el perfil de nuestro planeta de recursos limitados y su fragilidad ambiental; es tiempo de un cambio de mentalidad del empresario, del consumidor, de las políticas públicas, para alinearnos a un consumo responsable, que respete derechos, ética y el bolsillo del consumidor. Eso, o los humanos estaremos programando anteladamente nuestra obsolescencia como comunidad. 

Menos consumo y más ciudadanía.

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