Científic@s ilustres

Vidas que cambiaron el mundo

Alexander Fleming, el “artista científico” que hizo posibles los antibióticos

Un retrato de Alexander Fleming. /Wikimedia Commons

Alexander Fleming debe su fama al descubrimiento de la penicilina, un antibiótico que revolucionó la medicina moderna, tratando diferentes enfermedades que, hasta bien entrado el siglo XX, se consideraban incurables. El científico nació el 6 de agosto de 1881 en Lochfield, Escocia. Hasta 1894, cuando ya era un adolescente, recibió una educación bastante rudimentaria, obtenida con dificultad, pero en la que destacó su gusto por la observación. Con trece años, se trasladó a vivir a Londres con un hermanastro que ejercía allí como médico y, en la capital inglesa, completó su educación, realizando dos cursos en el Instituto Politécnico de Regent Street. Al acabar, consiguió empleo en las oficinas de una compañía naviera y ya en 1900, se alistó en el Regimiento Escocés de Londres, con la intención de participar en la Guerra de los Boers, pero ésta terminó antes de que su unidad llegara a embarcarse. Siguió en Inglaterra y empezó a trabajar como médico en el Hospital St. Mary de Londres.

Durante la Primera Guerra Mundial, ejerció su profesión en los frentes de Francia. Allí, se quedó impactado por lo letales que resultaban las infecciones causadas por las heridas de bala, así que, al acabar la guerra, volvió a su trabajo en el hospital y se empeñó en buscar la manera de evitar estas muertes. Cuando trataba de dar con un antiséptico, los mocos de un estornudo cayeron sobre las bacterias de una placa Petri. Días más tarde, Fleming vio que en las zonas manchadas por los fluidos las bacterias habían muerto. Así descubrió la enzima antimicrobiana lisozima. 

En 1928, descubrió, también por casualidad, el moho Penicillium notatum, que produce una sustancia natural antibacteriana: la penicilina. Fleming publicó su descubrimiento en el British Journal of Experimental Pathology en 1929 y no lo patentó. Pero nadie le prestó atención.

Sin embargo, la segunda Guerra Mundial estaba cerca, y la penicilina, como era de esperarse, comenzó a utilizarse de forma masiva. El alemán Ernst Boris Chain y el australiano Howard Walter Florey desarrollaron un método para sintetizarla y pusieron en marcha plantas de producción en EE UU. En 1945, compartieron con Fleming el premio Nobel de Medicina. 

Desde entonces, este medicamento se ha utilizado con eficacia en el tratamiento contra gran número de gérmenes infecciosos, especialmente cocos; y se ha mostrado especialmente útil para combatir enfermedades como la gonorrea y la sífilis. El descubrimiento de la penicilina inició la era de los antibióticos (su modelo de preparación proviene de esta sustancia), que han permitido aumentar los índices de esperanza de vida en prácticamente todo el mundo.

El descubrimiento de Fleming, que murió el 11 de marzo de 1955, no le valió solo un lugar privilegiado en la Historia de la Ciencia, curiosamente, también fue miembro del Chelsea Arts Club, un club de artistas en el que fue admitido después de realizar pinturas con bacterias invisibles que se coloreaban intensamente una vez crecidas.

Beatriz de Vera
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