Juan Scaliter

Laboratorio de superhéroes

Los diez villanos que podrían destruir el mundo hoy mismo [I]

Cráneo rojo, uno de los villanos que integran esta infame lista. 

A la hora de evaluar los peligros a los que nos enfrentamos como especie, los personajes del cómic, imaginarios obviamente, se puede anticipar un futuro negro. Y muy cercano.

La realidad supera a la ficción y en muchos sentidos no cabe duda. Pero cuando los autores de cómic crearon ciertos personajes jamás imaginaron que sus intenciones de dominar el mundo y, principalmente, sus estrategias para hacerlos, podrían llegar a ocupar la lista de las 10 catástrofes que podrían matar al 10% de la población global o más. Este listado, elaborado por Global Priorities Project (un organismo dependiente de la Universidad de Oxford) es un “quién es quién” de las mayores amenazas a las que se enfrentan los seres humanos. Aquí el top ten del desastre.

1) Crear una pandemia está al alcance de cualquiera. OMAC

Las bioimpresoras 3D, la técnica de edición genética CRISPR y, principalmente, la posibilidad de enviar el ADN de vacunas pero también el de patógenos a través de internet, un proyecto de Craig Venter, hacen posible que cualquiera con un mínimo de conocimientos y dispositivos no muy caros, pueda “armarse hasta los dientes” con virus que pueda lanzar en cualquier lugar y con consecuencias catastróficas. ¿Es posible crear un virus mortal tan fácilmente? Muchas voces de científicos se alzaron cinco años atrás cuando Nature publicó las “instrucciones” para mutar la gripe aviar y hacerla más mortal aún.

No, todo esto no es ciencia ficción…desafortunadamente. Y el personaje que anticipó esto fue OMAC (One Man Army Corps), obra de Jack Kirby. Si los robots violaran las tres leyes postuladas por Isaac Asimov serían malvados entes cibernéticos. Si se decidieran a reescribirlas serían OMAC. Estos ciborgs, mitad humanos, mitad tecnología, son capaces de inyectar un virus en sus enemigos y activarlo a distancia.

2) Economía y bitcoins. Anarquía

Sí, por extraño que parezca, es uno de los mayores temores de los expertos. Y con razón. Las monedas virtuales (y cada vez más servicios financieros, legales y hasta médicos), operan con la tecnología blockchain. Básicamente se trata de una base de datos (de tamaño global) en la que la información se distribuye entre los participantes. En esta “biblioteca” se encuentran todas las operaciones que se han ejecutado en la red, como por ejemplo todas las compras e intercambio de manos de bitcoins. Cada participante es un nodo (un ordenador) que se comunica con otros a través de P2P, un sistema en el que todos tienen los mismos privilegios y no hay un “director de orquesta”, por así decirlo. Para ello es necesario que todas las redes hablen un mismo idioma, es decir, todas tienen el mismo protocolo.

La gran ventaja de blockchain es que es una máquina de confianza: todo está a la vista, no se pueden modificar las condiciones excepto consenso mutuo y, en primera instancia, es una red segura ante hackers, que no pueden vulnerar millones de ordenadores al mismo tiempo.  Pero hay algunos problemas. Uno de ellos es que todo el sistema giraría alrededor de los nodos hablando un mismo lenguaje, esto es como poner todos los huevos en una misma canasta: basta un ataque al protocolo para echar por tierra todo el sistema. Y entonces llegaría la anarquía. Ahora mismo Estonia se encuentra estudiando la posibilidad de crear su propia moneda virtual y lo mismo hace Cataluña. En este caso, los monedas virtuales no tienen el respaldo de ningún banco. Así, una economía que no cuenta con el apoyo de ningún organismo oficial y cuya seguridad es vulnerada, puede dar paso a la anarquía. Y aquí es donde aparece el personaje de DC Anarquía (Anarky), cuyo principal enemigo es el estado (cualquiera en realidad) y persigue anular la intervención estatal en asuntos personales, sociales o económicos. Propiciar un entorno en el que las monedas virtuales tengan éxito, para luego tirar todo el sistema por tierra y someter al planeta a una crisis de regresión, sería muy propio de Anarquía.

3) El regreso del autoritarismo. El Cráneo Rojo

El tercer temor de los expertos de Oxford tiene que ver con la inseguridad a nivel global. A medida que los atentados terroristas se vuelven más frecuentes e inesperados y complejos de anticipar, los gobiernos comienzan a tomar medidas para reducir libertades como el libre tránsito dentro de una nación, la libertad de reunión y hasta el derecho a la privacidad. Las leyes sancionadas tras el ataque del 11S son un ejemplo de ello. En el presente se repite el escenario con líderes que utilizan el miedo como medio para promover medidas extremas, ya sea en el mundo occidental, como Donald Trump o en tierras lejanas, como ocurre en Corea del Norte. El personaje del Cráneo Rojo, en su primera etapa, fue el mayor promotor del caos en toda Europa a principios de la II Guerra Mundial. 

4) Cambio Climático. Mago del clima


Mago del clima, el enemigo de Flash. 

A fines de 2015, los líderes mundiales se comprometieron en París a no sobrepasar un aumento de 2ºC en la temperatura global por causas humanas. El problema es que los modelos climáticos muestran que, incluso si la emisión de dióxido de carbono se detuviera repentinamente, los niveles de este gas de efecto invernadero en la atmósfera de la Tierra, continuarán calentando nuestro planeta durante cientos de años. Según el propio Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, "una gran parte del cambio climático es en gran parte irreversible en las escalas de tiempo humanas”.

Y aquí es cuando aparece Mark Mardon, archienemigo de Flash y el villano más conocido como Mago del clima, un personaje capaz de generar cualquier patrón meteorológico (desde tornadas hasta relámpagos, pasando por imitar a la princesa de Frozen y hundir a un pueblo en un invierno eterno) y cuyo objetivo es dominar el planeta solo modificando el clima.  Para más datos, su primera aparición fue en 1959…justo un años después que el químico Charles David Keeling hiciera las primeras mediciones de CO2 y su efecto en el clima y diera la señal de partida para los estudios sobre cambio climático.

5) Adiós a los satélites. Brother MK I

Cada vez somos más dependientes de los satélites que orbitan nuestro planeta. No solo para comunicaciones, también para ubicarnos con GPS, para el comercio marítimo, las rutas aéreas… En un informe titulado Un día sin espacio, expertos del Instituto George C. Marshall, analizan las consecuencias de perder todos los satélites, ya sea por un conflicto bélico como por una tormenta solar. La conclusión es que en un instante retrocederíamos al menos medio siglo mientras vemos como todas las comunicaciones dejan de pasar por los satélites y comienzan a saturar los cables submarinos que conectan el planeta. ¿Quieres sacar dinero de un cajero? Pues puede que tengas que esperar una hora a que procese toda la información.

Brother MK I era la red de satélites que controlaba a OMAC y su objetivo era obtener información de todos los metahumanos del universo DC, sean héroes o villanos. Una capacidad de los satélites que produce tanto temor como la desaparición de los los mismos.  Si una red similar, una en la que se sepan todos nuestros datos y se realice un seguimiento individual, se pone en marcha (y ya estamos camino a ello), lo primero que ocurrirá es que perderemos confianza en nuestros semejantes y comenzaremos a recelar de cualquier acto extraño. Nos convertiremos en potenciales denunciantes y la vida pública se reducirá enormemente. Así, sea porque caigan los satélites o porque haya más, si no existe un control sobre ellos, se avecina otro posible final para la raza humana. 

Continuará...

¿Te gustó este artículo? Lee más en Laboratorio de Superhéroes o coméntala en nuestros canales de Facebook y Twitter.

Suscríbete

Déjanos tu mail para recibir nuestro boletín de noticias

La confirmación ha sido enviada a tu correo.