Científic@s ilustres

Vidas que cambiaron el mundo

Laika, la perra cosmonauta que fue enviada a morir al espacio

Se cumplen 60 años desde que Laika fuera convertida a la fuerza en cosmonauta. /Flickr

Hoy rendimos homenaje a alguien que dio su vida por la ciencia. Laika fue víctima de un experimento que acabó con su vida en pocas horas, convirtiéndose en el primer ser vivo en ser lanzado al espacio, en 1957. Hoy se cumplen 60 años desde que esta perra fuera convertida a la fuerza en cosmonauta y preparara así el terreno para que, cuatro años más tarde, el 12 de abril de 1961, Yuri Gagarin se convirtiera en el primer ser humano en viajar al espacio, él sí, con garantías de retorno.

Los soviéticos ya habían puesto en órbita un mes antes el primer satélite artificial, el Sputnik 1. Y el 3 de noviembre, en la víspera de las celebraciones del aniversario del 40 aniversario de la Revolución Bolchevique, un cohete sacaba de la atmósfera terrestre a Laika en el interior del Sputnik 2. Lo más cruel del asunto es que su muerte no fue del todo un accidente: no estaba previsto su regreso a la Tierra y, aunque se esperaba que permaneciera en el espacio una semana, hace unos años se conoció que el pobre animal murió pocas horas después del lanzamiento.

Había sido encontrada vagando por las calles de Moscú. Los científicos soviéticos optaron por utilizar para estos experimentos perros callejeros, porque asumían que estos animales ya habían aprendido a soportar las condiciones extremas de frío y de hambre. Laika, cuyo nombre original era Kudryavka, pesaba unos 6 kilos y viajaba en una cabina presurizada del tamaño de una lavadora, separada del resto de la nave. El habitáculo estaba acolchado y le permitía estar acostada o en pie. En principio, un sistema regenerador de aire debería proveerle de oxígeno; y la comida y el agua se encontraba en forma de gelatina.

Sin embargo, las altas temperaturas a las que se enfrentó dentro de la cabina y el estrés hicieron que su corazón se detuviera. El cohete no se había fabricado en las mejores condiciones, y especialmente su sistema de aislamiento térmico era evidentemente falible. La causa es que se había acelerado su construcción para que la fecha del lanzamiento coincidiera con las celebraciones revolucionarias de la Unión Soviética. Las estrategias propagandísticas en la carrera espacial, en el marco de la Guerra Fría entre esta potencia y Estados Unidos, lo eran todo. Y por aquella época, el bloque comunista llevaba ventaja.

Laika estaba sujeta con un arnés, una bolsa recogía los excrementos, y unos electrodos monitorizaban las señales vitales. Un primer informe indicó que, pese a que estaba agitada, seguía comiendo, pero como no había posibilidad de retorno a la Tierra, se planeó sacrificarla después de 10 días en órbita. Sin embargo, en octubre de 2002 se reveló que la perra había muerto a las pocas horas. Su sacrificio dejó para la posteridad los primeros datos del comportamiento de un organismo vivo en el medio espacial.

Beatriz de Vera
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