Daniel Meza

Editor Jefe

Y si no vivimos en Chile, ¿qué hacemos con el plástico? [OPINIÓN]

Regálale al planeta un minuto de tu vida y detente a reflexionar. Más aun si es que este domingo por la mañana regresas del súper o del mercado más cercano y te detienes a leer este artículo. Piensa en todas las bolsas de plástico que usaste para traer tus alimentos de la semana, o piensa en el plástico de esas bananas o tangelos ya empaquetados. ¿Cuántas veces vuelves a usar esas bolsas? ¿La reciclas? ¿La deshechas rápidamente? ¿O la vuelves a usar? ¿Haces el ejercicio de, una vez que cumple su vida útil, separarla de los desperdicios orgánicos? Durante las compras, ¿Te sentiste acalorad@ y compraste un refresco en botella de plástico para calmar la sed? ¿Usaste un/a popote, pajita, pitillo o cañita para bebértelo?

Repasa cada uno de tus actos y piensa, ahora, en que todo ese plástico que no usamos y reciclamos de forma adecuada va a tomarle 400 años en desaparecer o biodegradarse, y en ese tiempo, va a infiltrarse en los ecosistemas y cadenas alimenticias de cientos de especies marinas que verán perturbados sus ciclos biológicos, ingerirán partículas del material y muy probablemente vuelvan a tu mesa, si no eres tan afortunado. De acuerdo a un reporte lanzado en el Foro Económico Mundial hace poco, si no paramos con esta dinámica irracional, podríamos llegar a tener más plástico que peces en el mar en el 2050.

Cada año 8 millones de toneladas de plástico acaban en nuestros océanos, alcanzando ya una cifra actual de 150 millones de toneladas de plástico, de las cuales 250.000 toneladas flotan como 5 billones de partículas en la superficie. Estos son, tristemente, algunos de los datos que nos permiten ver que estamos cerca de afrontar un apocalipsis plástico que en definitiva queremos evitar. 

Al momento, algunos países como Chile, Colombia, Panamá o Antigua y Barbuda (y en el mundo, la propia Unión Europea) ya se han propuesto disminuir o regular esta lógica en la que muchos aun estamos envueltos sin sospechar todo el daño que ocasiona. Pero… ¿qué hacemos si no vivimos en esos países y nuestros gobiernos no nos indican el camino adecuado?

Sencillo: generar un impacto a partir de un cambio propio, actuar a nivel personal. Y por qué no, en el camino, ahorrarnos un poco de dinero para darle un mejor uso posterior. 

Primer consejo: emplea una o más bolsas de tela para tus alimentos y deja de lado el plástico. Usa el siempre útil carrito con bolsa de tela si es que no lo estás haciendo. Por otro lado, no será un esfuerzo sobrehumano acostumbrarse a destinar otra bolsa de tela para el pan por las mañanas. Si eres perspicaz, notarás que todo esto puede serte útil también para evitar comprar alimentos orgánicos o a granel embolsados con precio fijo, ya que tú mismo controlarías el costo y no tendrías que pagar adicionalmente la marca del producto. Por si fuera poco, en algunos países las bolsas de plástico cuestan dinero, por lo que estarías matando dos pájaros de un tiro: cuidarías el planeta y suprimirías un gasto innecesario.

Segundo, si sabes que estarás sediento en algún momento de tu rutina lleva contigo un termo o una botella durable que puedas llenar de agua desde un filtro, desde un hervidor en la oficina, o desde el mismo grifo, si es que en tu país o ciudad el agua del grifo es recomendada y no tiene advertencias de daños para la salud. En ciertas ciudades, universidades y gimnasios también se provee agua purificada de forma libre, así que no hay mejor excusa para dejar de gastar dinero en bebidas embotelladas. 

Tres: si no comes en casa a menudo, puedes hacer un espacio en tu maletín, mochila o bolso a los cubiertos de metal. El comprar alimentos para llevar que traen cubiertos de plástico o peor aún, comprar tus propios cubiertos de plástico para no tener que lavar generan un doble daño: uno a tu bolsillo, y otro medioambiental. Rechaza amablemente los popotes, pajita, pitillo o cañita (que rara vez son imprescindibles) y si no puedes evitar usarlos, da preferencia a los negocios que emplean alternativas biodegradables. 

Si nuestros gobiernos tardan en seguirle el ejemplo a iniciativas como las de Chile o Colombia, podemos, al mismo tiempo de exigirles medidas, ir aprovechando el tiempo con un cambio personal. Hazle un favor al planeta y a tu bolsillo, y mejor aún, ayúdanos a que esto crezca compartiendo este mensaje.

Daniel Meza
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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