Creado para servir

La inteligencia artificial, acaso la última invención del ser humano. Una dicotomía con ciertos paralelos con la de la saga cinematográfica de Alien, cuyo episodio más reciente “Alien Covenant” se estrena esta semana. Como en anteriores entregas, “Covenant” incluye a un androide —o persona artificial, como prefieren ser llamados en este universo estas creaciones— entre sus personajes. Este es una versión actualizada de “David” (el androide protagonista de la anterior película, “Prometeo”), bautizada esta vez como “Walter”. El portal ficticio meetwalter.com —creado por los estudios Fox para marketear la película— no solo permite simular una reserva de un “Walter”, sino que además da algunos detalles técnicos de la constitución del androide y de la inteligencia artificial (IA) que lo ampara, bajo el eslogan de “Creado para servir”. ¿Existe en la actualidad la tecnología que compone a Walter? ¿Qué aplicaciones actuales tiene o cuáles son los avances científicos que permiten vislumbrarlas? ¿Sería factible de ser construido?

Pensar como un humano

La primera característica de la que se jacta Walter (o mejor dicho, sus fabricantes, pues se supone que Walter por defecto carece de ego) es su procesamiento cognitivo. Esta es una herramienta que enriquece las plataformas de IA con modos de pensar que imitan al humano pero que son capaces de superarlo en eficiencia y antelación. Con ello, Walter no solo te organiza el día: se vuelve por poco un guía para la vida, analizando ventajas y desventajas y previendo consecuencias que uno puede considerar a la hora de tomar decisiones, triviales o vitales, no importa.

 El procesamiento cognitivo requiere de sistemas de autoaprendizaje que empleen data mining (minería de datos, un campo estadístico empleado en este terreno en la detección de patrones y situaciones típicas mediante el análisis de un conjunto masivo de información, data), así como reconocimiento de patrones y procesamiento de lenguaje natural, a fin de imitar de forma fiel la manera en que pensamos los humanos. Estas son tecnologías que ya existen asociadas o independientemente una de la otra. Ejemplos claros son DeepDream, el algoritmo de procesamiento de imágenes de Google, que no solo reconoce patrones para la identificación de fotos sino que además crea alucinantes imágenes cuando es alimentado con dichos patrones. Por otro lado, el procesamiento de lenguaje natural, que media entre la IA y la expresión lingüística de los humanos, tiene en el reconocimiento de la voz de los asistentes personales en smarthpones (Siri, Google Assistant, Bixby, Alexa, entre otros) su campo más explotado comercialmente, a fin de reconocer los comandos de voz de los usuarios en contexto y dar con la interpretación más cercana a la intención del emisor del mensaje. No todas han sido historias felices en este terreno: el bot de procesamiento de lenguaje natural, diseñado para chatear por Microsoft, bautizado Tay, tomó como biblioteca para su aprendizaje los discursos de diversos, miles de usuarios, que halló en Twitter. Pocas horas le bastaron para construirse una voz a partir de ello, que dejaba en claro sus inclinaciones racistas e intransigentes a través de las conversaciones que entabló con diferentes internautas que se interesaron por interactuar con Tay, a la que tuvieron que dar de baja rápidamente.

Y es que este es un proceso en el cual, también, interviene la subjetividad y la capacidad de empatía, inteligencia emocional de la cual aún la IA, y Walter con ella, carecen. ¿O no?

De acuerdo con su fabricante, Walter sí cuenta con inteligencia emocional, pues a pesar de no tener necesidades, urgencias, o expectativas sociales, cumple funciones que tiene relación con la predicción del comportamiento humano y debe realizar tareas que se ajusten de la mejor forma a las necesidades de quienes lo rodean (“creado para servir”, ¿recuerdas?). Para, por ejemplo, reconocer expresiones faciales micro-expresivas, Walter emplea “intuición de ingeniería por AMD Radeon Instinct”. Sí, la firma de procesadores gráficos es partner en la campaña publicitaria de la película y en palabra del cineasta y padre del universo Alien, Ridley Scott, “En AMD, tenemos un socio a la vanguardia en el desarrollo y la implementación de tecnologías artificialmente inteligentes, mostrando donde el futuro de la IA bien podría estar encabezando". Su iniciativa Instinct está dedicada al desarrollo de productos para plataformas de inteligencia artificial y ya ha lanzado el año pasado tres aceleradores gráficos, el más poderoso con capacidad de 12,5 TFLOPS en operaciones de 32-bits. No suena descabellado que este prototipo de cerebro dedicado al procesamiento gráfico sea empleado por Walter para entender el lenguaje corporal y gestual y analizarlo conjuntamente al discurso del interlocutor, para así hacerse una idea más completa todos los aspectos de su interacción.

Un compañero personalizado único

Otro de los rasgos de Walter es su compatibilidad biosocial: “Equipado con la tecnología Ryzen [una línea de microprocesadores de Radeon, que incluye predicción de redes neurales] y Radeon Instinct de AMD, cada Walter está ajustado a tu sello biosocial específico: un compañero personalizado tan único como tú”. Mejor dicho: el chip que supuestamente usa Walter ya se puede adquirir y como característica de IA, ofrece a mecanismos que preparan al procesador para abordar la carga de trabajo a través de aplicaciones de la manera más eficiente, así como una verdadera red neuronal que crea un mapa temporal de cómo sus programas utilizan la CPU y prepara y elige las vías de procesamiento más rápidas para las exigencias de las aplicaciones en uso. Actualmente, el chip más poderoso de la línea, el Ryzen 1800X, cuesta unos US$ 500, US$600 menos que su rival en Intel, el Core i7-6900K.

Un banco genético del ser humano

Sobre el tema biológico, genético en este caso, la publicidad de Walter da más pistas. “Es necesario [sic] una entrevista de emparejamiento y revisión del ADN. Clientes con anormalidades genéticas podrían no cumplir los requisitos para su certificación de seguridad. No hay reembolsos después de la impresión de consciencia. El incumplimiento de pagos los hará perder sus derechos de ADN a perpetuidad”, se puede leer en letras pequeñas en el video de YouTube en que se promociona a Walter, mostrando una sala de entrevistas entre potenciales compradores y unidades del androide, interactuando quizás para determinar y regular los grados de afinidad entre dueños y androides, mejorando así la experiencia. Se sugiere con ello que Walter es customizable o personalizable, de acuerdo a la genética del comprador. Una expresión de la oscura agenda de la corporación Weyland-Yutani, responsable de la fabricación del androide (y de las misiones espaciales que buscaron convertir a los monstruosos xenomorfos en la saga de Alien en armamento militar). Un androide que sea un banco genético nuestro, que nos almacene y ¿replique después de la muerte?

Con sistemas médicos autónomos y piel regenerativa, Walter es un compañero nada demandante en su mantenimiento. ¿Algo se le acerca en la actualidad? En la última década se ha venido experimentando con el injerto de tejidos bioartificiales musculares con propiedades autoregenerativas, aunque hasta el momento no se han presentado aplicaciones prácticas. Por otro lado, la experimentación con células madre ha mostrado frutos más tangibles en esta línea, con un embrión artificial de ratón desarrollado en marzo último enteramente a partir de estas células, ampliando las posibilidades de su uso en el (re)generación de tejido.

En última instancia, la publicidad de Walter deja en claro que te servirá de la mejor forma, pero no explica qué pasará con él cuando mueras. El libre albedrío, la moral y la ética de Walter más allá de su misión comercial son inciertas. Un problema desde ya debatido por los desarrolladores de IA, quienes de seguro no dejarán de echar un ojo a “Covenant” y el papel que para el futuro de la humanidad jueguen Walter y David.

Hans Huerto

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