El oso perezoso

¿Por qué este mamífero de movimientos lentos es tan único?

flickr / Biodiversity Heritage Library

Los osos perezosos habitan los bosques tropicales del centro y sur de América y rinden honor absoluto a su nombre. Estos animales, más o menos del tamaño de un gato, se “arrastran” lentamente por los árboles del mismo modo que su pariente extinto, los megaterios. Un ejemplar del antepasado, de dimensiones elefantescas, se movía pausadamente por el suelo.

Los osos perezosos pertenecen al suborden Folivora, en latín “come hojas”. Efectivamente, estos mamíferos se alimentan de hojas y brotes de árboles. Esta dieta de pocas calorías determina su estilo de vida “perezoso” como un modo de preservar energía. Los osos perezosos tienen un metabolismo lento y una relativa baja temperatura corporal. Además, sus músculos están menos desarrollados que en otros mamíferos de similar tamaño, por eso se mueven tan lento y, en realidad, solo lo hacen en caso de necesidad. Estos animales ahorran energía hasta en la búsqueda de alimento. Para ellos, basta con estirar sus largas patas para recoger hojas de los árboles vecinos. No solo sus movimientos son “perezosos”, también lo es su organismo: presentan una circulación sanguínea baja y respiración lenta, y su sistema digestivo puede tardar hasta un mes en asimilar su almuerzo.


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Los perezosos están bien adaptados a la vida en las ramas de los árboles. Como viven colgados boca abajo, el pelaje les crece en “sentido contrario”, es decir, en dirección de abdomen a espalda, y de las extremidades hacia el centro. De este modo, los perezosos están mejor protegidos de los aguaceros: su pelaje es prácticamente impenetrable por la lluvia. Sus órganos internos también están adaptados para vivir de cabeza, el hígado está fijado en la espalda y se ubica debajo del estómago. Así, este órgano de gran tamaño y peso no presiona los órganos digestivos ni tampoco el corazón ni los pulmones. Pasan, además, buena parte de sus vidas enganchados en las ramas gracias a sus poderosas uñas curvas. Llevan una vida simple: “procesan” las hojas de un árbol y luego buscan el próximo, siempre con calma. 


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En el caso de los osos perezosos, la lentitud es una ventaja. La inmovilidad los protege muy bien de sus depredadores: jaguares, ocelotes y águila harpía. Los perezosos desarrollaron un efectivo camuflaje como medida de protección adicional. Sus días los pasan con tan poco movimiento que unas algas microscópicas no tienen problemas en habitar su pelaje y otorgarle un color verdoso, mimetizando al animal con el follaje. Además de protección, las algas sirven de suplemento alimenticio para la dieta, más bien pobre, del perezoso: a diferencia de las hojas de los árboles, las algas son fáciles de digerir y tienen muchas sustancias nutritivas. A parte de las algas, los perezosos llevan a cuestas numerosos insectos, y tienen simbiosis con polillas de la familia Cryptoses, las cuales proveen de nutrientes a las algas “protectoras”.


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Los perezosos pueden sentirse bastante seguros en los árboles, pero son completamente indefensos cuando están en el suelo. Sus patas no están hechas para caminar, por lo que se ven forzados a arrastrarse, clavando sus uñas en la tierra para jalar su cuerpo. Por ello, tratan de evitar lo más posible descender de los árboles, y lo hacen solo para orinar, defecar y, eventualmente, buscar pareja. Tal descenso es realizado solo una vez por semana. Su vejiga está adaptada a este ritmo y puede almacenar hasta un litro de orina y expandirse hasta la altura del diafragma. Sin embargo, no queda del todo claro por qué el perezoso se expone al peligro por razones higiénicas (no resulta imposible imaginar que se “alivie” colgado desde una rama). Una de las hipótesis sostiene que toma ese riesgo para proveer a sus simbiontes, las polillas, un ambiente adecuado para la reproducción. Una vez en tierra, las hembras de las polillas depositan sus huevos en las heces del perezoso y las larvas se alimentan de este medio hasta crecer y habitar el pelaje del animal.


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Sorprendentemente, los osos perezosos son grandes nadadores: pueden atravesar ríos. Sus parientes prehistóricos, los megaterios, podían nadar desde América Central hasta las Islas Antillas, una distancia que puede alcanzar desde los 77 km hasta los 200 km dependiendo de la orilla elegida para iniciar o terminar la travesía.

Actualmente, en el mundo existen dos familias de osos perezosos: los de dos dedos (Megalonychidae) y los de tres dedos (Bradypodidae). Ambos tienen tres dedos en las patas traseras, con diferencia en las delanteras. Hace 10 a 12 mil años atrás, en el mismo hábitat de los perezosos actuales, vivieron un osos perezosos gigantes que también se alimentaban de las hojas de los árboles, aunque vivía en tierra. Los más grandes de ellos, los Megatherium y los Eremotherium, tenían el tamaño de un elefante. Su altura alcanzaba los 6 m y pesaban cerca de 3 a 4 toneladas. Los perezosos gigantes comían las hojas de los árboles, parándose en sus patas traseras y apoyándose en su cola. El norte de América fue habitado por unos perezosos de menor tamaño, los Nothrotheriops, de unos 3 m.


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Los científicos todavía siguen debatiendo las causas de la extinción de los perezosos gigantes. Una versión propone que fueron cazados por el hombre, que llegó al continente americano poco tiempo antes de su extinción (vaya coincidencia). Nos es difícil imaginar el entusiasmo de los primeros habitantes de América: los grandes megaterios eran un presa relativamente fácil de obtener. Esta teoría se sostiene en el hecho de que los perezosos de las Islas Antillas murieron mucho después que los de tierra firme. Otros investigadores proponen que el cambio climático tuvo un rol preponderante en la desaparición de los perezosos, sumando la desaparición de su hábitat a la teoría de la caza del hombre.


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Representación del Megatherium americanum / por Robert Bruce Horsfall

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Catalina Rusakova

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