La amenaza de la inteligencia artificial no es Skynet

Será, dicen las cifras y expertos, una revolución equiparable a la industrial o la de las computadoras. O peor. 

La revolución de la inteligencia artificial traería el próximo gran cambio en la economía mundial.
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El futuro de la inteligencia artificial (IA) no será, al menos no el más cercano, el de Skynet (Terminator) tomando consciencia de sí misma, y amenazando exterminar a la raza humana con su propio armamento. Pero no por ello estará exento de problemas graves y desbarajustes. La llegada de la inteligencia artificial, tímida hace ya unas décadas en el invierno de la IA, y con mayor convicción en los últimos tiempos será, dicen las cifras y expertos, una revolución equiparable a la industrial o la de las computadoras. O peor. 

La irrupción de la IA (deep learning, machine learning, computer vision, etc), ya experimentada en varios rubros, se dejará sentir no solamente en los laboratorios, estudios, talleres, y las facilidades otorgadas a millones de usuarios y compañías. El impacto social sería tal que la economía mundial se vería severamente trastocada, la desigual distribución de la riqueza enraizada, y muy probablemente, habrá que repensar la organización geopolítica mundial. 

“Estamos ante la mayor revolución desde la introducción de la electricidad hace 100 años; no veo ningún sector que no se vaya a transformar a mediano plazo”, simplifica Andrew Ng, célebre científico de la computación, gerente de Baidu y catedrático en la Universidad de Standford. 

La advertencia tiene asidero, y podemos darnos cuenta al revisar ciertas cifras: el 57% de los empleos actuales en países de la OCDE están en riesgo de desaparecer como consecuencia del auge de la IA (big data y del machine learning), según un estudio de la Universidad de Oxford. El rubro solo crece a 55% anualmente, desde el 2012, según Accenture, y la financiación de proyectos en este campo se ha multiplicado casi 9 veces desde aquel año. 

Según un libro referencia en el estudio de IA, Superinteligencia: caminos, peligros, estrategias (Stephen Cave), hay un 90% de posibilidades de que entre 2075 y 2090 las máquinas sean tan inteligentes como los humanos. Los ingresos de las compañías que apuesten por la IA serán de 47.000 millones hacia el 2020 (el año pasado solo fueron 8.000), según un estudio de International Data Corporation. No es ni parece poco. 

Más que robots


Este no será el futuro; hay temas más urgentes.
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Despójate de todo lo que te ha venido sugiriendo la ciencia ficción, y sitúate en la realidad. Es altamente probable que ya hayas usado a la IA, y que muchos de tus actos de alguna forma tengan que ver con ella. Cuando revisas tu muro de Facebook, por ejemplo, ella arroja noticias que entiende coinciden con tus intereses a partir de lo que revisas y a lo que reaccionas o compartes. Si le diste un me gusta a una página de bromas de fútbol e ingresas a ella habitualmente para revisar sus últimos posts, estos aparecerán más frecuentemente en tu timeline. Si lo tuyo son las noticias de moda, o la física cuántica, pues se te sugerirá más contenido de esto o aquello. Netflix hace lo propio con el tipo de películas que estima, basado en tu historial de películas, preferirás. Así también Google o Amazon, los que nos servirán anuncios publicitarios sobre nuestros artículos o temas predilectos. 

Comprender el entorno que nos rodea, extraer y analizar datos, razonar y tomar decisiones autónomas. “Una hoja de cálculo extremadamente rápida que puede manejar una gran cantidad de datos, siendo capaz de superar a los seres humanos en tareas determinadas”, lo define Kai Fu-Lee, presidente del Instituto de Inteligencia Artificial de Sinovation Ventures, una firma de capital de riesgo que está haciendo serias apuestas por este campo. 

Una capacidad ciertamente impresionante, tomando en cuenta que hasta hace poco se creía que procesos de este tipo eran exclusivos del ser humano, algo que nos hacía superiores al resto de seres vivos sobre la faz de la tierra. Aun así, la inteligencia artificial que nos acompaña hoy es para el científico de Google Greg Corrado, la más rudimentaria, o “los últimos ordenadores estúpidos”. Aún estamos, cree el experto, por ver a la IA más poderosa. 

Tu competencia será una máquina

Entre algunos de los ya incontables rubros que la inteligencia artificial ya supera al hombre están, aleatoriamente, los autos sin chofer (Uber, Waimo, Baidu), los algoritmos de redes sociales, los asistentes personales (Siri, Cortana, Google Now), los traductores y lectores de labios, los algoritmos que hacen diagnósticos de enfermedades (por ejemplo, una red neuronal que detecta el cáncer pulmonar sin caer en falsos positivos), aquellos que aprenden a dominar juegos de estrategia (póker, Go), aquellos que aprenden a superar videojuegos de estrategia (Star Craft), otros que pueden en segundos crear pinturas inspiradas en artistas clásicos a partir de fotos (Prisma), responder a rápidamente a cuestionarios en lenguaje natural (IBM Watson) o aquellos que pueden predecir con alto nivel de porcentaje de fiabilidad procesos complejos, como un juicio de derechos humanos. Los bancos también usan la inteligencia artificial para analizar las historias de préstamos del sujeto a quien se le confiará dinero, con el fin de maximizar ganancias (en el mundo financiero a esto se le llama fintech). Y por si fuera poco el conglomerado mediático Tronc (Chicago Tribune, Los Angeles Times, Orlando Sentinel) también apunta a reemplazar algunos servicios periodísticos con IA. 

A pesar de la complejidad de lo que son capaces (como la hazaña de AlphaGo o Watson ganando el concurso de TV Jeopardy!), el riesgo de que estas dejen de depender del hombre es, por el momento, lejano. Pero aquello no nos ha librado de un impacto más urgente y tangible que expertos no solo de la tecnología, sino del rubro económico, se esmeran en notar. 

La IA dará una nueva forma al significado del trabajo y de cómo se genera la riqueza, y esto producirá desigualdades económicas sin precedentes e incluso alterará el equilibrio mundial del poder, estima Lee, en una columna para el New York Times. No será, como en anteriores momentos, cuestión de reemplazar trabajos rústicos por nuevos de cierta especialización (escritor de papel por uno de máquina de escribir, o funcionarios por funcionarios con computadora). Lo que vendría es una aniquilación masiva de infinidad de puestos de trabajo, donde la mayoría serán los trabajos de menor paga como los choferes, repartidores de delivery, obreros de construcción, cajeros, o atención al cliente y algunos de buena paga como abogados o médicos, aunque estos últimos en un plazo mayor. Todos, eventualmente se convertirán en sus versiones robotizadas, basados en cada vez más sofisticados algoritmos, y dependientes de cada vez menos personas de carne y hueso. 

Un problema social sin solución conocida

Todo apunta a que habrá cantidades increíbles de trabajos perdidos. Si  la contribución de la inteligencia artificial en la transformación de la sociedad será 3.000 veces superior a la Revolución Industrial, como asegura Mckinsey Global Institute, ¿cómo será el impacto en la distribución del trabajo y la riqueza?

“La amenaza de la inteligencia artificial no es Skynet: es el fin de la clase media”, titula Wired sobre una conferencia privada celebrada en Asilomar, EEUU, donde a inicios del año, los gurús de la IA se reunieron en privado a discutir temas éticos frente al acelerado desarrollo de las máquinas inteligentes. 

Lee plantea que, la riqueza concentrada podría al mismo tiempo ser la solución a la ola de desempleos que se viene. Programas de bienestar, devenidos de políticas keynesianas, aprovecharían un razonable incremento del impuesto a los ricos. Algo con lo que Stephen Cave, filósofo y profesor de Cambridge y director del Centro Leverlhume para el Futuro de la Inteligencia, discrepa. Para él, aquellos que serán desplazados por máquinas no solo sufrirán por la falta de dinero, sino que también “se sentirán inútiles, un golpe a la autoestima que no será solucionado necesariamente con rentas básicas”. 

Por otro lado, si la mano invisible del mercado ha funcionado solo para algunos y ha enviado a las calles a millones de descontentos en tiempos actuales, es inevitable no imaginarse un escenario siniestro en tiempos por venir.

Estados Unidos y China, países que han tomado la delantera en el desarrollo y aplicación de la IA, serían quienes indefectiblemente dominen los mercados, mientras que a las economías restantes, o la nueva periferia, no les quedaría mayor remedio que aceptar los servicios de IA que estos ofrecen, nutriendo sus portentosas ganancias y aceptando los programas sociales que puedan ‘chorrear’ de las grandes transacciones. 

Todas las naciones en el mundo padecerán de alguna forma los efectos del avance de la inteligencia artificial, y es necesario repensar la desigualdad mundial, así como plantearse soluciones. ¿Será las políticas de bienestar el paliativo? No lo sabemos. 

Mucho menos si darle crédito a Elon Musk, quien cree que apremiados por la evolución veloz de las máquinas, es necesario competir con ellas transformándonos en híbridos, o cyborgs, para lo que ha creado Neuralink. O ser algo fatalistas, como el profesor Stephen Hawking, quien el año pasado dijo que la IA sería el último gran evento de la humanidad (a menos que evitemos los riesgos). Peter Frase incluso va más allá: imagina, en su libro Cuatro Futuros, un mundo en que las hordas desempleadas por la automatización, convertidas en un problema para los ricos, enfrentarán una suerte de holocausto futuro al que llama ‘exterminismo’.  

El problema no será, como cree el pensador Matt Bruenig, la automatización misma. Esta es, en esencia, una solución a una serie de problemas. El problema será que esta solamente sea poseída por los ricos, lo que significará que quede demasiado poco para el resto. 

Solo hoy, los 8 hombres más ricos del mundo poseen lo mismo que la mitad de toda la humanidad. ¿Cómo será cuando lleguen los robots superinteligentes? La automatización será buena si es que hay una distribución adecuada. Acaso entonces, quedará tomar en cuenta aquellas ideas que pregonan que la riqueza debe ser para muchos y no para unos pocos. O dejar que el capitalismo de las máquinas acabe con nosotros.
 

Daniel Meza
Editor Jefe de N + 1

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