La sangre falsa en el cine

La química y recetas detrás del elemento clave del género terror

Evil Dead (1981).

Este 31 de octubre te disfrazarás para una fiesta o para pedir dulces en la calle, emulando figuras del cine de horror como Jason Voorhees o Michael Myers; si lo tuyo es la diversión casera, emprenderás una maratón de filmes de terror en que la sangre a raudales no extrañará como plato de fondo. Sea como sea, si Halloween es una festividad que te gusta celebrar de alguna manera, debes saber cómo replicar la sangre falsa o en qué consiste la que ves en tus pesadillas cinematográficas preferidas.

Y la ciencia llega a tu rescate para ello.

La Sociedad Americana de Química (ACS, por sus siglas en inglés) ha publicado una recopilación de las fórmulas más célebres utilizadas en el cine para imitar a nuestro fluido vital, a fin de dar con la que se acerque más en apariencia, viscosidad y consistencia.

Digamos que desde la química, uno de los principales componentes a imitar es la proteína llamada hemoglobina, ingrediente central de la sangre cuyas moléculas, con el hierro en su núcleo, transportan oxígeno (la función de la sangre no es solo ajustarte, sino más bien oxigenar tus tejidos, ¿recuerdas?). Así las cosas, la hemoglobina se enlaza con el oxígeno para transportarlo y ello es lo que determina la intensidad de su color, mientras más oxigenada la sangre, más roja y brillante se verá.

El primer intento de recrear sangre con fines dramáticos, señala la ACS, data de inicios del siglo pasado, cuando en el Teatro Grand Guignol (París, Francia) se presentó una obra particularmente violenta y sangrienta. Se trataba de una mezcla calentada de carmín (el compuesto cosmético carmesí, en pasta, que se extrae del insecto conocido como cochinilla, para la fabricación de labiales, por ejemplo) y glicerina, un fluido más bien viscoso a partir del alcohol. Ya en los años 40s, el teatro añadió a su mezcla la metilcelulosa, un compuesto natural extraído de plantas que actualmente empleamos para gotas oftálmicas, para añadir aún más viscosidad por su carácter hidrofílico (encapsula las moléculas de agua a su alrededor).

La memorable y chocante muerte del personaje de Janet Leigh en Psicosis.

Los inicios del cine presentaron nuevos retos para la invención de nuevas recetas de sangre falsa, más aún cuando los primeros años del séptimo arte fueron en blanco y negro. Alfred Hitchcock, en su opus magna de 1960, Psicosis, empleó jarabe de chocolate para crear un contraste lo suficientemente llamativo para espantar audiencias en su baño de sangre al interior de una ducha (George A. Romero, figura central del cine gore, también usó este elemento en su clásico de 1968 La noche de los muertos vivientes).

 

Christopher Lee, también memorable por su caracterización de Drácula en el cine, es aquí la Criatura, inventada por el barón Frankenstein.

El cine de color exigió desarrollar nuevas recetas. La maldición de Frankenstein de 1957 (con el recordado Peter Cushing como el barón Victor Frankenstein, décadas antes de ser el general del Imperio Galáctico Gran Moff Tarkin en la saga de La Guerra de las Galaxias) empleó la receta ampliamente extendida en la industria del cine conocida como Kensington Gore: lleva jarabe de caramelo, agua tibia, colorante de comidas (no preguntes el color) y maicena, para añadir opacidad al mejunje. La naturaleza azucarada del compuesto llevó a muchos protagonistas de los filmes, expuestos intensamente a esta sangre falsa, a convertirse en paletas humanas cada vez que el fluido se les iba secando en la ropa o en la piel.

 

Ash, en uno de sus enfrentamientos contra una entidad maligna en la saga de Evil Dead.


Una receta similar fue la empleada por el cineasta Sam Raimi, quien 20 años antes de dirigir la trilogía de Spider-Man protagonizada por Tobey Maguire, se las daba más bien como mandamás en el set Evildead o Posesión infernal, como también se le conoció en castellano. LA fórmula Raimi consistía en (toma nota, que la puedes recrear en casa):

-2,8 l de jarabe de maíz (esa melaza espesa y transparente creada a partir del almidón del grano, para endulzar comidas, conocida también como jarabe de glucosa o glucomiel)

-dos tazas de sustituto de crema (el polvillo blanco que reemplaza la crema láctea en tu café, a base de grasas vegetales, y que se encuentra en el supermercado comercialmente con nombres como Cremora)

-0,5 l de colorante para comidas (¿necesitamos decir de qué color?)

- 1 gota de colorante azul

Mézclalo todo muy bien y listo.

 

Un descuartizador de mujeres busca reunir las partes anatómicas necesarias para revivir a una ancestral deidad egipcia en Blood Feast.

Blood Feast (o Festín de sangre), un clásico del género cultivado por Romero, dirigida por Herschelle Gordon Lewis, mostró, como sugiere su título, importantes cantidades de sangre en pantalla. Esta estuvo compuesta de tinte rojo y de subsalicilato de bismuto, entonces conocido comercialmente como kaopectato, remedio contra la diarrea y acidez, y que hoy se nos vende como Pepto-bismol.

 

La horrorizada madre de Reagan ve cómo el mal va tomando posesión de su pequeña en la laureada película de Friedkin.

Tan solo 10 años después de Blood Feast, ya en 1973, el perturbador clásico del horror El Exorcista nos mostraba la pesadilla de Reagan, una niña que se ve secuestrada por un centenario demonio. Además de la recordada y chocante escena del vómito del personaje interpretado por Linda Blair, el largometraje de William Friedkin (hasta ese entonces más bien conocido por sus trabajos cinematográficos en la comedia) contenía rodaje salpicado con algunos litros de sangre. La mezcla incluyó, al igual que varias de las mencionadas, jarabe de maíz y colorante, a los que se añadió metilparabenos (fluido conservante ampliamente empleado en la industria alimentaria y cosmética) para extender el tiempo de vida del compuesto; y un humectante fotográfico comercial, con que se bañaba a las fotografías al final del revelado, para reducir sobre ellas las marcas de agua (a la que se les tenía que exponer para lavar los químicos del revelado). Al contener un 30% de propilenglicol, un derivado del alcohol, el compuesto podía irritar la piel y mucosas y de ninguna manera era comestible. Pero por su capacidad para hacer que los líquidos fluyeran con mayor rapidez, se le empleó en esta fórmula, a fin de que los chorros de sangre en el filme se lucieran naturales en la pantalla.

Y tú, ¿cuál de estas sangres escogerás para esta Noche de brujas?

Hans Huerto

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