La última palabra sobre los primeros americanos

Monte Verde, Huaca Prieta y otros hallazgos que sepultaron al consenso Clovis

A inicios de este mes, la comunidad científica llegó a un nuevo consenso sobre el poblamiento de América: a la luz de las evidencias, la creencia de que el hombre llegó a América por primera vez por el paso de tierra de Beringia pasó a mejor vida. Esto se ha hecho oficial a partir de que un grupo de científicos ha concluido, tras analizar todas las teorías del poblamiento de América, que los primeros americanos llegaron en bote bordeando las costas del continente a través de un canal de algas. Te explicamos, en este artículo, por qué se ha llegado a esa conclusión y  lo que se sabe sobre los humanos anteriores a la historia que todos conocemos.


Impresionante mapa de rastros humanos paralelos y previos a Clovis.
Science

Lo que dice la teoría clásica

El modelo clásico, que todos aprendimos en las escuelas, fue planteado por el arqueólogo y geólogo Caleb Vance Haynes en un artículo publicado en Science en 1964. De allí que, en un consenso generalizado, esta teoría se mantuvo como la más sólida. El modelo reza que un pequeño grupo humano, de unos cuantos miles, pasó por Beringia desde el Este de Siberia hacia Alaska durante la última gran glaciación (31.000 al 16.000 AP) antes de expandirse por el ancho de las Américas a partir de los 16.500 años atrás. En aquella área se llegó a formar un puente de tierra mayor a 1.000 km (cubriendo un área tan grande como las provincias canadienses Columbia Británica y Alberta juntas), por el que cruzaron a pie nuestros ancestros.


Piedras de los Clovis.
Kaitlyn A. Thomas et al./ Journal of Archaeological Science

Estos ancestros habrían sido nada menos que los Clovis, de quienes se creía eran los primeros pobladores de América, al ser los campeones en antigüedad en su momento. Se consolidaron como tales esencialmente gracias a dos descubrimientos. Uno, en Blackwater Draw, un arroyo intermitente cercano a Clovis, Nuevo México. Aquí, en 1932, los arqueólogos hallaron huesos animales y marfil mezclados con puntas piedra con un diseño que más tarde se repetiría en nuevos hallazgos similares en todo el territorio estadounidense y databa de 13.000 años atrás. El segundo ocurrió en 1968: en Montana, durante trabajos de construcción, se desenterró accidentalmente a un cuerpo Clovis: se trataba de un niño de 3 años que murió hace unos 12.600 años. Es el único entierro de esta cultura conocido al momento.

Esta fue, en resumen, la idea que dominó la arqueología en la segunda mitad del siglo pasado fue la que señaló a los Clovis como los primeros. Pero esta teoría no tardó en ser superada en antigüedad.

Los hallazgos que acabaron con el consenso

Monte Verde (Chile)


Vista de Monteverde y el arroyo Chinchihuapi, 2012.
Wikimedia Commons

No muy lejanos a los tiempos en que se dieron los descubrimientos de Clovis, otros arqueólogos revelaron evidencia de actividad humana en Chile de similar antigüedad, muy cerca a Puerto Montt, en Monte Verde. Todo se dio gracias a la erosión causada por el cambio artificial de dirección de un arroyo, en la década del 70, dejando a la vista grandes huesos de gonfoterios (parientes de mastodontes) que los locales guardaron.

Años más tarde, mostraron los huesos a científicos, quienes concentraron sus esfuerzos en excavar más la zona y luego sacar a la luz más carne y cuero de gonfoterios, cuerdas, estacas, maderas, gran cantidad de restos de alimentos y plantas y hasta las pisadas de un pie pequeño. Se trataba, según las pistas, de un lugar de recolectores y cazadores semisedentarios a sedentarios. Los expertos fecharon el sitio: tenía, por lo menos 14.200 años de antigüedad, mucho antes de cualquier sitio Clovis. Esto, naturalmente, llevó a muchos arqueólogos a concluir que estos últimos no fueron los primeros americanos.

Buttermilk Creek (EEUU)

Como si Monte Verde fuera poco, en la última década también aparecieron signos de pre-Clovis en EEUU. Entre los lugares pre-Clovis más convincentes sin duda está Buttermilk Creek, en el centro de Texas. Allí, los científicos hallaron entre 2006 y 2009 herramientas rudimentarias fechadas en al menos 15.500 años de antigüedad, antes incluso que los yacimientos chilenos. Los humanos antiguos habría acudido a este lugar atraídos por un clima favorable, abundancia de recursos (como agua todo el año, por ejemplo) y por otra buena razón: allí encontrarían la piedra adecuada para hacer bifaces.

Santa Rosa (EEUU)

Entre el 2008 y el 2011, una reserva de herramientas de piedra, conchas marinas y huesos de animales datados en 12.000 años de antigüedad fue encontrada en Santa Rosa, uno de las islas del Archipiélago del Norte (California, EEUU). Ninguna de ellas tenía un parecido con las puntas Clovis de tiempos paralelos en otros lugares de Norteamérica. Esto sugiere, de forma contundente, que los Clovis no eran el único grupo viviendo en Norteamérica hace 12.000 años. Se desconoce cuál era la relación entre los Clovis y este grupo. Lo que si se puede deducir, por lo encontrado, es que estos colonizadores cazaban aves como gansos y cormoranes, y posiblemente mamíferos como nutrias y focas. Asimismo, también cosechaban una variedad de mariscos, incluyendo mejillones y cangrejos. Una dieta característica de la costa, muy distinta a los Clovis, que consumían mastodontes o caballos prehistóricos.

Las Cuevas de Paisley (EEUU)

En el 2012, genetistas de la Escuela Médica de Harvard (EEUU) concluyeron que los primeros americanos llegaron desde Siberia en tres olas, luego de estudiar el ADN de 52 grupos de indígenas de todas las Américas. Una de ellas se expandió rápidamente al sur de la costa oeste en Sudamérica Central y del Sur, mientras que las otras dos se quedaron en el norte. Una letrina, hallada en las Cuevas de Paisley (en Oregon, EEUU), habría sido dejada por los humanos pertenecientes a la primera ola. La datación por radiocarbono determinó que los coprolitos (heces fosilizadas) allí encontrados tenían un pasado de 14.300 años.

El hallazgo, por obvias razones, cuestiona aún más el hecho de que los Clovis fueron los primeros pobladores americanos, sumando a esto que las herramientas halladas cerca a las heces eran bastante distintas a las puntas Clovis. Los humanos tanto de Paisley y Santa Rosa pertenecieron a grupos que se aferraron a la costa y se esparcieron hacia el sur, en concordancia con el estudio genético. Pero las herramientas son tan diferentes a los Clovis, que es difícil decir si estos últimos fueron parte de esta primera ola. Genéticamente hablando, sin embargo, se ha determinado que el niño Anzick tiene que ver con la primera ola del estudio de Harvard.

Huaca Prieta (Perú)

Vista panorámica de la Huaca Prieta, 2012.
Wikimedia Commons

Y este año, en La Libertad, a 600 km de Lima, el último golpe lo dio la Huaca Prieta. Entre 2007 y 2013, un equipo de arqueólogos de la Universidad Atlántica de Florida, realizó un análisis detallado de una diversidad artefactos encontrados en este complejo subterráneo de viviendas en la costa de Perú. En el complejo, los científicos encontraron a 30 metros bajo tierra huesos de animales, restos de chimeneas, herramientas, y restos de plantas.  Los análisis de radiocarbono de la leña y tejidos arrojaron que estos objetos arañaban los 15.000 años de antigüedad.

Los investigadores concluyeron que estos personas vivieron en campamentos temporales en zonas de humedales comiendo palta (aguacate), distintos tipos de chiles, moluscos, escualiformes (tollos), aves y leones marinos. No se hallaron redes de pescar ni harpones, porque probablemente no los necesitaban: por la noche el mar arrojaba criaturas marinas a las pozas tierra adentro y al retirarse las aguas en el día, estas quedaban atrapadas a merced de nuestros hambrientos antepasados. Los locales de estos tiempos hacen esto. Los autores creen que estos humanos no serían los primeros en la zona, a juzgar por todo lo que demostraron saber (convirtieron piedras redondas en herramientas punzocortantes para abrir conchas y cortar plantas, por ejemplo).

Dados los honores respectivos al consenso Clovis, nos queda olvidar lo aprendido y actualizar nuestros conocimientos.

Daniel Meza
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