Trabajar menos para salvar el planeta

Los beneficios para la salud y el medio ambiente de la semana de cuatro días

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Un siglo después de conseguir la reivindicación obrera de las jornadas de ocho horas, somos conscientes de que este es un sistema con fallos evidentes. Más allá de los horarios estipulados por contrato, que podemos afirmar que no se cumplen a rajatabla, están las horas extra (remuneradas, en el mejor de los casos). Según el Congreso Sindicalista (TUC por sus siglas en inglés), los trabajadores británicos realizaron 2.100 millones de horas extra no remuneradas: unos 37.400 millones de euros al año de trabajo gratis. 

Pero algo puede cambiar pronto. Fines de semana de tres días o jornadas laborales de 6 horas: por fin, nuevas reivindicaciones ponen el foco, no solo en la productividad de la empresa, solo frenada por el yugo de los Derechos Humanos, sino en el bienestar del trabajador. Y la mejora de la calidad de vida de los obreros apareja un sistema social más eficiente, más igualitario, mejor para el medio ambiente, la salud, y sí, la economía. Y no hablamos de una utopía, según David Spencer, profesor de economía de la Universidad de Leeds (Reino Unido) en este artículo de The Conversation, “la idea de trabajar menos no solo es factible, también es la base para un mejor nivel de vida. Que nos cueste aceptar esta idea es indicativo de cómo hemos llegado a aceptar el trabajo y su influencia dominante en nuestras vidas”. 

Según publica el escritor inglés Owen Jones en un artículo de The Guardian (en español en la web de eldiario.es), la medida de reducir la semana laboral a cuatro días puede “disminuir drásticamente el desempleo y la precariedad, abordar problemas de salud, desde el cansancio mental a la hipertensión, aumentar la productividad, ayudar al medioambiente, mejorar la vida familiar, potenciar que los hombres contribuyan más a las tareas domésticas y hacer más feliz a la gente”. Analizaremos a continuación cómo esta propuesta sería un bálsamo para nuestra salud y la del planeta.

Olvídate del estrés

Y de todo lo que conlleva. El estrés está asociado a un mayor riesgo de infarto y algunos estudios sugieren que incluso aumenta el riesgo de consumo excesivo de alcohol. “Los psicólogos llamamos doble presencia a esa situación tan habitual de estar físicamente en el trabajo, pero mentalmente con tus obligaciones familiares. Eso genera mucho estrés y mucho malestar, que con la jornada intensiva se puede evitar”, afirma a El País Elisa Sánchez Lozano, psicóloga y coach, y portavoz del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. El estrés cotidiano puede ser un factor crítico para restarnos horas de sueño y, de acuerdo con los Centros de Control de Enfermedades, de los EE.UU., esto se asocia con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas tales como obesidad, diabetes, presión arterial alta, enfermedades del corazón, apoplejía y angustia mental frecuente. Así que, menos estrés y más tiempo libre, más horas para beneficiarse de las bondades del sueño.

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Igual que pasa al contrario, dormir mal puede ser una causa de depresión, según el Instituto chileno del Sueño. Pero, el estrés continuado también puede desembocar en este trastorno, como afirma esta investigación publicada en la revista Nature. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es el solitario más grande causante de la discapacidad en estos tiempos. Según sus cifras, el 4% de la población mundial vive con depresión, y las mujeres, jóvenes y ancianos son los más proclives a sufrir efectos perjudiciales que merman sus capacidades. Aproximadamente 332 millones de personas sufrieron desórdenes depresivos el 2015, un incremento del 18.4% en una década, una posible consecuencia de que actualmente la gente vive más. Hasta que no se analicen los resultados de la reducción de jornada, no conoceremos si ayuda o no a reducir estos alarmantes números, pero urgen medidas que intenten reducir el estrés de la población. 

 

Adiós, baja laboral

Y por todo esto, tienes la mitad de probablidades de que no te haga falta, si no estás hasta arriba de trabajo. Y con esto no solo ganas tú, también gana tu empresa. Según el medio online El confidencial, en países como Holanda o el Reino Unido, la semana laboral de cuatro días goza de una relativa presencia entre los trabajadores de diferentes sectores profesionales y parece una tendencia al alza en Estados Unidos. Y de los 12,5 millones de días laborales que se perdieron el año pasado en el Reino Unido, casi la mitad (un 46%) fueron causados por la carga de trabajo en forma de estrés, depresión o ansiedad laboral. 

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Ahorro en sanidad

La prevención es un camino certero para reducir el derroche de las arcas públicas en cuestiones de sanidad. Más de 5.000 millones de euros al año, según la Autoridad de Salud y Seguridad en el Trabajo, es lo que le cuesta al gobierno británico el estrés laboral. 

Según la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo (AEEMT), en Europa hay más de 40 millones de personas afectadas por este problema, lo que se traduce en un coste de 20.000 millones de euros. Sin embargo, a cifras de 2012  tan sólo el 26% de las empresas había adoptado medidas para reducir su incidencia.

 

Descansas tú, respira el planeta

En el estado de Utah (EE.UU.) ha puesto a prueba la semana de cuatro días demostrando que, si el fin de semana durara más, se dejarían de encender las luces de las oficinas públicas, no se usarían ordenadores y ascensores los viernes y, por lo tanto, se gastaría menos en aire acondicionado y calefacción. Y, por supuesto, este ahorro energético no se benefician solo los ciudadanos de este estado (la reducción se estima en varios millones de dólares cada mes), también al medioambiente le gusta que trabajes menos. "Los empleados pasarían en la carretera un 20% menos de tiempo a la semana" asegura John Langmaid, editor de la revista Connecticut Law Review y uno de los principales defensores de esta medida.

Víctor Sánchez Berruezo/Unsplash

¿Menos días o menos horas?

Pero aunque tres días libres puedan parecer la panacea, la reducción semanal va aparejada en algunas propuestas a un aumento de la jornada, para compensar así el día libre. Aunque no es así en todos los casos, hay quien no defende este aumento de la jornada de ocho a 10 horas, e incluso estudios como este del Colegio Americano de Medicina Ocupacional y Ambiental (ACOEM) que afirman que más horas trabajando se relaciona con mayor riesgo cardiovascular. Quizá esta es la razón por la que la apuesta por la vida personal sueca no pasa por tener un minipuente cada semana, sino por reducir la jornada diariamente a seis horas.

Como ya te contábamos en abril, durante aproximadamente un año, las enfermeras del geriátrico de Svartedalens del país nórdico, trabajaron seis horas diarias conservando su salario anterior de 8 horas como parte de un experimento financiado por su gobierno para evaluar si una jornada de trabajo más corta puede aumentar la productividad. Aunque el proyecto pareció fracasar en un primer momento porque solo se tuvieron en cuenta los costes de ampliación de la plantilla, un análisis posterior de los datos ofrecido por Bloomberg presentó un balance mucho más esperanzador:

Los descansos que necesitaban las 68 enfermeras que trabajaban seis horas diarias eran mucho menores que las del grupo de control y tenían 2,8 veces menos probabilidades de pedir un día libre en un período de dos semanas, según cuenta Bengt Lorentzon, investigador en el estudio. El estrés laboral está detrás de muchas patologías tanto físicas como psicológicas, lo que le supone a la empresa un gran coste económico asociado al absentismo laboral, los descensos de productividad, menos dedicación o, incluso, mayor riesgo de accidentes, según la OMS. Además, las trabajadoras reportaron ser un 20% más felices y tener más energía en el trabajo y en su tiempo libre. Esto les permitió hacer un 64% más de actividades con ancianos, lo que supone un incremento directo de la productividad.

Y, por si fuera poco, es fuente de dicha. En una investigación publicada en Social Psychological and Personality Science, el equipo de científicos preguntó a unas 4.500 personas si valoran más el dinero o el tiempo para alcanzar la felicidad. Aunque el 64% declaró que prefería tener dinero, los resultados revelaron que aquellos que daban más importancia a disponer de tiempo eran, en realidad, los más felices. Como dice el economista David Spencer, "trabajar menos puede ser una medida no solo para trabajar mejor, sino también para disfrutar más de la vida".

Beatriz de Vera
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