Para salvar al submarino argentino perdido

La ciencia detrás del sumergible extraviado, su búsqueda y rescate

Misiones militares de ocho países vienen luchando contra el reloj y las extremas condiciones climáticas para dar con el submarino argentino ARA San Juan, que lleva una semana perdido.

Lo último que se supo de la nave es que había reportado un desperfecto eléctrico, por lo cual había sido ordenado desde su base a regresar. Debía recorrer una distancia de unos 2.000 km en el Atlántico Sur, desde la Ushuaia hasta Mar del Plata, donde se halla la base naval desde la que partió.

En condiciones regulares, el San Juan —en funciones desde 1985— puede pasar 90 días sin ayuda externa, en cuanto a combustible, agua, aceite y oxígeno. Solo precisa emerger a la superficie una vez al día, o cada dos o hasta tres días, para recargar baterías y aire, de acuerdo con el portavoz de la Armada argentina, Enrique Balbi, según el diario El Mundo. Caso contrario, los tripulantes cuentan con siete días de oxígeno, que se cumplen hoy.

 

La ficha del San Juan

La nave de 66 metros de eslora y 7 metros de manga tenía a bordo a 44 tripulantes, cuya última comunicación se dio a 430 kilómetros de la costa argentina de la Patagonia. La Marina argentina ha descartado que el desperfecto reportado haya tenido alguna relación con la desaparición del San Juan. El submarino, si bien con 32 años de antigüedad (excediendo en dos los de su vida útil), fue reacondicionado con nuevos motores y baterías hace cinco años. Puede soportar una presión de hasta 600 metros de profundidad, pero en este momento aún es incierto su paradero.

Una vista del San Juan frente a los destructores Almirante Brown y Sarandí, también de la Marina argentina (Wikimedia Commons).

Actualmente 13 barcos y 10 aviones concentra la búsqueda del submarino en un área de 200 kilómetros cuadrados (equivalente a más de 24.000 canchas de fútbol), pese a que el San Juan podría encontrarse en un cuadrante que completa un tamaño de unos 480.000 km cuadrados, algo así como el territorio español. Más aun, la Marina reporta que “tanto las aeronaves como los buques han soportado condiciones meteorológicas de extrema dureza, con vientos de hasta 80 kilómetros por hora, precipitaciones de distinta intensidad y olas de hasta siete metros de altura".

De ahí que la estrategia de los Estados Unidos, cuyas fuerzas ayudan en las labores de búsqueda, se haya centrado en enviar desde el puerto de Comodoro Rivadavia a cuatro sumergibles no tripulados, algo así como drones submarinos, que puedan investigar sobre el paradero del San Juan bajo el agua.

 

Cómo funciona

El San Juan tenía como principal misión en la zona la vigilancia y el combate a la pesca ilegal. Siendo un submarino, su naturaleza es la de una nave sigilosa y por tanto de difícil detección. La BBC cita a Robert Farley, un profesor de la Universidad de Kentucky (EE.UU.), especialista en el tema, para detallar que es difícil rastrear un submarino si está "descansando" en el lecho marino, pues no hace ningún "ruido": "El ruido, que de otro modo sería captado por el llamado sonar pasivo, está distorsionado y [el submarino] es detectado por el sonar activo como si fuera el fondo del mar". O sea, pasa desapercibido para un sonar.

Un submarino flota cuando el peso del agua que desplaza es igual a su propio peso, lo que crea una fuerza hacia arriba llamada fuerza de flotación, en oposición a la gravedad (que hundiría a la nave). Para controlar su flotabilidad, el submarino tiene tanques de lastre y tanques auxiliares o de compensación, que llena con agua o aire, dependiendo del movimiento que se quiera logar. Cuando el submarino está en la superficie, los tanques de lastre se llenan de aire y la densidad total del submarino es menor que la del agua circundante. A medida que el submarino se sumerge, los tanques de lastre se inundan con agua y el aire en los tanques de lastre se ventila desde el submarino hasta que su densidad total es mayor que el agua circundante y el submarino comienza a hundirse (flotabilidad negativa).

Claro está, a fin de emerger nuevamente a la superficie, el submarino conserva una reserva de aire comprimido en tanques, no solo para volver a flotar sino también como soporte vital para su tripulación. En situaciones regulares, el personal a bordo respira oxígeno que se va produciendo en el mismo barco a través de plantas de electrólisis, que procesan el agua de mar y que mediante electricidad descomponen el líquido en hidrógeno y oxígeno.

 

El último aliento

Pero ahí no queda todo. Pensemos en la composición del aire en una atmósfera regular: el 78% es nitrógeno, tan solo 21%, oxígeno, y el resto es argón y dióxido de carbono.

Mientras el nitrógeno y argón no nos sirven para nada, la situación con el dióxido de carbono es distinta. Este gas es un producto residual de la respiración, cada vez que exhalamos aire este contiene un 4,5% de dióxido de carbono y mientras más se concentra, mayor peligro corremos de morir envenenados. De acuerdo con la Biblioteca Nacional de Medicina de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, en concentraciones altas, el dióxido de carbono conduce a un aumento en la frecuencia respiratoria, taquicardia, arritmias cardíacas y problemas de conciencia: “Concentraciones> 10% pueden causar convulsiones, coma y muerte”. Recuerda: no hablamos aquí de una intoxicación por monóxido de carbono, el gas que, por ejemplo, sale del tubo de escape de un auto producto de la quema de combustibles fósiles; cada ser humano que respira es una fábrica andante de dióxido de carbono.

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El USS Hampton en el preciso instante en que emerge y sus tanques despiden agua y aire (Wikimedia Commons).

Por ello, ante situaciones como la del San Juan, el personal pone en práctica entrenamientos enfocados en la reducción del ritmo respiratorio, no solo para no gastar oxígeno, sino además para no contaminar con dióxido; asimismo, se comunican verbalmente lo mínimo indispensable.

Así, un submarino, para conservar un ambiente respirable, debe: procurar cosechar/generar oxígeno y mantenerlo a niveles normales; remover el dióxido de carbono, para, también, mantenerlo en proporciones normales; y retirar la humedad que provoca la respiración humana. Esto último se logra con deshumidificadores, como los que se puede comprar en un centro comercial para el uso casero. No obstante, limpiar de dióxido es tarea más complicada.

Se emplea para ello cal sodada (hidróxido de sodio e hidróxido de calcio) en dispositivos llamados depuradores. El dióxido de carbono queda atrapado en la cal sodada por una reacción química y se elimina del aire.

Se ignora si todos estos mecanismos han estado funcionando correctamente a la hora de la desaparición del San Juan.

Al cierre de esta nota, y pese a las informaciones sobre presuntas alertas emitidas por el San Juan, la Armada argentina descartaba la existencia de cualquier posible rastro, según informaciones del diario local Clarín.

Hans Huerto

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