¡Salud con Piscomantis!

Conoce al peculiar insecto peruano

Vista lateral de la Piscomantis peruana (hembra) en su hábitat natural/Julio Rivera

Cuando uno piensa en una mantis religiosa lo primero que se le viene a la mente es el clásico bicho verde, esbelto, con apariencia de hoja y camuflado en una rama mientras acecha inmóvil a sus presas. Muchas especies de mantis religiosas se alejan de este arquetipo y la Piscomantis peruana es una de ellas.

El estudio publicado en la revista Zootaxa nos habla además sobre el nacimiento de un nuevo género y los nuevos reportes de la mantis en el Perú. Para conocer más detalles de estos insectos y sus características, N + 1 entrevistó a Julio Rivera, biólogo y taxónomo especializado y autor del estudio. 

 

Conociendo a la Piscomantis

N + 1: Cuéntenos sobre la Piscomantis, ¿qué características tiene?

JR: Esta pequeña mantis pertenece a una familia de mantis religiosas muy diversa pero poco conocida llamada Thespidae. En general, se sabe muy poco sobre la historia natural de este grupo, ya que suelen ser especies inconspicuas y de hábitos muy crípticos y diversos. Las observaciones que he logrado hacer en el transcurso de los años indican que Piscomantis peruana es una especie que habita en suelo con vegetación dispersa.

Esto contrasta con la mayoría del resto de las especies de mantis del Perú, que suelen habitar en algún nivel dentro de la vegetación, por ejemplo, sobre las hojas, en las ramas o los troncos. Al ser una especie que vive en el suelo, su complexión corporal más compacta le permite un desplazamiento ágil y eficiente. Además, poseen una coloración parda grisácea, lo cual les permite camuflarse en un suelo con coloración y textura similares.

N + 1: ¿De qué se alimenta?

JR: No hay estudios sobre sus enemigos naturales ni su dieta, pero al vivir en el suelo y ser de tamaño pequeño (20-25mm), deben estar cazando artrópodos aún más pequeños que se encuentran en el mismo hábitat. De hecho, las he observado consumiendo hormigas, las cuales con seguridad constituyen un recurso abundante en dicho hábitat. Las formas juveniles son más pequeñas aún, y al iniciar su vida con apenas unos milímetros deben estar consumiendo colémbolos, ácaros diminutos y otros artrópodos de dimensiones similares. En general se sabe muy poco de la historia natural de la mayoría de mantis religiosas de Perú.

 

Una mantis pisquera

N + 1: ¿Por qué se llama Piscomantis?

JR: Muchas especies son nombradas en referencia a alguna característica distintiva de estas, pero también para honrar a alguna persona, suceso o lugar. Por ejemplo, existe el género de insectos palo Peruphasma Conle & Hennemann, 2002 (que se encuentra en Perú) y la especie de abeja Augochloropsis tupacamaru (Holmberg, 1884) (que hace referencia a un personaje histórico).

En este caso en particular, nos inclinamos por establecer el género Piscomantis Rivera & Vergara-Cobián, 2017 en alusión a la distribución geográfica de Piscomantis peruana, la única especie que se conoce en este género, y que incluye la región pisquera de Pisco, en Ica. El nombre completo de la especie no solo hace referencia a la región en cuestión donde se le encuentra, sino que también al Pisco y, como el Pisco es peruano, pues allí tienes a Piscomantis peruana.

N + 1: Cuéntanos sobre los nuevos reportes de especies de mantis en el Perú

J: La lista ahora incluye algunos registros de especies nunca antes reportados en el país. Por ejemplo, descubrimos que Acanthops royi Lombardo & Ippolito, 2004 conocida antes solo del Ecuador, también está en Perú. Esta especie, como las otras del género Acanthops, son realmente impresionantes por su semejanza a hojas secas que cuelgan de una rama.

Otra especie notable que hemos encontrado en Perú es Zoolea major Giglio-Tos, 1914, distintiva no solo por su gran tamaño sino también por su cuerpo y patas adornados con lóbulos y un cuerno largo en medio de la cabeza, estructuras que ayudan a disimular su presencia entre la vegetación.

Otra especie que estamos reportando por primera vez para el Perú es Catoxyopsis dubiosa (Giglio-Tos, 1898), una mantis muy rara, difícil de colectar y escasa en colecciones científicas alrededor del mundo; en 20 años de investigación solo he visto 6 ejemplares.

Las 67 especies que reportamos en este estudio representan solo una parte de la diversidad real, ya que existen muchas otras especies e incluso géneros nuevos para la ciencia y sin nombre científico formal, por lo que no han sido incluidas en el listado que hemos publicado. Todavía queda muchísimo por descubrir.

 

Los cambios siempre son buenos

N + 1: ¿A qué se debe la nueva nomenclatura?

J: La taxonomía, la disciplina científica que se ocupa del registro histórico de los nombres de las especies, es extremadamente dinámica. A medida que vamos aprendiendo más sobre las dimensiones reales de la biodiversidad también se gana una mejor comprensión de como las especies se relacionan unas con otras, o cómo interactúan con su medio ambiente.

Este nuevo conocimiento frecuentemente impacta la clasificación taxonómica de los organismos, haciendo que sea necesario actualizar sus nombres científicos, ya sea para reflejar de una manera más clara nuestro nuevo conocimiento, o para reclasificarlas en un grupo taxonómico diferente.

Galapagia peruana (hembra) uno de los 4 especímenes originales con los cuales se estableció esta especie en 1935. Ejemplar actualmente archivado en el Museo de Historia natural de Viena, Austria.
Julio Rivera

N + 1: ¿Y en el caso de la Piscomantis peruana?

J: Esta pequeña mantis, anteriormente llamada Galapagia peruana, fue descubierta y nombrada por el taxónomo Austríaco Max Beier en 1935 a partir de ejemplares obtenidos en Perú. Al examinar dichos ejemplares Max Beier concluyó que estos estaban muy cercanamente relacionados a otra especie llamada Galapagia solitaria (oriunda de las islas Galápagos), clasificándolas juntas.

Más de 80 años después, y durante una pasantía de investigación en Museo de Historia Natural de Viena (Austria), tuve la oportunidad de examinar los ejemplares que el mismísimo Max Beier había estudiado. Al hacerlo, logré asociarlos con otros ejemplares que se encontraban en la colección de mantis religiosas del Museo de Entomología Klaus Raven Büller de la Universidad Nacional Agraria La Molina (una de las colecciones de insectos más importantes del Perú). He venido estudiando e implementando laboriosamente esta colección por casi 20 años.

No fue sino hasta que logré examinar varios ejemplares de Galapagia solitaria en colecciones científicas extranjeras que pude percatarme de que G. peruana no parecía estar relacionada a esta, poniendo así en duda su inclusión en el género Galapagia. Luego de un análisis detallado de su morfología logré identificar diferencias claves que confirmaban que G. peruana no solo no pertenecía a Galapagia, sino que no encajaba con las características morfológicas de ningún otro género conocido.

Los estándares de nomenclatura zoológica dictaminan que una especie siempre debe estar clasificada dentro de un linaje o género. Y este último debe estar morfológicamente definido y diferenciado de todos los otros géneros.

Al no encajar con las características morfológicas de ningún género existente dentro de la familia Thespidae (que incluye aproximadamente 30 géneros distribuidos a lo largo del continente americano) se hizo entonces necesario crear uno nuevo exclusivamente para ubicar a la ahora especie huérfana. Así nació el género Piscomantis, para albergar a esta especie que ahora se le denomina formalmente como Piscomantis peruana (Beier, 1935). 

N + 1: ¿Es común que suceda esto?

J: Este tipo de modificaciones en la clasificación taxonómica de los organismos ocurren todo el tiempo. En los 20 años que llevo trabajando he logrado identificar y corregir decenas de errores y omisiones similares cometidos por especialistas del pasado y que ahora, gracias a nuevos desarrollos tecnológicos en genética y bioinformática, podemos identificarlos más rápidamente y emendarlos. Todos son pequeños pasos que se dan para tener una imagen más clara del árbol de la vida en el planeta.

Vista dorsal de la piscomantis peruana
Julio Rivera

 

La ciencia no es en vano

N + 1: ¿Por qué es importante tener una lista de mantis en el Perú?

J: El Perú es un país extremadamente rico y su verdadera riqueza yace en su biodiversidad. Se tiene una buena idea del número de especies de aves, mamíferos y otros vertebrados que habitan dentro de los límites políticos del Perú. Pero comparado con los insectos, estos grupos en realidad representan una fracción mínima de la biodiversidad. Alrededor del 70% de especies en ambientes terrestres son insectos.

Debido a su enorme diversidad y abundante biomasa, los insectos juegan un papel clave en el funcionamiento de los ecosistemas. Por ejemplo, estos nos proveen de servicios ecológicos fundamentales como la polinización, o la degradación de la materia orgánica y el retorno de nutrientes al suelo, lo que hace que este sea fértil. A pesar de su importancia, los insectos suelen dejarse de lado en inventarios biológicos, estudios de impacto ambiental y en los conteos «oficiales» que se buscan hacer énfasis en lo diverso que es el Perú. 

Los inventarios de insectos son prácticamente inexistentes en el Perú y por eso nos estamos perdiendo de mucho al no impulsar el estudio de estos organismos. Realizar inventarios de especies es crucial para saber cuántas y cuáles se encuentran dentro del territorio, los ecosistemas en que habitan, los roles ecológicos que cumplen, como interaccionan con otras especies, etc. 

Mientras mejor conozcamos nuestra biodiversidad, incluyendo a los insectos, mejor podremos administrarla y aprovecharla racionalmente. El listado de especie de mantis religiosas de Perú, donde se encuentra la formulación del género Piscomantis, es precisamente un paso más hacia el objetivo general de inventariar las especies de insectos del Perú. Sin duda se trata de una tarea titánica y de carácter colectivo.

N + 1: ¿Por qué importa también tener una visión general de la ecología y biogeografía de las mantis religiosas?

J: La biogeografía es la disciplina científica que se encarga de investigar los patrones de distribución geográfica de las especies. Los organismos, ya sean plantas, insectos o aves, no están distribuidos aleatoriamente en el espacio físico. Cada especie tiene preferencias definidas en cuanto a las condiciones ecológicas de su hábitat, por ejemplo, nivel de humedad, temperatura, altitud; en el caso de las mantis religiosas, el tipo de vegetación es un factor determinante.

Recopilar esta información es fundamental porque permite entender mejor cuales son las condiciones ambientales que sostienen a las especies y su dimensión geográfica. Por ejemplo, si hablamos de una especie amenazada, esta clase de información sirve para diseñar planes de conservación más apropiados.  O, en el caso de una especie de importancia económica, para poder manejar algunas de sus poblaciones de manera racional sin afectar a la totalidad de la especie.

N + 1: ¿De qué manera es útil esta información?

J: Esta información también sirve para tener una idea más precisa de la biodiversidad de una región en particular o tipo de ecosistema, justificando así la asignación de fondos privados o estatales que buscan conservar los espacios naturales de gran riqueza. En general, mientras más información sobre la distribución de las especies y sus preferencias ecológicas exista, mejor podremos entender también los procesos históricos y evolutivos que influyeron en su distribución actual. 

Adrian Díaz
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