“Latinoamérica necesita un mecanismo financiero para la cooperación en CTI”

Entrevista a Francisco Sagasti, ex presidente del Consejo Consultivo de Ciencia y Tecnología en la ONU

Dos adjetivos definen bien a Francisco Sagasti. Completo: por ser un intelectual y consultor que unifica en su perfil la pasión por la ciencia y la tecnología y una extensiva trayectoria en política y gestión. Soñador, porque sabe, aunque sea una lucha dura y a contracorriente, que nuestra única opción para el desarrollo es la que alguna vez señaló Syngman Rhee para Corea del Sur, “la del conocimiento, la ciencia y la tecnología”. Y a sus 74 años nada parece detenerlo. Y se lo agradecemos. El hombre que nos recibe en la sala de lectura de su casa en La Molina, un distrito limeño calmado y alejado de la hostilidad de la capital, acaba de publicar el último de sus más de 25 libros en coautoría con Lucía Málaga, en el que transmite todo su conocimiento de lo que fueron las políticas públicas de ciencia, tecnología e innovación (CTI) en su país natal y la región latinoamericana.

Vocación por políticas de CTI

N+1: ¿Cómo empezó su vocación por las políticas públicas de ciencia y tecnología?

Empezó hace 50 años, aunque siempre me interesaron las ciencias y el conocimiento en general. Estudié ingeniería industrial, y durante mi doctorado en investigación operacional en la Universidad de Pennsylvania, EEUU, tuve que buscar un tema de tesis. Viajé a Perú y me di con que el gobierno militar peruano había creado recién el consejo Nacional de Investigación el 1 de noviembre de 1968. Pensando que esto podía ser interesante, fui a ver (con la arrogancia de los jóvenes) al presidente recién designado del Consejo Nacional de Investigación quien me recibió y orientó, y así empecé a trabajar el tema con la idea de ver cómo un país en desarrollo como el Perú podría desarrollar capacidades en CTI para fines de desarrollo y mejora de la vida de los habitantes.

N+1: ¿Qué tanto le aportó la ingeniería industrial a desarrollar su vocación?

La gran ventaja es que nosotros trabajamos en laboratorios y fábricas, y tenemos la percepción y experiencia de cómo se hacen las cosas. En cierta medida es una desventaja para los economistas que lo ven en cifras o sociólogos, con conocimiento del comportamiento humano, pero que no han intervenido directamente en proyectos de investigación o análisis en ingeniería química, mecánica o electrónica. Y cuando uno tiene esa concepción de hacer cosas con las manos, los equipos o fabricar algo, hay una percepción un poco más completa, más rica y productiva, que la que se tiene solo desde la mayoría de ciencias sociales o humanas.

Además de Presidente del Consejo Consultivo de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo en las Naciones Unidas, Sagasti fue Jefe de Planeamiento Estratégico en el Banco Mundial, miembro del Directorio del International Institute for Environment and Development, profesor visitante del Instituto de Empresas en Madrid, en la cátedra Silberberg de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pennsylvania, y en la Universidad para la Paz en Costa Rica; y ha sido también investigador asociado al Instituto de Estudios de Desarrollo en la Universidad de Sussex. En Perú fue Presidente del Consejo Directivo del Programa de Ciencia y Tecnología (FINCyT) en la Presidencia del Consejo de Ministros, Jefe del Instituto Nacional de Planificación y director del Programa Agenda: PERÚ en FORO Nacional/Internacional, entre otros cargos y consultorías diversas.

N+1: ¿Qué es lo más importante que aprendió en sus estudios, cargos y consultorías a nivel internacional y que puedo llevar a su país natal?

Son tres cosas las que aprendí de trabajar con muchísimos mentores (cuyos libros tengo en mi biblioteca) mayores que yo, expertos y de todas partes del mundo. En primer lugar, hacer todos de las partes. La actividad científica está ahora cada vez más parcelada. Tenemos expertos que conocen solo de un tema a profundidad e ignoran el resto. Cuando uno tiene la idea de llevar el conocimiento científico en conjunto para beneficiar a la población, no puede quedarse en uno u otro tema. Tiene que poder integrar diferentes disciplinas y todo esto, articularlo en un todo que tenga sentido para el contexto local en el que se aplica.

Segundo, es la necesidad de vincular el corto con el largo plazo. Desarrollar capacidades en ciencia y tecnología e innovación en cualquier país es una tarea que toma por lo menos de 15 a 30 años, no se hace de un día para otro. Hay que formar una generación de investigadores, doctores que generalmente se forman fuera, y luego deben retornar al país para formar a la siguiente generación hasta tener una masa crítica no solo en cantidad sino también en calidad (en el área científica) y en interfase (no solo en un área sino en relación con otras), ya que la innovación se da en las fronteras de dos o tres ámbitos de la ciencia. Pero vivimos en el aquí y ahora, y es necesario tener resultados inmediatos respondiendo de forma urgente a problemas actuales.

La tercera lección es la necesidad vincular la teoría con la práctica y el conocimiento con la acción. Tenemos a las más brillantes mentes a nivel conceptual, capaces de identificar planteamientos, ideas, conceptos, direcciones, políticas, pero a la hora de ponerlas en práctica son una nulidad. Y viceversa, tenemos extraordinarios gestores pero que no tienen una visión, una concepción teórica de qué significa lo que están haciendo. En resumen, vincular el todo con las partes, el corto con el largo plazo y la teoría con la acción son las lecciones aprendidas en mi formación.

Los años dorados de la CTI en Latinoamérica

N+1: ¿Eran tiempos mejores para la ciencia y tecnología para la región durante su gestión en Naciones Unidas?

Estuve en el cargo durante los 70, y entonces la CTI era una preocupación principal para la agenda política de desarrollo en el ámbito internacional. Esta se eclipsó y desapareció del todo durante los 80 y parte de los 90: los problemas eran la crisis de la deuda, el problema del precio del petróleo, las migraciones, problemas de financiamiento para el desarrollo, el terrorismo. La preocupación recién está volviendo al ámbito internacional en los últimos 5 a 10 años. En NNUU, estuve muy vinculado a la Conferencia Mundial de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo y al Consejo de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo; el tema se abordaba en diferentes ámbitos del sistema de NNUU. Y es necesario volver a ello.

N +1: ¿Cómo ve la situación actual?

No existe en la actualidad un mecanismo de financiamiento y apoyo a nivel global que permita a los países en desarrollo acceder tanto a los recursos financieros tanto a la asistencia técnica, ni los programas de cooperación o de intercambio de CTI que permitiría que desarrollen sus propias capacidades. Lo que ofrece la UE es muy importante, como programas de cooperación que tiene con países en desarrollo, aunque pero es totalmente insuficiente dada la magnitud de la tarea.

N+1: ¿Cómo ve el papel del Banco Mundial hacia la CTI regional, que en los últimos tiempos ha otorgado un préstamo importante a Concytec?

El BM está en una situación muy compleja. El accionariado del mismo está desproporcionadamente en manos de norteamericanos y europeos, a pesar de que la economía global se ha reestructurado radicalmente con un mucho mayor peso de los países emergentes y disminución del peso relativo de EEUU y Europa. Se percibe que el BM responde a intereses que no son los vigentes. Por ello se creó el Banco Asiático de Desarrollo que domina China, una respuesta directa  a la negativa del Congreso de EEUU de rebalancear el accionariado del BM. Ahora está reinventando su misión.

Cuando me tocó la Jefatura de Planeamiento Estratégico, en 1987 hasta 1991, pusimos sobre el tapete el tema de CTI: por única vez se hizo presente en este importante informe mundial. Pero al desaparecer en general el tema de la agenda mundial, y sobretodo que los países en desarrollo no reconocieron la importancia del BM, el mismo está haciendo menos de lo que podría hacer en el fomento de CTI en el mundo en desarrollo.


Sagasti fue jefe de planeamiento estratégico en el Banco Mundial.

 Perú, oportunidades y carencias

N+1: ¿Qué desafíos enfrentó como presidente del Consejo directivo del Programa de Ciencia y Tecnología, retomando el trabajo luego de décadas de congelamiento en los 80 y 90?

Tomó muchos años diseñar un proyecto de inversión y obtener un préstamo del BID para CTI, que fue el primer salto cualitativo y cuantitativo significativo que se dio en el Perú desde 1975. En el 2007 cuando se inició el programa Fincyt, había que remontar 25 años de abandono: tuvimos que reconstruir los mecanismos de financiamiento y la demanda para este financiamiento de proyectos de investigación y CTI.

No fue tan difícil con las universidades: los pocos recursos que se dispusieron para concursos universitarios se agotaron muy rápido con proyectos muy buenos. Más complicado fue el desafío de interesar, después de 25 años, al sector privado en presentar proyectos de investigación a ser financiados con los recursos de Fincyt: desconocían del tema y se habían acostumbrado simplemente a importar tecnología y asistencia técnica sin siquiera entenderla ni absorber ese conocimiento comprado. Tuvimos que prepararlos para que hoy, puedo decir con satisfacción a 10 años, contemos con cientos y miles de empresas conocedoras del tema, aunque es insuficiente.

«Yo creo que mientras no tengamos una generación de líderes políticos que entiendan del tema, estén preocupados por él y sepan lo que hay que hacer, no podremos llegar al objetivo»

El siguiente desafío fue vincular a la universidad con la empresa. No había esta tradición, cada uno iba por su lado, y los prejuicios de ambos lados eran muy fuertes: para los empresarios, los académicos hacían investigación sobre el sexo del mosquito, y no servía para nada. Para los académicos, los empresarios eran unos ogros mercantilistas. Por fortuna, eso ha ido cambiando gracias a Fincyt e Innóvate Perú gracias al apoyo y gestión del Consejo Directivo que tuvimos a lo largo de los años.

N+1: ¿Cuál es el eslabón que falta en la cadena de la transferencia de conocimiento al sector empresarial en un país como el nuestro?

La mayoría de las personas pone énfasis en las unidades de vinculación entre universidades y empresa. Y eso está muy bien. Pero para mí el eslabón perdido es el gestor tecnológico en la empresa. El gerente de tecnología. El tema de fondo es que no tengamos personas dentro de las empresas, especialmente las medianas (grandes tenemos muy pocas), que entiendan que su necesidad su función es no solamente producir bien y con calidad, sino ir continuamente mejorando sus procedimientos, diversificando sus productos, en otras palabras, gestionando el conocimiento aplicado, o sea, la tecnología. Si no hacemos eso, estamos perdiendo una enorme oportunidad. Y esto, además de capacitando gerentes, se logra creando condiciones de intercambio y financiamiento para animar a las empresas a cooperar. En ninguna parte del mundo el desarrollo de capacidades de CTI se ha dado por generación espontánea.

N+1: ¿Es la exportación de materias primas, minerales principalmente, nuestra principal traba para aspirar a la innovación?

Creo que hay que ser más inteligentes; por supuesto que debemos seguir con este sector, pero se puede decidir con una concepción estratégica como Finlandia, que empleó sus recursos forestales y mineros para invertirlos en TICs, educación, en biotecnología y no necesariamente en procesar más y más y más su propia madera. Pero sobretodo, no hay nada que se pueda hacer sin contar con recursos humanos altamente calificados. La prioridad a mi juicio es movilizar recursos humanos reforzando los posgrados en STEM sin descuidar las humanidades. Y al mismo tiempo, ir al otro extremo: asegurarnos de que los infantes tengan adecuada nutrición y educación, para desarrollar plenamente su capacidad cognitiva y mental e ir progresivamente mejorando la calidad del sistema educativo. En 15 años, haciendo esto poco a poco, quizás estos dos extremos se junten. Y por otro lado, aprovechar la diversidad de diversidades que tiene el Perú (ecosistemas, fuentes de aguas, pesquería, minerales, étnica, cultural). Unir los talentos con esta diversidad debe ser la misión de mediano y largo plazo.

Tendríamos más resultados como las pequeñas cooperativas de Puno, una de ellas Cecovasa, con el café Tunqui, que han ganado concursos mundiales como “el mejor café del mundo”. Esto, sin las grandes plantaciones de Brasil. Como diría mi amigo Javier Iguíñez, en el Perú no hay que producir mucho de pocas cosas, sino poco, de muchísimas cosas. Y para ello, necesitamos biotecnología, nanotecnología, TICs.

“Tratamos, con Lucía Málaga, de resumir muy escuetamente alguno de los conceptos principales de lo que son las políticas de ciencia y tecnología en el mundo actual. Mostrar qué significa hacer política de CTI. En la segunda parte del libro tratamos de describir cuál es la situación con ejemplos claros, concretos y convivencias reales que más que plantear un esquema teórico les pueda explicar a las personas que deseen involucrarse, qué es lo que encontrarán en la práctica, cuáles son las limitaciones a superar. Y en una tercera etapa cuál es la agenda futura”, explica Sagasti sobre Un desafío persistente: Política de ciencia, tecnología e innovación en el Perú del siglo XXI, publicado conjuntamente por el Fondo de Cultura Económica y la Editorial de la Pontificia Universidad Católica.

N+1: De acuerdo a su conocimiento, ¿a qué consenso debe llegar América Latina para ser una región que genere innovación?

Yo creo que mientras no tengamos una generación de líderes políticos que entiendan el tema, estén preocupados por él y sepan lo que hay que hacer, no podremos llegar al objetivo. Ocurrirá cuando llegue un político a la presidencia de un país y haga lo que hizo Syngman Rhee en Corea del Sur a principios de los 60. Él dijo: “la única opción que tiene Corea para el desarrollo futuro es el del conocimiento, la ciencia y la tecnología y todos nuestros esfuerzos van a ir a esa dirección”.

«Tenemos oportunidades en áreas como la biotecnología, biodiversidad los biocombustibles, los reactivos basados en productos naturales dentro de la región, en mejoras genéticas de ciertos productos, en el ganado, en intercambio de métodos sofisticados de procesamiento de minerales»

Cincuenta años después, miren donde están. No recuerdo a ningún presidente de la región que provoque lo de Corea, Vietnam, Singapur, y ciertamente en China. Tenemos la labor de hacer que la nueva generación de políticos estén convencidos de esto. Y en esto es fundamental también el papel del periodismo y la divulgación científica.

N+1: ¿Qué podemos hacer para volver a cooperar a nivel regional, y de una vez por todas trabajar en equipo?

Hoy no existe una infraestructura institucional y financiera que fomente la cooperación y la colaboración en proyectos de CTI. Hace poco, dos años, estuve en el foro CILAC, que organizó la Unesco en Montevideo, y propusimos la creación de una facilidad financiera para promover la cooperación en CTI e innovación en la región. En pocos meses la volveremos a presentar en Panamá. Hoy, pese a esquemas de colaboración bilateral, no hay un programa regional de desarrollo de CTI como en los 60, surgido en Punta del Este de los presidentes de América en 1967. Entonces, se movilizó 100 millones de dólares de aquella época para programas conjuntos. Todo desapareció.

N+1: ¿Qué beneficios traería la entidad que propone?

Financiar la cooperación internacional: viajes, pasantías, ciclos de conferencias programas conjuntos, visitas a otros países. Que un investigador se pase 6 meses en un laboratorio de Bogotá, Buenos Aires o Santiago. Una investigadora cubana me contaba que no tenía dinero para viajar. La primera tarea sería que esta facilidad financiera financie el costo incremental de programas de cooperación (movilización), dejando que cada uno financie sus trabajos de forma interna.  Una segunda etapa, con mayores recursos, reforzar países en desventaja: que colabore, por ejemplo, un país andino con más recursos, con un país centroamericano, con escasos recursos. Y que la facilidad financiera ayude al centroamericano. Si no establecemos mecanismos de esta naturaleza, vamos a seguir hablando sin concretar nada.

Tenemos oportunidades en áreas como la biotecnología, biodiversidad los biocombustibles, los reactivos basados en productos naturales dentro de la región, en mejoras genéticas de ciertos productos, en el ganado, en intercambio de métodos sofisticados de procesamiento de minerales. A esto, añadirle una mejora de inversión en CTI en términos de porcentaje de nuestro producto bruto. Yo creo que en unos pocos años más hasta el África nos alcanzará sin dificultad. Cooperación entre nosotros y cooperación con otros.

Cambio de época

N+1: En una entrevista, usted habla del “fin de la era baconiana”, en la que postula que estamos frente a un cambio de era. ¿Sigue sosteniéndolo?

Sigo y estoy más seguro. Incluso tengo detenido un libro el cual estoy escribiendo al respecto. Estamos en un cambio de época fundamental que provocará un desplazamiento de la forma en la cual concebimos lo que es progreso, desarrollo, calidad de vida, todo cambiará, está cambiando, ya cambió. Lo que pasa es que como estamos tan inmersos dentro de ello no nos damos cuenta. Tan solo el smartphone ha cambiado nuestras concepciones de privacidad, comunicación y contactos. Hace solo 40 años, para llamar a Londres, debía hablar con la telefonista y hacer reservas. Ahora, 10 o 12 personas se pueden reunir en una llamada internacional. Extrapole esto a todas las disciplinas, como biotecnología, computación, genética, nanotectología u otras TICs. Es un cambio de época total.

En la misma línea delo que intentan explicar Yuval Harari o Maurice Strong, mi propia hipótesis es la del “El Ocaso de la era baconiana”. A mi juicio fue Bacon el que mejor caracterizó a principios del siglo XVII la matriz, o el marco dentro del cual los esfuerzos en los 400 años siguientes se encauzaron. Eso se acabó: el éxito del programa baconiano de dominar a la naturaleza a través del entendimiento, mediante la investigación científica como lo llamó Hans Jonas, ese éxito tan fenomenal, ha terminado por socavar sus propios cimientos. Hay un cambio fundamental, para lo cual tenemos que preparar a nuestra gente para enfrentar retos no actuales ni pasados, sino para lo que viene dentro de los próximos 20 o 30 años.

 

Daniel Meza y Tania Valbuena

Esta entrevista ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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