Dulce prohibido

Cómo la biznaga endémica de México Echinocactus platyacanthus está siendo depredada por consumo desmedido del tradicional dulce acitrón

Caminando por las calles de un tianguis (o mercado antiguo) de la ciudad de México, me encuentro con un puesto de dulces tradicionales. Entre cocadas, alegrías, muéganos y palanquetas, hay una charola con dulces cristalizados que llama mi atención, pues observándola detenidamente, alcanzo a identificar un dulce que no he probado hace muchos años. Le pregunto a la vendedora qué precio tiene el acitrón, y ella me responde que 20 pesos una barra cuadrada color amarillo que pesa alrededor de 350 gramos. Le pido me dé uno, y amablemente me indica si la pieza que va a tomar de las cuatro que tiene en su charola es de mi agrado; yo le respondo que sí, ella lo deposita en una bolsa pequeña de plástico y me lo da. 

Llegando a casa, no aguanto las ganas de probar un pequeño trozo de este dulce translúcido que hace tiempo no como. Al saborear su dulzor y sentir su textura fibrosa, me pregunto cuál es el origen de esta golosina, pues, aunque lo conozco desde que era pequeño, en realidad, no sé de qué está hecho o cómo es su proceso de elaboración.  

Al investigar sobre los orígenes de este dulce tradicional mexicano, me encuentro con la sorpresa de que está hecho a partir de una especie de biznaga endémica de México llamada Echinocactus platyacanthus, la cual, tiene presencia relevante desde la época prehispánica. Además de ser apreciada por su belleza, también se le consideraba como amuleto de protección y fue empleada para realizar rituales ceremoniales. Posteriormente con la llegada de los españoles, los cuales traían consigo la técnica para realizar confitería, el acitrón comienza a ser elaborado. Todo esto, gracias a que se introduce el cultivo de la caña de azúcar, elemento esencial para la fabricación del dulce.


Dulce de acitrón
Eduardo Piña

Este con el paso del tiempo, además de ser consumido como una golosina, poco a poco se integró en los ingredientes principales de recetas tradicionales de nuestro país, como los tamales, chiles en nogada, el relleno del pavo que usualmente se come en fiestas decembrinas o para representar una gema preciosa que cubre la famosa rosca de reyes.

Desafortunadamente el Echinocactus platyacanthus se encuentra amenazado y corre el riesgo de extinguirse principalmente por elaborar dulce de acitrón con esta especie, pues, la demanda de este producto ha generado que este recurso vegetal se explote a gran escala a pesar de que se encuentre protegido por la legislación mexicana.

Así, las personas que compran el producto, indirectamente se vuelven partícipes de un delito que pasa desapercibido al desconocer el origen de un dulce tradicional. De ese modo el acitrón, por inofensivo que parezca, está acabando con la población de una especie de cactácea que solo habita nuestro país.

El artículo 420 del código penal federal, establece que, a quien trafique, comercialice, aproveche o extraiga alguna especie enlistada en la norma NOM-059-SEMARNAT-2010 será sancionado hasta con nueve años de prisión con una multa que va de los mil a tres mil días de salario mínimo.

Para elaborar dulce de acitrón

Primero, se elige un ejemplar grande, el cual puede llegar a medir más de dos metros de altura y tener una longevidad de más de 100 años.

Posteriormente, se extrae la biznaga por completo, –acción que acaba con la vida de la planta– se retiran las costillas que contienen las espinas que cubren todo el cuerpo del cactus, para sustraer el parénquima (tejido vegetal de la planta), que después es cortado en trozos pequeños que son sumergidos en jarabe hirviendo para sustituir el agua que contienen, por azúcares, en un proceso llamado cristalización y del cual se obtiene como resultado el dulce de acitrón.

 

Echinocactus platyacanthus
Clara Dolores Soto Cortés

Si bien bastaría con plantar más ejemplares de esta especie para evitar su extinción, ahí radica uno de los principales factores que ponen en peligro a esta planta, pues a diferencia de otras cactáceas comunes en México como el nopal, cuyo crecimiento es rápido, con la biznaga tonel o burrona como también se le conoce, ocurre lo contrario: su metabolismo es muy lento y crece solamente dos centímetros por año. En ese sentido para que un Echinocactus platyacanthus desarrolle un tamaño de diez centímetros de altura, tendrán que pasar alrededor de cinco años.

Esta lenta tasa de crecimiento y la alta mortalidad de las plántulas hacen que el cultivo de esta especie no sea redituable económicamente para ningún productor, por lo tanto, no se propicia su cultivo, menciona el biólogo Gabriel Olalde Parra, especialista en cactus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Camino a la extinción

El Echinocactus platyacanthus es una especie que se localiza desde Oaxaca hasta los estados norteños de Coahuila y Tamaulipas del territorio mexicano. A pesar de su amplia distribución la especie está sujeta a protección especial en la normativa de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat)

La demanda de acitrón genera que este producto sea adquirido de forma ilegal, y se encuentre con registros de poblaciones casi desaparecidas en varios estados de la República, según un estudio de Universidad Autónoma Metropolitana (México) liderado por las investigadoras Cecilia Jiménez Sierra y Loraine Matias Palafox con el apoyo de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de Biodiversidad (CONABIO). 

En este estudio, se reporta la desaparición de poblaciones de la referida especie en tres localidades de Nuevo León, en el municipio de Doctor Arroyo, Mier y Noriega; así como en el municipio de Guadalcazar en el estado de San Luis Potosí.

En ese contexto, la investigación (que duró cuatro años y culminó en el año 2014) demuestra con cifras el riesgo latente que corre la biznaga. El 50% presenta bajas densidades, esto a consecuencia de la colecta continua y clandestina de ejemplares para elaborar el dulce de acitrón. Según testimonios proporcionados por los pobladores locales, la planta era abundante pero debido a su extracción con fines comerciales ha disminuido hasta casi desaparecer.


Echinocactus platyacanthus
Eduardo Piña

Bajo ese esquema, la investigación liderada por la doctora Jiménez Sierra planteó una simulación de proyección de crecimiento de las poblaciones de Echinocactus platyacanthus a 100 años. Se infirió, a partir de estas proyecciones, que es imposible ver crecer a la biznaga en condiciones naturales. Se estimó, además, que la especie podría llegar a estar extinta en ciertas regiones en tan solo 40 años. 

La especie Echinocactus platyacanthus se distribuye en nueve tipos de vegetación, desde matorrales hasta bosque de encino-pino. Sin embargo, es más abundante en los matorrales desérticos rosetófilo y micrófilos.

 

Para proteger a la especie

Pese a que la especie de esta historia está protegida por la normativa del Semarnat, y esto indica la necesidad de propiciar su recuperación y conservación, las autoridades admiten que es una tarea dificil cuidar de ella o promover su recuperación. Joel Gonzáles Moreno, director general de Inspección y Vigilancia de Vida Silvestre, Recursos Marinos y Ecosistemas Costeros de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), admite que es difícil monitorear o tener una base de datos de los casos de extracción, tráfico o depredación de la biznaga u otras especies,  pues todas estas acciones se realizan de manera ilegal. 

“Nosotros como autoridad actuamos a través de las denuncias que llegan a realizar los ciudadanos, además de llevar a cabo operativos y mantener vigilancia en donde se ha detectado el uso ilegal de ésta especie; como en los mercados o  tianguis donde se ofertan productos y subproductos de estos ejemplares” , declara.


Echinocactus platyacanthus pequeño
Daiv Freeman

 

Un ejemplo de ello es la Central de Abastos en la Ciudad de México, (centro mayorista más grande del mundo) donde se ha detectado que la procedencia de extracción de la biznaga, son los estados de Oaxaca, la zona del Ixmiquilpan en Hidalgo, junto con el Valle del Mezquital en Querétaro, explica Gonzáles Moreno.

Por otra parte, en un estudio publicado en la revista Economía Botánica realizado por la doctora Cecilia Leonor Jiménez Sierra y el doctor Luis Enrique Guiarte documentan con información proporcionada por los comerciantes de la central de abastos se venden entre 800 y 1.000 kg de acitrón por día en esta sede.

La investigación añade que, de una biznaga de aproximadamente 50 cm de alto con un peso de alrededor de 65 kilogramos, se emplea el 25% para elaborar el dulce de acitrón. Asimismo, para producir la cantidad anteriormente ya mencionada es necesario extraer alrededor de 25 plantas por día lo que representa una extracción de más 9,000 biznagas anuales. De acuerdo a los autores, fue complicado obtener este tipo de datos en la Central de Abastos, pues el círculo que comercializa la materia prima del acitrón es reducido y además es consciente de la ilegalidad de sus actividades.  

En ese contexto González Moreno menciona que, en operativos realizados en centros comerciales, se ha encontrado el dulce de acitrón pero con el nombre de “dulce de fruta” para no llamar la atención de las autoridades. Si se encuentra alguna actividad de este tipo, se decomisa el producto y se puede replantar nuevamente en el ambiente silvestre o canalizarlo a puntos estratégicos como el jardín botánico de la UNAM y o el campus de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la misma institución. Por desgracia en la mayoría de los casos en los operativos realizados, las biznagas se encuentran sin las espinas y sin corteza. Y en en estos casos el protocolo a seguir es la destrucción del producto.

Por otra parte, detalla que se trabaja con un programa de participación social de las comunidades, donde directamente se distribuyen ejemplares de Echinocactus platyacanthus para que los pobladores se sumen a este trabajo de vigilancia y de esté modo coadyuven con las autoridades de la PROFEPA en su protección. Así, se capacita comunidades y se les acredita como vigilantes, convirtiéndolas en un canal importante para la recepción de denuncias respecto al problema.

Cómplices del delito

La mayoría de los ejemplares de Echinocactus platyacanthus que se comercializan para elaborar el dulce de acitrón provienen indirectamente del mercado negro, y aunque es una actividad ilegal su comercio, a las personas que compran este dulce tradicional no se les puede sancionar como lo establece el código penal federal en el artículo 420, al no ser los autores principales de la extracción ilegal de la biznaga. Aunque, al comprar esta golosina secundariamente las personas se convierten en cómplices de un delito que pasa desapercibido, aunque tenga un sabor dulce.

La demanda por la cactácea, resulta fatal para la especie pues contribuye a la desaparición de la misma, debido a que actualmente no existen programas de propagación que intervengan para mantener la población de la biznaga. 


Echinocactus platyacanthus en su estado natural.

Pese a todo, existe un esquema de aprovechamiento regulado legalmente la biznaga por medio de Unidades de Manejo para la Conservación de Vida Silvestre (UMA), las cuales tienen algunas autorizaciones en cuanto al aprovechamiento de esta u otras especies y recursos naturales.

La Semarnat determina una tasa de aprovechamiento y extracción para las UMAs y de acuerdo con González Moreno existen de tres a cuatro UMAS autorizadas para trabajar con la biznaga Echinocactus platyacanthus. Aun así, resulta muy reducido el número que tiene la autorización para trabajar legalmente, por lo que es casi imposible competir con el mercado ilegal.

Otros riesgos

De acuerdo con la doctora Jiménez Sierra, al extraer los ejemplares más grandes, se pierde la posibilidad de repoblar las zonas, pues, los individuos de mayor tamaño (los adultos) son los que producen la mayor cantidad de flores y semillas que contribuyen a la reproducción natural de la especie. Detalla que, en el caso de extraer los frutos bajo un manejo adecuado en un laboratorio, la tasa de germinación es muy alta con una efectividad del 85 al 90%, pero en un ambiente natural es muy difícil lograrlo pues las condiciones para la planta son muy duras.

De acuerdo con Olalde Parra, esta planta es utilizada como forraje para alimentar a ciertos tipos de ganado. A su vez, los ejemplares pequeños no quedan exentos de ser extraídos, pues desde el punto de vista ornamental, es una cactácea que es apreciada por coleccionistas de plantas exóticas.

Menciona que en diversos estados como Hidalgo, Querétaro, y San Luis de Potosí, existe un grave problema pues las personas que tienen burros y ya no los quieren, los dejan libres, convirtiéndose prácticamente en animales silvestres. Estos, para sobrevivir a la época de sequía, han aprendido a quitar las espinas de la planta con sus pezuñas para poder comerse su tallo. Y es que a lo largo de la evolución de las biznagas éstas se han especializado en almacenar agua y nutrientes, que se convierten en el alimento óptimo para los asnos, agrega el también académico y profesor de cactología en la Facultad de Ciencias.

Biznaga en la historia

Helia Bravo Holis, una de las científicas más destacadas que ha dado México en investigación botánica, recopila en su en su libro Las cactáceas de México, los aspectos etnobotánicos e importancia que tuvo la especie Echinocactus platyacanthus desde la época prehispánica, ya que,  junto con otras cactáceas, fue empleada en la elaboración de remedios que curaban enfermedades y como talismán para alejar a los malos espíritus.

Durante el periodo anterior a la conquista, esta especie vegetal se clasificó dentro de una nomenclatura llamada comitl -que significa olla en lengua náhuatl - la cual incluía a los cactos con tallos esféricos. Particularmente el término huitznáhuac (huitztli-espina; náhuac-entre) se empleó para designar a las especies de los géneros Mammillaria y Echinocactus.

También estas especies fueron utilizadas como texcatl –mesa de sacrificios- de la cual se tiene registro en la tira de peregrinación azteca, también conocida como códice Boturini; en ella, se puede apreciar un peregrino que yace en posición de sacrificio sobre una biznaga que muy probablemente puede ser un Echinocactus platyacanthus. Ahí un sacerdote ofrece su corazón al dios Huitzilopochtli, en la imagen se puede apreciar el cactus con su raíz y tallo esférico provisto de surcos y espinas.

Algunas de estas plantas llegaron incluso a ser elevadas al rango de los dioses, registra el capítulo dos de la obra de Bravo Holis. De esta forma les dedicaron edificios como el llamado Huitznahuacteopan, construido en el reinado de Moctezuma dedicado al dios Huitznáhuac, considerado posiblemente un cactus deificado. De él, parece se obtenían las espinas que usaban para el autosacrificio en algunas ceremonias rituales como aparece en la lámina 19 del Códice Mendoza.

Sugerencia

Finalmente para la doctora Jiménez Sierra aunque existen leyes y áreas naturales que protegen a la biznaga como la reserva de la biosfera Tehuacán-Cuicatlán entre el estado de Puebla y Oaxaca, son susceptibles a factores externos que pueden desequilibrar este precario estado, debido por ejemplo a cambios en los factores climáticos, causados por el sobrecalentamiento. 


Peregrinación azteca códice Boturíni
INAH

Detalla que si bien, han existido programas de repoblación de la especie, estos no tienen éxito al no contar con un seguimiento adecuado para garantizar que las biznagas puedan sobrevivir e ambientes silvestres. Sugiere además que, los trasplantes de ejemplares obtenidos en invernaderos deben hacerse hasta a partir de que estos alcancen alrededor de 20 cm de altura, con lo cual se podrá garantizar mayores tasas de sobrevivencia.

Así,  los ejemplares antes de introducirse a las comunidades naturales deben de tener una etapa de adaptación a las condiciones más severas de los ambientes semidesérticos.

Agrega que debido a lo anterior, es necesario implantar una “veda de acitrón”, para permitir que la especie se recupere. Esto puede lograrse sustituyendo el acitrón por otras frutas confitadas o cristalizadas como higos, melocotones, albaricoques, peras, carambolas, manzanas, y frutas cítricas.

Por otra parte el biólogo Olalde Parra, declara que no todo está perdido para la biznaga, pues todavía se pueden realizar acciones que podrían evitar que desaparezca. Propone que se debería enseñar el uso sostenible de este recurso vegetal a las personas con proyectos para producir la especie a gran escala, ya que, puede generar fuentes de trabajo al comercializarla de manera responsable e inclusive exportarla.

Explica que una planta de este tipo su fruto puede producir entre 400 a mil semillas y a partir de una planta se podrían generar proyectos importantes para su conservación.

 

Eduardo Piña

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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