Se acerca una nueva era en el tratamiento del Parkinson

La terapia génica para esta enfermedad ha sorprendido a propios y extraños con fabulosos resultados preliminares en ratones y monos. N+1 conversó de ello con el autor de la investigación, José Lanciego

José Luis Lanciego, neurocientífico y director del Laboratorio de Neuroanatomía de Ganglios Basales en el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA)
cima.unav.edu

 

Piensa en aquel pariente cercano tuyo o conocido que padeció de la enfermedad de Parkinson. Sus tratamientos, muy probablemente le dieron bienestar de forma eficaz, pero fue temporal. Eventualmente, el deterioro neuronal acabó dañando su calidad de vida: imposibilidad de moverse y comunicarse apropiadamente, y posteriormente llegó la demencia. Hasta el momento, se creía que no había otra opción para los parkinsonianos. Pero un prometedor tratamiento podría podría ralentizar o detener ese deterioro, dándoles mayor calidad de vida.

La enfermedad que han padecido celebridades como Michael J. Fox o el propio Papa Juan Pablo II –el mal de Párkinson– está muy cerca de tener una nueva y muy efectiva forma de abordarse, luego de décadas de incansables investigaciones. La respuesta estaría en la terapia génica, que acaba de arrojar resultados muy esperanzadores en roedores y primates que heredaron la enfermedad.

La conclusión, junto a otras igual de prometedoras en relación a males neurodegenerativos como la ELA, fue presentada en la Neuroscience 2018, conferencia de la Society for Neuroscience. El autor fue José Lanciego, neurocientífico, director del Laboratorio de Neuroanatomía de Ganglios Basales en el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) quien, como él mismo reconoce, hasta hace poco pedía prudencia ante el tema, pero hoy es el primer sorprendido con los avances en el campo. El español también es autor de un libro que describe el mapa de las conexiones del cerebro humano, publicado por la National Geographic España (RBA Editores).

 

¿Qué sabemos de la enfermedad de Parkinson?

La enfermedad ha sido ampliamente estudiada al ser la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente después del Alzhéimer. De acuerdo a los Institutos Nacionales de Salud (NIH), es un trastorno degenerativo del sistema nervioso central que pertenece a un grupo de afecciones conocidas como trastornos del movimiento. También es crónico y progresivo.

Los síntomas de este mal pueden variar de una persona a otra y pueden incluir, además de los temblores (“temblor de rodamiento de la píldora”), lentitud en el movimiento, rigidez muscular, alteración de la postura y el equilibrio, y pérdida de los movimientos automáticos, problemas en el habla, y cambios en la escritura.

La causa de la enfermedad de Parkinson no se conoce, pero es un hecho que el mal responde a que ciertas neuronas se descomponen de manera gradual. Los síntomas se deben a la pérdida de “dopamina”: cuando los niveles de esta disminuyen, la actividad cerebral se vuelve anormal y los síntomas se evidencian.

En un pequeño grupo de personas, la genética pareciera tener que ver: herencia de la enfermedad de un familiar, o podrían tener una mutación genética. También los factores ambientales, como la exposición a ciertas toxinas (pesticidas) podría aumentar el riesgo de sufrirla

En el cerebro de las personas con Párkinson se pueden observar anomalías como la presencia de cuerpos de Lewy dentro de las neuronas, masas de sustancias específicas que portan la proteína alfa-sinucleína, principal foco de estudio entre los investigadores de Parkinson.

Por otra parte, las personas suelen contraer esta enfermedad a partir de los 60 años, por lo que el factor más importante de riesgo es la edad. Pese a ello, la mortandad no es un problema: la esperanza de vida es la misma para enfermos y no enfermos. El problema es la calidad de vida, y conseguir que esta enfermedad deje de progresar.

 

Tratamientos eficaces, pero efímeros

“Afortunadamente, a nuestros pacientes les podemos ofrecer buenos tratamientos para la enfermedad de Párkinson. Son tratamientos muy eficaces a la hora de aliviar los síntomas, realmente funcionan muy bien”, refiere Lanciego. El experto alude a tratamientos farmacológicos (ej. Carbidopa-levodopa en fármacos o infusiones), agonistas de la dopamina, o tratamientos quirúrgicos.

El paciente parkinsoniano atraviesa una “luna de miel farmacológica” de un período de entre 5 y 7 años, hasta que el deterioro hace que la situación no sea ya manejabe por fármacos.

En lo que se refiere al quirúrgico, está la estimulación cerebral profunda (cuando los fármacos ya no son suficientes), donde se implantan electrodos en una parte específica del cerebro, una suerte de “marcapasos cerebral” que puede reducir los síntomas.

“El problema es que son tratamientos sintomáticos, no son curativos ni impiden que la enfermedad avance; si conseguimos que la enfermedad tenga un curso muy lento y se detenga, algo a lo que se llama disease modifying, esto supondrá un verdadero cambio en la forma en que tratamos a los pacientes”.


El temblor de la mano, el síntoma más notorio de la enfermedad de Parkinson.
Mayo Clinic.

La solución vendría con la terapia genética

Aquí es donde entra la terapia génica, una alternativa explorada por algunos grupos científicos, entre ellos el de Lanciego, quienes atestiguan el avance de la tecnología a velocidad de vértigo.

En su laboratorio trabaja con una proteína que se llama glucocerebrosidasa, muy famosa en el mundo neurocientífico desde su estudio en la rara enfermedad de Gaucher. Se sabe que los pacientes parkinsonianos tienen niveles muy bajos de esa enzima.

Lo que el equipo del investigador está haciendo es modificar genéticamente a un virus, es decir quitarle su genoma de virus y poner en su lugar el gen que produce esa proteína (glucocerebrosidasa).


La glucocerebrosidasa mantiene neuronas dopaminérgicas en primates no humanos.
José Luis Lanciego

Luego, inyectando este virus en una zona concreta del cerebro, la sustancia negra, el mismo llevará un gen que producirá una proteína con un efecto terapéutico. A su vez, este virus infecta a las neuronas, produciendo niveles altos de esta enzima fundamentales para quitar la basura (la alfa-sinucleína mal plegada) que tienen estas neuronas. De esta forma, cual Caballo de Troya, se consigue evitar que las neuronas se sigan muriendo y de acuerdo a Lanciego, “se puede evitar por completo y de manera permanente”. Al momento, el método ha probado ser exitoso en ratones y primates no humanos.

“Hemos sido los primeros sorprendidos de ver la eficacia tan tremenda de este tratamiento, y los resultados han tenido gran aceptación (en la Society for Neuroscience)”. Tras concluir las pruebas en primates, a la que aun le falta un poco para ser completada, le deberán seguir las pruebas clínicas con pacientes.

Estaremos ante “un cambio de paradigma de cómo vemos y tratamos el Párkinson”, de acuerdo al profesor, quien, al igual que sus colegas que presentaron prometedores avances de la terapia génica frente a la ELA o la enfermedad de Batten, ha sido asediado por empresas interesadas en el desarrollo de estos potenciales tratamientos.

 

“Los libros decían que esto no se podía hacer”

El tratamiento de males neurodegenerativos en general es un campo en ebullición, y así lo reconoce el también médico formado en la Universidad de Salamanca, España, y la Amsterdam Vrije Universiteit, Países Bajos. “Hacemos cosas que los libros de medicina decían que no se pueden hacer. Hace 13 años esto era solo sueños locos. Hoy esperamos grandes alegrías para estos tratamientos en enfermedades neurodegenerativas, desde luego siempre teniendo en cuenta a los pacientes, personas que necesitan un alivio y acuden a nosotros los investigadores”.

 

 

Daniel Meza

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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