“La edición genética puede llegar a aceptarse como pasó con la fecundación artificial o la insulina”

N+1 entrevistó al padre de la técnica CRISPR, en un contexto de controversia por la presunta edición de embriones humanos en China

Estructura de ADN. /Wikimedia Commons

Pocas veces un término científico sale de los papers o las revistas de divulgación a pasearse por bares y cenas familiares. Pero CRISPR, pese a su cantidad de consonantes seguidas, lo ha conseguido. Y no es para menos, se trata de una herramienta que abre las puertas a la edición genética, una posibilidad que nos aterra y nos fascina casi por igual. 

El palabro es el acrónimo de Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats (en español, repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas), y hace referencia a una región del ADN de los procariotas (bacterias y arqueas) "que se repiten varias veces de forma muy peculiar y proceden de bacterias, de virus, o de material genético invasor que infectó a algún ancestro y está guardado en la memoria para combatirlo", explica  Francisco Mojica, microbiólogo de la Universidad de Alicante (España), uno de los padres de la criatura y el encargado de bautizarlo con este nombre. "Para destruirlo, utilizan son unas proteínas, unas tijeras que van guiadas por la información previa que recogieron sus ancestros hacia la región del ADN del virus invasor y lo cortan". Esta es la base de la revolucionaria técnica que las investigadoras Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna desarrollaron en 2012 para editar el ADN de cualquier ser vivo.

Si se ha generado más debate social últimamente alrededor de esta técnica es porque el investigador chino He Jiankui, ha asegurado (sin ninguna eviencia hasta la fecha) haberla usado para crear los primeros bebes modificados genéticamente para que sean inmunes al virus del VIH, la viruela y el cólera. La comunidad científica, incluído su creador, ha mostrado un rechazo unánime a la manipulación genética de embriones humanos. Pero el debate en la calle está servido. 

Francisco Mojica. /Universidad de Alicante

Mojica lleva un par de años sonando como favorito para los premios Nobel, aunque él afirma que ganar este premio le "supondría más bien un problema". Con esta modestia contestó el cientifico a las preguntas de N+1. En esta entrevista nos explica pacientemente la trascendencia de esta noticia y hacia dónde avanza la investigación con CRISPR. 

Pregunta: En caso de que se confirmara que realmente han nacido dos niñas chinas modificadas genéticamente, ¿cuáles serían las consecuencias,?

Respuesta: A nivel social está teniendo un impacto tremendo. Desde el 2013, parte de los científicos sabían que podría pasar lo que supuestamente ha pasado, por lo que se ha tratado de conseguir que haya un diálogo sobre el tema de la edición genética, no solamente dentro del ámbito científico sino en la sociedad, para tomar decisiones y legislar para adaptarse las a los nuevos tiempos. Y parece que esto ha supuesto un impulso considerable. Se decía “que viene el lobo, que viene el lobo”, pues ya está aquí: en principio, se podría cambiar cualquier condición de un ser humano de la cual nosotros supiéramos cuáles son sus determinantes genéticos y estamos hablando, por ejemplo, de incrementar la memoria.

P: ¿Se prevé algún efecto negativo en la salud de estas niñas?

R: El autor dice que no, pero la mayoría de los genetistas expertos dicen que sí. La tecnología todavía no está madura. Esto puede dar lugar a lo que se denomina mosaicismo, es decir, modificaciones distintas en distintas células. Una parte del cuerpo estaría modificado de una forma y otra de manera diferente. Esta mezcla en el individuo tendría consecuencias mucho más dramáticas porque es imposible predecir qué va a ocurrir.

Alguna de estas niñas o las dos podrían desarrollar problemas como por ejemplo ser más susceptibles al virus de la gripe, u otras consecuencias que no conocemos. De acuerdo con experimentos previos que se han hecho en animales y que en una de las niñas se ha modificado solamente el gen de uno de los progenitores y no del otro, podría significar que siguen siendo susceptible a la infección del virus del Sida. Puede ser que ni siquiera se haya conseguido nada. 

Lo que puede ocurrir ahora es que el miedo que esto ha generado provoque una reacción que bloquee la investigación, algo que yo pienso que no debería pasar: una cosa es la investigación y la otra la aplicación de esa investigación para curar enfermedades. La aplicación tiene que llevarse a cabo cuando la investigación te asegura el riesgo mínimo o un beneficio que supera ampliamente ese riesgo.

P: ¿Qué tipo de investigaciones con esta técnica se llevan a cabo actualmente?

R: En los ensayos clínicos que se hacen como dios manda, se está siguiendo la normativa, informando de lo que se consigue, obteniendo todos los permisos que hacen falta y con todas las precauciones necesarias. Por ejemplo se estudia cómo combatir el cáncer con inmunoterapia. Se trata de extraer células sanguíneas, concretamente linfocitos D, del tumor y se modifica para que cuando se devuelvan al paciente sean capaces de destruir las células tumorales. También sirve para otras enfermedades de la sangre, por ejemplo, hemofilia.

En cuanto a la investigación con embriones, se investigan las razones de rechazo de embriones en fecundación artificial y su desarrollo, así como la posibilidad de curar enfermedades como la hemofilia o la cardiopatía hipertrófica. La intención inmediata de esas investigaciones es conocer las consecuencias de estas modificaciones y lo eficaces que son, para en un futuro decidir si esto pudiera eliminar problemas genéticos heredados de los padres.

P: ¿Cuáles son los principales problemas que presenta CRISPR?

R: La agresión en el ADN de una célula viva al cortarlo con CRISPR activa el sistema de reparación de ese daño, porque si no se repara la célula muere. Esta reparación puede hacerse de distintas maneras, una de ellas es como si tuviéramos una barra y la rompiéramos y al unirla con pegamento no queda perfecta, sino con un residuo: la célula intenta reparar a la desesperada y produce cambios al azar en la región donde se ha producido el corte.

Otro mecanismo más complejo es el que se usa para editar: además de darle a la célula las tijeras y la guía, se le da un trocito de ADN que coincida con la zona donde se va a producir el corte pero no tiene que coincidir al 100%, sino que se le añade información adicional. Entonces la célula repara utilizando esa información del molde que se le ha dado y así se puede modificar conscientemente la información de cualquier región del genoma.

Una alternativa a esta técnica es modificar, no el ADN, donde reside la información defectuosa, sino el ARN, que es el que transmite esta información.

P: ¿En qué consiste la modificación del ARN? ¿Estamos hablando del futuro de CRISPR?

R: Esto es lo que dicen los que saben de qué va el tema. Con el ARN no se hace una modificación permanente en la célula. Mientras hay que una edición del ADN bastaría, en principio, con una aplicación una vez en tu vida, con el ARN no. Se modifica el transmisor para que no comunique malas noticias: le dices “ARN, aunque el ADN te haya dicho esto no, tú tienes que decir esto otro”.

Es una edición estupenda porque no requiere corte y tampoco reparación del ADN. Si en un lugar hay una A [adenina, uno de los cuatro componentes del ADN junto a citocina, guanina y timina] y no te gusta esa A porque produce una enfermedad y se sabe que se resuelve cambiándola por una C (citocina), con esta técnica se puede hacer. Por ahora, se ha aplicado ya en casos con animales para ver si es capaz de paliar algunos efectos de enfermedades y ha funcionado.

P: ¿Vamos camino de una raza superior de humanos?

R: No sabemos dónde va a llegar esto. La historia ya nos ha enseñado que la opinión de la sociedad cambia de forma radical y, a veces, en muy poco tiempo. Cuando surgió en los años 70 la ingeniería genética, la 'tecnología del DNA recombinante' que se llamaba entonces se decía: "Se podrá cortar, pegar, reorganizar la información genética de los seres vivos, ¡que monstruosidad!”, y ahora eso es algo que se hace diariamente en los laboratorios. O cuando se planteó meter en bacterias ADN humano para hacer insulina, esto al principio generó un rechazo y se ve tan normal y si no fuera por eso habría muchas personas que no podrían disfrutar de una vida más o menos sana durante un periodo largo de tiempo. Hay otros ejemplos, como la fecundación artificial.

Con esto puede pasar algo parecido. Nos aterra que se puedan hacer seres humanos a la carta, pero lo que seguramente tendrá muy buena aceptación es la de curar enfermedades. En utilizar CRISPR como un agente terapéutico en un individuo adulto enfermo, no creo que nadie ponga ninguna pega.

P: Usted ha dicho muchas veces que no le preocupa el Nobel. ¿La repercusión de lo (supuestamente) ocurrido en China lo aleja de un reconocimiento como este?

R: Bueno, me preocuparía si me lo dieran (risas). CRISPR está permitiendo hacer cosas que antes no se podía ni soñar que pudiera hacerse, son tantas las puertas que ha abierto este conocimiento del funcionamiento del sistema inmunológico de las bacterias que entiendo que se lo merece.

No hay que pensar que la gente que pueda hacer travesuras, como este investigador, le quitan mérito. Se ha avanzado en ciencias de la vida y de la salud en los últimos años como no se había avanzado en cincuenta ni en cien años, diría yo. El beneficio es muy grande. Yo creo que CRISPR se llevará el Nobel, independientemente de a quién se lo den. No sé cuándo, quizá dentro de veinte años. Aunque si no se lo lleva tampoco pasa nada, seguro que hay otros campos que también se lo merecen, con lo cual qué más da.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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