Redención verde

¿Pueden el cultivo urbano y la permacultura salvar al mundo?

Mientras en una parte del mundo se fantasea con la huida a otros planetas, Eric busca salidas en el ‘jardín’ del barrio. Es pleno verano en Sao Paulo y, sobre los 35º grados, a pocos metros de un puente donde deambulan adictos al crack, a sus 18 años planta bananos y fríjoles con dedicación y habilidad. En el mismo lugar, tres meses atrás, solo había yonquis, restos de mueblería usada y olores agresivos.

Eric cultiva, aunque con un enfoque especial: no usa más riego que el que le proporciona la lluvia, prescinde totalmente de fertilizantes y cultiva todo a la vez. Le dicen el doctor –regala plantas medicinales en el barrio. Viste una camiseta blanca salpicada de tierra, un sombrero de paja, y sonríe tímido. Eric contagia paz, un commodity algo difícil de hallar en alrededores de la comunidad, que se encuentra a pocos metros de donde está disfrutando de la frescura y la sombra del verdor. La favela, sofocante, de cementos y  maderas, contrasta con el fresco jardín lleno todo tipo de follaje, que incluye hierbas aromáticas, medicinales, grass y árboles productores de leguminosas y frutos.


Eric y Bruno, 18 y 23, dedicados a investigar y a cultivar en medio de una favela, en una peligrosa zona al norte de Sao Paulo.

Algunos políticos intentan salvar el Acuerdo de París para luchar contra el cambio climático, pero quienes no ostentamos cargos también podemos hacer la diferencia, demuestra Eric sin decirlo. Él es uno de los tantos paulistas dentro de aquella metrópolis de más 12 millones de habitantes, que se vio recientemente afectada por una absurda crisis de escasez de agua. Al mismo tiempo, los ríos más importantes de la urbe (Tieté y Pinheiros) padecen de niveles preocupantes de polución.

En el lugar se ve viviendas apiñadas en un accidentado pequeño trozo de la geografía del norte de Sao Paulo, la tercera ciudad más grande de América.

Al jardín le sigue una escuela, antes de la calle principal. Algunos pequeños, hoy de vacaciones y mañana, a la salida del colegio, verán lo que hacen y acompañarán a los que se han dispuesto a poblar de matas el terreno baldío, intentarán aprender, o se quedarán disfrutando del aire acondicionado hasta el llamado sus padres. Hace muy poco, en el mismo lugar, los niños tenían que resistir estoicamente el olor de orina y excremento. Hoy tienen un lugar más amigable en el paso a sus hogares. En medio de las noticias fatalistas del clima, los finales felices parecen posibles.


Marius Francescus, permaculturista, botánico, biólogo.

Cultivar a pequeña escala

Al otro extremo de la ciudad, casi al mismo tiempo, Renato recupera terrenos áridos de la periferia urbana. En el local de su empresa, Coletivo Dedoverde, enseña a las personas a cultivar en casa, a cocinar alimentos nativos y recuperar costumbres perdidas por la urbanización. En simultáneo, y en un esfuerzo con voluntarios y asociaciones, el colectivo recicla aceite recocido y gracias a una tecnología importada, lo convierte en jabones aromáticos.

“Usar espacios ociosos de tierra y empezar a producir alimento”, es el lema del empresario de 41 años, quien en su centro, un espacio comunitario en el medio de la zona sur de Sao Paulo en la calle Camisa Nova, tiene huertas, jardines y sistemas de agrofloresta que producen “sin usar veneno y a pequeña escala”. Su centro, sin embargo, más allá de la producción mera: es un espacio con fines didácticos donde mucha gente aprenderá técnicas de autocultivo y por consiguiente, ya no tendría que ir a buscar alimentos en los mercados tradicionales, mucho menor importar.


Renato Rocha, director del Colectivo DedoVerde.

Rocha, así se apellida Renato, cree y convence a muchos de lo bueno de sus iniciativas, y de cómo el autocultivo incluso brinda, además de ahorro y autosuficiencia, beneficios a la salud y mayores niveles de seguridad alimentaria. Pero uno de las principales trabas para labores constructivas como estas es la costumbre de los que nacieron cuando ya todo era ladrillos y cemento.

–Mucho del cultivo urbano implica recuperar hortalizas ancestrales, lo que los jóvenes conocen poco. Hoy, solo saben lo que es lechuga, tomate y cebolla.


Así se ve el local de Rocha, llamado Casa da Cultura. Afuera, el calor de la ciudad.

Sin embargo, en la crisis está la oportunidad. En lugares abandonados, donde la basura atraía ratas y dengue, los miembros del colectivo crearon huertas con frutos que se comen y venden.

 

Permaculturistas

Marius Franchescus me recibe en el Sitio de Piquerí y señala con el dedo a los costados de la entrada contigua a la escuela Professora Eunice Terezinha de Oliveira Fragoas. El gringo, muy simpático, que habla un portugués impecable, me contará con pasión de cultivos y plantas en las próximas horas. Marius, igual que yo, acaba de cruzar toda la ciudad –viajó unas tres horas desde Suzano– para ver, como todas las semanas, uno de los ‘centros’ donde transmite y comparte la práctica que le da sentido a su vida. Algo que llama permacultura.

A ambos lados de la puerta, encontramos matas y gras de todo tipo. Pongo el dedo en cualquier verdor, y mi guía sabrá decirme de qué se trata. Pasarán niñas y niños, y lo llamarán tío; algunos le tomarán el pelo, otros se llevarán algunas matas de regalo.


Franchescus y Eric ostentan un poco de su cosecha del fríjol mucuna.

– Esto es guandú y es parte de la familia de los frijoles, aunque no comería uno de estos; se ven muy mal (risas). Y por aquí, estos arbustos que generalmente los cortan y queman, los rescatamos para hacer estructuras de cultivo.

En el trayecto hacia la parcela, vemos sofás o camas envejecidos y despedazados, aunque organizados para “adquirir una segunda vida” y darle alguna forma, la que puedan, a la organización de plantas variadas. La lluvia, y ni una gota de agua potable, le da vida diaria al mundo vegetal que allí se impone. Estamos sobre una naciente, de las muchas que hay en Sao Paulo. Está por acabar enero, y todos los días, entre las 3 y las 4 de la tarde, la lluvia y los truenos hacen correr despavoridos a los transeúntes, pero otorgan vida a estos resistentes follajes. –Usamos las cosas ya inútiles de modo que favorezcan la vida.


Vista desde la cima de la árida comunidad. Detrás de ella está el espacio verde.

En el trayecto se muestran leguminosas distintas, y nos detenemos frente a una saludable mucuna, una gran fuente de L-dopa (precursor de la dopamina), usada para tratar el Parkinson. El compuesto también es usado para antidepresivos, aunque para los niños, la mucuna es más bien una fuente de diversión: cuando está inmadura, produce un escozor insoportable. Ya tramaron ponerla en la silla al profesor.

Por otro lado, contemplamos un tipo desconocido de ipomeas, cuyos efectos similares al ayahuasca son capaces de “ponerte en contacto con Dios”, hierbas medicinales, flores, pasto, hierba en distintas formas y disposición. Todo esto llegó a reemplazar un lugar clandestino de venta y consumo de drogas cuyo manto casi siempre alcanza a los hermanos, tíos y padres de los menores.

 

Consumo local, menos contaminación y otros beneficios

Los esfuerzos de los actores aquí mencionados significan alternativas a la lógica de consumo que nos están llevando al declive. La agricultura mundial representa el 30-35% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y el uso del 70% de agua dulce disponible. Este impacto ambiental se debe a los procesos de expansión como de intensificación agrícola (expansión, uso de irrigación, fertilizantes, pesticidas y labranza). Esto, a su vez, producen degradación del suelo y emisiones.

Con el uso apropiado de la lluvia –Rocha emplea tanques en temporada de lluvia para purificar y aprovechar el agua en época de sequía– y con la supresión del uso de sustancias no naturales para acelerar la producción, estamos ante una práctica activa que, a pequeña escala, hace mucho aunque pareciera poco.


Tanques colectores de lluvia y purificadores. Así, el colectivo no necesita usar agua potable.

Por otro lado, de acuerdo a la FAO, los desperdicios y pérdidas mundiales de alimentos generan el 8% de emisiones anuales. “Durante el proceso de producción y el consumidor final se pierde mucho alimento, y esto a su vez encarece la producción”, explica Renato. Si la gente comprase del agricultor local rompería esa cadena de pérdidas. Dos problemas adicionales abordados: contaminación y encarecimiento.

Finalmente, el cultivo urbano y la reforestación en espacios desertificados u ociosos representa una solución (o al menos una mitigación) a lo que se llaman las islas de calor. Las temperaturas, de acuerdo a numerosos estudios, suelen ser más bajas en áreas verdes.

–Aunque construir e invertir en verdor, tejados verdes o cisternas, por ejemplo, es un poco más caro, pero es una inversión para mejor calidad de vida.

La urbanización poco ecoamigable también ha disparado la proliferación de escorpiones, que matan a niños de picaduras. Hoy encuentran refugio entre materiales de construcción, y están muy a gusto desde la prohibición de animales vivos en casa. Antes, las gallinas se encargaban de ellos.

La educación también encuentra posibilidades en el cultivo urbano. Para Rocha, que los niños usen conocimientos en matemática, física o biología para construir huertas, por ejemplo, o al momento de cuantificar datos a través de sensores, le daría un nuevo sentido al aprendizaje. “Los niños aprenderían el origen de las cosas”.

 

Prácticas que suman

 

La permacultura, a grandes rasgos, puede entenderse como una práctica basada en principios agrícolas y socio-económicos, cuyo creador, un australiano llamado Bill Mollison define como “la filosofía de trabajar con y no en contra de la naturaleza mediante una observación prolongada y reflexiva”.

Escasean resultados representativos bajo la lente del método científico sobre su alcance. Una medición a gran escala parece algo imposible, precisamente porque la práctica tiene muchas ramas, entre las que se incluyen el diseño ecológico, la ingeniería ecológica, el diseño ambiental, la gestión integrada de los recursos hídricos, o sistemas agrícolas de automantenimiento desde lo natural, y no aspira necesariamente a estar interconectado regirse bajo un sistema de gran escala.


Gráfica llamada La Flor de la Permacultura, que resume, de forma muy genérica, todos los campos que aborda la práctica. 

La práctica, si bien tiene legiones de militantes apegados a sus principios éticos, permite flexibilidad y adapta a todo aquel que persiga los mismos objetivos. Es el caso de Rodrigo Burckauser, 31, quien estuvo antes que Marius en la zona y es uno de los fundadores el grupo Do Estradao. Allí, con apoyo de la Secretaría Municipal de la Cultura, consiguió financiamiento para llevar a cabo la práctica de recuperación de territorios abandonados. “Rodrigo hacía permacultura de facto”, complementa Marius.

Rodrigo confiesa no apegarse del todo los principios éticos perma como Marius. Aprendió, cuenta, del precursor de la agricultura urbana Mokichi Okada. Su idea de cultivar en la ciudad es hacerlo de forma libre, creativa, a veces en equipo, otras no.

–Un objetivo es lograr la autonomía alimentaria, aunque no siempre se consigue. Pero sí que logramos rescatar a personas y atraerlas a la naturaleza. Conseguimos lograr la autonomía del saber, y estar cómodos dentro de la favela.  

Escola Estadual Professora Eunice Terezinha de Oliveira Fragoas.

Su discurso tiene sentido de acuerdo a un estudio publicado en Psychological Science que confirma el bienestar superior de las personas que gozan de áreas verdes. De lo que no está convencido del todo es del porcentaje de su aporte en la lucha climática. Aunque su modestia es algo injusta; ambos sabemos del potencial de enseñarle a la gente a respetar adaptarse la naturaleza. “Quisiéramos tener 50 áreas como estas; así haríamos mayor diferencia”.

Bruno Brito, 23, también se divierte diseñando formas de cultivo junto a sus dos mentores. Dice divertirse con lo que hace. Él, quien viene de una familia de clase media, renunció a trabajar en una empresa “por algo más grande”. Con las manos manchadas y botas llenas de tierra, dice con actitud que para él esto no es un trabajo. Aprendió aquí cosas tan simples sobre cómo lavarse los dientes o cómo bañarse, siempre cuidando el recurso fundamental. Define el parque como un lugar de diversión, pero también de “investigación de la vida”. Eric, con quien comenzamos esta historia, es el más joven del grupo.


 

Diagrama que demuestra la efectividad de las diversas medidas para reducir las emisiones de carbono. Las barras corresponden a los valores promedio; las líneas, muestran la información por países. Los agricultores de esta historia atacan varias de estas propuestas. 
Wynes et al / Environmental Research Letters 2017

 

Una popular investigación impresa en Environmental Research Letters acusaba el tener hijos de ser la causa principal de aumentar las emisiones de carbono. Si esos hijos hicieran lo que hoy practican Rodrigo, Bruno y Marius, quizás otra sería la historia. De hecho, el colectivo ataca otros tantos problemas que restan en la puja: no usan autos propios, reforestan, reciclan como si no hubiese un mañana y cultivan sus propios alimentos.

Con un útil presupuesto brindado por  autoridades municipales para un puñado de proyectos por semestre, el grupo desconoce su destino. No saben si en el próximo, que empieza en junio, volverán a recibir el apoyo. Los nuevos aires gubernamentales, tanto a nivel nacional como regional, han mostrado un rostro menos amistoso con los movimientos sociales, perciben. Su preocupación no es injustificada.

 

Acción local e impacto global

En el huerto, al sur de Sao Paulo, Rocha me muestra sus productos: taioba, una planta nativa que tiene más hierro que la col. Una hoja llamada Peixinho, cuya contextura al cocerse tiene el sabor y la carne de pez. Toma un poco de hojas de citronella, para acto seguido frotársela en los brazos –es un repelente natural. Hay más: cebollín (o cebolla china), albahaca, hierbaluisa, ruda, toronjil, menta y más. Arranca unos pétalos e capuchina, y me anima: “come sin miedo”. La flor, de colores rojizos vivos, deja un sabor apimentado segundos después. Luego están el Pau Pelado, que se cree curaría el cáncer. Posteriormente me señala flores de azafrán, cúrcuma, betarraga, rabanito, escarola.

–Esta se llama Ora-pro-nobis (Pereskia aculeata), también conocida como Carne de Pobre, por su alto contenido proteico. Y aquí, mastruz y malvavisco, de la familia del boldo.


Capuchina: deja un sabor apimentado por segundos después de masticarla. 
 

¿Ayudará la pasión que deposita Rocha en su día a día? ¿O la devoción de Marius por la filosofía permaculturista? ¿Será suficiente la vocación de Rodrigo, Bruno y Eric? Frente al sistema de consumo, quizás ellos solos representen muy poco. Pero...¿qué pasaría si iniciativas como las de ellos se empezaran a multiplicar? Mientras tanto, es imposible no conmoverse con la labor de estos líderes silenciosos en medio de una lógica mundial que parecería olvidar que estamos contra la hora.

En la próxima entrega de esta serie, revisaremos experiencias en Lima, Perú.

 

 

Daniel Meza

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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