¿El porno o el clima?

El cine online para adultos y plataformas de streaming como Netflix generan 300 millones de toneladas de dióxido carbono al año, o cerca del 1% de las emisiones globales. Es decir, producen tanto como Chile o Bélgica

¿Ves Netflix o consumes porno a menudo? Tenemos noticias para ti: no solo te diviertes o autosatisfaces; también produces cantidades descomunales de CO2.

La transmisión y el consumo de videos en Internet genera 300 millones de toneladas de dióxido carbono al año, o cerca del 1% de las emisiones globales. Los servicios de series y películas en streaming como Netflix, representan un tercio de aquello, con videos porno en línea generando otro tercio. Esto significa que el total de personas viendo videos porno producen tanto dióxido de carbono como lo emiten países como Bélgica, Bangladesh o Chile. 

 

N+1: MtCO2e Videos online vs. Países. Como se puede ver en la gráfica, basda en datos de The ShiftProject, la generación de gases de efecto invernadero por el total de videos transmitidos online es equiparable a la porción emitida por España. Ocurre lo propio con los videos porno, cuyo monto de emisión de estos gases se asemeja a la de Chile. 

Al menos esa es la interesante y estremecedora conclusión del think tank francés The Shift Project. Antes, el mismo grupo estimó que las tecnologías digitales producían 4% de gases de efecto invernadero y que esto podría acrecentarse al 8% en el 2025. 

¿Dejarías de ver tu serie favorita o reducirías tus niveles de promiscuidad televisiva para favorecer al clima?

Ahora, dicho proyecto ha estimado el CO2 generado sólo por los videos. Los autores usaron reportes del 2018 por compañías Cisco y Sandvine para analizar en el tráfico global de Internet. Luego estimaron cuánta electridad fue usada para producir esta data en video y verla en distintos dispositivos, desde teléfonos hasta televisión. 

 

Finalmente, estimaron las emisiones promedio usando medidas estándar de emisiones por generación de electricidad. 

Solo los videos online representaron el 60% flujo de la data global el 2018, indica el reporte, o 1 zettabyte (1021 bytes). La definición en el reporte de videos online no incluía, por ejemplo, la transmisión de videos por Skype, “chicas en la cámara”, o la telemedicina, que representa otro 20% del flujo global de datos. 

 

El cambio a videos de mayor calidad, como la resolución 8K, solo contribuirá a aumentar las emisiones. Lo mismo podría ocurrir con el lanzamiento de servicios de transmisión de juegos, como el Stadia de Google, pero el informe no procuró estimar su impacto.

¿Para qué tanta definición?

Los autores piden medidas para limitar las emisiones de los videos en línea, como evitar que se reproduzcan automáticamente y no transmitir videos en alta definición cuando no sea necesario. Por ejemplo, algunos dispositivos ahora pueden mostrar resoluciones más altas de lo que las personas pueden percibir. El informe dice que la regulación será necesaria.

Las estimaciones son ampliamente coherentes con otras, dice Chris Preist, de la Universidad de Bristol, Reino Unido, quien estudia la sostenibilidad de la tecnología y fue consultado por NewScientist.

Redefinir nuestros patrones de consumo tecnológico

“Esto demuestra una vez más la necesidad de que los diseñadores de servicios digitales piensen cuidadosamente sobre el impacto general de los servicios que brindan”, manifestó Preist. 

En su informe Hacia la Sobriedad Digital (octubre 2018), The Shift Project estima que si bien hoy las tecnologías digitales producen 4% del total de gases de efecto invernadero, estas podrían incrementarse al 8% en el 2025. Propone una línea de evolución de sobriedad digital, la cual nos permitiría ralentizar el proceso de incremento de emisiones.

“Para las personas, actualizar nuestros dispositivos con menos frecuencia, poseer menos dispositivos y no exigir una conexión a Internet móvil de alta calidad en todas partes son probablemente las acciones más importantes que podemos tomar".

Para limitar el cambio climático, necesitamos reducir el consumo de energía, dice uno de los autores del informe, Maxime Efoui. “La producción de nueva infraestructura energética genera emisiones, incluso si la electricidad producida es eventualmente renovable”, dice.
 

 

 

 

Daniel Meza
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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