Delirio social

¿Qué es la medicalización de la educación y de la sociedad y por qué es peligrosa en la actualidad? Un texto sensible e ilustrativo de la investigadora brasileña Thaís Goldstein

 

En un mundo que favorece las apariencias, la productividad, la competitividad y la adaptabilidad de los sujetos a todo tipo de situaciones, descartando y estigmatizando a aquellos que no encajan, no hay nada más lógico que considerar las fragilidades humanas como completamente desprovistas de valor y dignidad. Experiencias como la tristeza, el sufrimiento y la angustia, modos propios de vivir, base de reposicionamientos existenciales, se han convertido en enfermedades o trastornos que necesitan tratamiento: ya no decimos “estoy triste”, sino “estoy deprimido”. Ya no aprendemos con la tristeza y la angustia, sino que buscamos eliminarlas con antidepresivos, ansiolíticos y recetas motivadoras para el bienestar y el éxito personal (que no consideran nada los saberes, experiencias y participación activa que de quien padece del malestar). Aprendimos a verlas como obstáculos que amenazan la vida y que por lo tanto deben eliminarse. La patologización de la experiencia y de las formas de sentir y actuar es una de las facetas más evidentes del fenómeno de la medicalización. Enfrentar los procesos de medicalización de la educación es abarcar campos de preocupaciones científicas, éticas y políticas.

 

Pero al fin ¿qué es la medicalización?

Medicalizar es un término que tiende a confundirse con “medicar” en el sentido de prescribir o tomar medicamentos. Sin embargo, es un error, pues la medicación puede ser necesaria cuando estamos enfermos. Muchos también asocian el término con el abuso de medicamentos, generalmente psiquiátricos, especialmente en niños con supuestos trastornos de aprendizaje y/o de comportamiento. Esta práctica llamada “medicamentalización” es una de las expresiones de medicalización, fenómeno más amplio, más complejo e histórico.

Viegas, Gomes y Oliveira (2013) entienden que medicalizar significa trasladar a esferas individuales, biológicas y de salud temas que son sociales, culturales y políticos. Por lo tanto, el problema no se reduce al uso o abuso de medicamentos, sino que implica reducir la complejidad de la vida para aspectos específicos de salud personal, siendo la patologización su faceta más sombría.

Podemos decir que la medicalización encuentra terreno fértil para florecer en la Modernidad, porque una de sus marcas es la confrontación de la fe (en Dios) con la razón (científica). A comienzos del siglo XIX, la medicina todavía no distinguía entre enfermos y criminales, alienados y delincuentes: en el proceso de institucionalización todos estaban bajo el mismo techo. Con el tiempo los separaron, pero la lógica de segregación persistió.

Experiencias como la tristeza, el sufrimiento y la angustia, modos propios de vivir, base de reposicionamientos existenciales, se han convertido en enfermedades o trastornos que necesitan tratamiento, nos dice Thais Goldstein

El discurso médico recibió estatuto de verdad incuestionable. En Brasil, por ejemplo, a principios del siglo XX, debido a la efectividad de la vacunación y del higienismo para erradicar enfermedades y reducir la mortalidad infantil, la sociedad pasó a dar a la medicina el poder de definir lo que era normal y patológico, incluso valiéndose de criterios morales, raciales, de clase, de género, etc. Por tanto, se puede ver que el higienismo también reforzó prejuicios, segregación y eugenesia (ideología de la pureza racial). Franco Basaglia (2009), exponente de la Psiquiatría Democrática Italiana, usó la expresión “islas de exclusión y reclusión” para abordar la historia del poder médico en la sociedad, que prontamente reconoce y prescribe manicomio para el “enfermo del espíritu” y prisión para los “desviados moralmente”. Hasta el día de hoy, los asilos y las cárceles han sido territorios de violencia respaldados por la medicina y utilizados principalmente en contra de la población pobre y negra.

En la ciencia el término “medicalización” comenzó a usarse en la década de 1960, pero en 1970 entró en estudios sociológicos sobre salud y enfermedad. Autores como Ivan Illich, Irving Zola, Ronald Laing, Thomas Szasz, Michel Foucault usan este término cuando critican el poder otorgado al conocimiento médico en la sociedad como forma de control social; el modelo biomédico reduccionista y patologizante de comprender los problemas de la vida, y el hecho de que diversas áreas de saber son subordinadas al saber médico.

“Vivimos en una época en que la medicalización avanza rápidamente en todas las esferas de la vida, ocultando las desigualdades al convertirlas en problemas individuales inherentes al sujeto, generalmente en el plano biológico”. (Moyses & Collares, 2014).

Medicalizar significa trasladar a esferas individuales, biológicas y de salud temas que son sociales, culturales y políticos

Podemos entender la medicalización como un proceso mediante el cual temas de la vida (contextos multifactoriales, marcados por contextos culturales, sociales e históricos) se reducen a cuestiones individuales, que asocian lo que no es apropiado para las normas sociales con una supuesta causalidad orgánica o psíquica, manifestada en la enfermedad del individuo.

Sin embargo, cuando uno identifica el malestar entendiéndolo como una patología, pierde de vista la dimensión política y social que también forma parte del proceso de sufrimiento y enfermedad de las personas. Se ignoran los impactos subjetivos de fenómenos como la desigualdad social, el racismo, el machismo, la LGTBfobia, la hiperconexión en medio de la soledad, el productivismo dañino, la competitividad, la aceleración y la trivialización de procesos, la pérdida de derechos sociales, pérdida de referencias sobre autoridad y verdad, situaciones que  se constituyen como organizadores de la subjetividad, entre otros.

La Carta Abierta producida en el IV Seminario Internacional “Educación Medicalizada: desvelar el mundo, perturbar los sentidos” (Salvador, 2015) señala que la medicalización se presenta como una lógica que afecta a diferentes segmentos sociales, en un mundo determinado por la división social, por el desempleo estructural y la meritocracia como explicación / fracaso individual.

 

Segmentos sociales a los que apunta la medicalización hoy

▶ Estudiantes vistos como incapaces de aprender y/o adaptarse a las reglas sociales en escuelas a menudo desmanteladas;

Personas homosexuales y transgéneros cuyas orientaciones e identidades sexuales son patologizadas;

Gestantes y parturientas a menudo son blanco de prácticas obstétricas invasivas y contraindicadas. Brasil es el líder mundial en cesáreas, con el 57% de procedimientos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda hasta el 15%;

Personas enlutadas: el DSM-V indica que después del día 16, es considerado cuadro de depresión.

Trabajadores en entornos hostiles y competitivos, en condiciones precarias: muestran síntomas de pánico y depresión;

Personas desempleadas: se sienten mal por la falta de una perspectiva de una vida digna en el futuro;

Ciudadanos en general: la medicina centrada en la enfermedad y el miedo conduce a la prescripción excesiva de pruebas y procedimientos de daño iatrogénico (Prevención Cuaternaria).

 

La faceta más ostensiva de la medicalización se muestra en el aumento considerable de niños y adolescentes diagnosticados con trastornos como: Dislexia, Trastorno de Oposición Desafiante (TOD), Trastorno del Espectro Autista (TEA) y Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). En el caso del último supuesto trastorno neurológico (“supuesto” porque no hay consenso sobre su existencia en el entorno científico), el diagnóstico es realizado a partir de un cuestionario llamado SNAP IV, con 18 preguntas “vagas, inexactas, mal formuladas, descontextualizadas y absolutizadas”. (Moyses & Collares, 2014). Moyses, que es médica pediatra, investigadora y profesora universitaria (UNICAMP), contraria al pensamiento médico hegemónico problematiza los efectos del clorhidrato de metilfenidato (medicamento generalmente recetado para niños diagnosticados con TDAH), afirmando que se parece a las anfetaminas. A corto plazo, aumentan las actividades del sistema nervioso central (por lo que es ampliamente utilizado por los jóvenes que hacen pruebas y concursos), aunque a mediano y largo plazo causan problemas metabólicos, cardiovasculares, psiquiátricos, de adicción, etc.

Los datos estadísticos recopilados y analizados por el Foro sobre Medicalización de la Educación y la Sociedad junto a la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (ANVISA) revelan un aumento exorbitante en la venta de medicamentos psiquiátricos entre 2007 y 2014. Y esto no es solo en Brasil, sino también a escala mundial.


Aumento exorbitante en la venta de medicamentos psiquiátricos entre 2007 y 2014. ANVISA.

 

En la sociedad del rendimiento y la competitividad sentir ira, angustia o dolor se asocia rápidamente con pérdida de tiempo. La tristeza y el dolor se convirtieron en depresión. Los trabajos que enferman son problemas del individuo con Síndrome de burnout. Los sujetos inquietos son vistos como enfermos en un mundo social que generalmente no se percibe como hiperactivo. La trivialización del dopping de niños y jóvenes, el uso generalizado de ansiolíticos por parte de adultos, el aumento del número de farmacias en las ciudades (en lugar de bibliotecas, centros culturales y deportivos, áreas de ocio, etc.) son aspectos de la medicalización contemporánea.


Mayores fabricantes de Clonazepam, 2013. ONU.

 

Para cerrar: un reposicionamiento de la cuestión de la medicalización frente al malestar contemporáneo

Finalmente, es importante decir que no se puede negar la existencia de personas que tienen enfermedades reales y que, al padecerlas, requieren tratamiento de salud. Sin embargo, es necesario problematizar elvhecho de que en el mundo contemporáneo, numerosos problemas atribuidos a los individuos (comportamiento, aprendizaje, adaptación social, etc.) son expresiones de un mundo éticamente fracturado y enfermo, que inevitablemente produce sufrimiento y enfermedades en los individuos, alimentando un nicho mercado a algunos profesionales y empresas (especialmente la industria farmacéutica).

Concluyendo, para transformar esta realidad inhóspita y éticamente fracturada es necesario inventar formas de superación en esferas políticas, académicas, artísticas y afectivas:

▶ Reconocer y desnaturalizar los procesos de patologización del sufrimiento y medicalización de la vida.

▶ Luchar por la garantía de derechos básicos y fundamentales como vivienda, trabajo, seguridad, ocio, salud y educación de calidad que brinden dignidad a los ciudadanos.

▶ Superar las profundas desigualdades sociales en los régimenes neoliberales y saber cómo problematizar la medicalización como un fenómeno que silencia la diversidad y dociliza los cuerpos/sujetos fueradelpatrón esperado en un mundo enfermizo.

▶ Enfrentar y denunciar, con. sensibilidad, sabiduría y coraje, las diversas formas de violencia (de la evidente a la sutil) que cosifican personas, burocratizan relaciones, anestesian la sensibilidad y tercerizan responsabilidades a los “especialistas”.

▶ Confiar en la sabiduría que tenemos, en la de nuestros antepasados, compañeros y descendientes, para crear formas de no sucumbir al terror de nuestros tiempos, que nos medicaliza y, en cierta medida, nos deshumaniza.

 

Thaís Seltzer Goldstein, investigadora y doctora en Psicología Escolar y de Desarrollo Humano (IPUSP) de la Facultad de Educación de la Universidad Federal de Bahía (FACED - UFBA), colaboradora junior especializada educación y sociología del Club N+1 para la Popularización de la Ciencia.

Este artículo ha sido publicado originalmente en N+1, ciencia que suma.

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Cláusula de divulgación

Thaís es profesora adjunta de la facultad de Educación de la Universidad Federal de Bahía (FACED-UFBA) y miembro del Fórum sobre Medicalización de la Educación y de la Sociedad (Núcleo Bahía).

 

Referencias bibliográficas

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GUARIDO, R. “O que não tem remédio, remediado está?”. In Educação em Revista . Rev. [online]. 2009, vol.25, n.1, pp.239-263

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SOUZA, M. P. R. “Problemas de Aprendizagem ou Problemas de Escolarização” In Psicologia, Educação e as Temáticas da Vida Contemporânea. Ed. Moderna, São Paulo, 2008.

“Retornando à patologia para justificar a não aprendizagem escolar: a medicalização e o diagnóstico de transtornos de aprendizagem em tempos de neoliberalismo. In CRP/SP Medicalização de crianças e adolescentes Conflitos silenciados pela redução de questões sociais e doenças de indivíduos. Ed. Casa do Psicólogo, São Paulo, 2010.

VIÉGAS, L. S., OLIVEIRA, E. C., RIBEIRO, M. I. S., TELES, L. A. L. Medicalização da Educação e da Sociedade Ciência ou Mito? Ed. Edufba, Salvador, 2014.

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