El Hollín y la revancha de su imperio perdido

Fuente: Gerd Altmann - Pixabay

El hollín o black carbon, ese talco negro de las chimeneas o de los caños de escape, ha sido el propulsor de uno de los episodios de cambio climático transitorio más grandes de la historia de nuestro planeta. Estudios recientes indican que la masiva extinción del Mesozoico fue provocada por la descomunal cantidad de hollín emitida durante los incendios de la época. Todo se puso color de hormiga: la oscuridad apagó la vida lenta y agonizantemente. Y aún continua ofreciendo estragos.

Pero el hollín es un personaje prácticamente anónimo ante la monopolizada causa de nuestro cambio climático actual. ¿Qué es exactamente? Primo hermano del dióxido de carbono, el hollín es un potente agente de calentamiento, fruto negro de la quema incompleta de los combustibles fósiles y biomasa muerta. Cuando la combustión es total, todo el carbono del combustible se convierte en CO2. Pero este proceso nunca se completa al 100%, y entonces se forma una mezcla compleja de material particulado, monóxido de carbono, metano, óxidos de nitrógeno, gases precursores del ozono, compuestos orgánicos volátiles, y otros gases de efecto invernadero.

Este contaminante impalpable presenta una fugaz vida útil en la atmósfera de 4 a 12 días. Durante este breve período puede desencadenar importantes impactos directos e indirectos a todo nivel ecosistémico, ya que su tasa de calentamiento por unidad de masa es 460 a 1500 veces mayor que la del CO2. Mitigar este forzador climático de "corto plazo" puede desacelerar el calentamiento global en los próximos 40 años, quizás entre un 0.1 y 0.2°C.

 

Fuente: CCACOALITION ORG

El crematorio de los dinosaurios

Hace 66 millones de años un asteroide impactó en la actual península de Yucatán, México. Como una antorcha sin piedad, abrió paso a una hoguera hambrienta de flora voluminosa, inyectando en la atmósfera 70.000 Teragramos (1Tg = 1012g) de hollín, de acuerdo con una investigación publicada en PNAS. Éste, se calentó con la luz solar y se elevó a grandes alturas, constituyendo una espesa capa de aerosol que duró largos años. La marchitez de la fotosíntesis, el severo enfriamiento de los continentes y océanos, el calentamiento de la estratosfera y la consecuente destrucción de la capa de ozono fueron las secuelas de un planeta incinerado. Estas condiciones habrían causado el colapso de la cadena alimentaria y habrían contribuido a la extinción de las especies supervivientes al meteorito. La transitoria perturbación climática concluyó cuando la estratosfera se enfrió y sobresaturó, causando una deshidratación rápida que eliminó todo el hollín remanente por deposición de la humedad. Y todo volvió a la quietud perfecta de la ausencia de vida.

 

Capítulo Siglo XXI: Operando desde las sombras

En la actualidad, el hollín continúa sus labores fiel a su estilo global. Transportado desde latitudes más bajas y depositado sobre regiones polares, actúa como un efectivo agente de absorción de luz, calentando y catalizando la fusión de las masas glaciares. Es decir que reduce significativamente el albedo de la superficie terrestre y con ello se retroalimenta el efecto invernadero. La pérdida desequilibrada del hielo es una preocupación insoslayable en regiones como el Himalaya, que suministra agua a billones de personas. El Glaciar Gangotri en la India, es un perfecto ejemplo de detrimento.    

Suspendido en la atmósfera, el hollín contribuye al calentamiento al convertir la radiación solar entrante en energía calórica, influyendo en la formación y circulación de las nubes, y modificando los patrones de lluvia. Las consecuencias de estos eventos se traducen en la interrupción de los monzones, fenómenos esenciales para la agricultura en grandes partes de Asia y África.

Y además, las partículas de hollín son componentes clave en la contaminación del aire que respiramos. 2,5 micras o Materia Particulada 2.5 es la clasificación que le corresponde a su diminuto tamaño: una micra equivale a la milésima parte de un milímetro. Imperceptible como un ácaro, el hollín penetra fácilmente en el aparato respiratorio y se deposita en los alvéolos pulmonares. Puede llegar incluso al torrente sanguíneo, transportando metales pesados y otros compuestos tóxicos. Las PM2.5 son la principal causa ambiental de aproximadamente 7 millones de muertes prematuras por año debido a enfermedades cardíacas y respiratorias crónicas (bronquitis, neumonía y asma agravada), sin descartar derrames cerebrales.

En las últimas décadas, las emisiones de hollín han disminuido gracias a estrictas regulaciones de calidad del aire (en el 2015 se emitieron cerca de 6.6 millones de toneladas). Sin embargo, aún existe un aumento acelerado dado que muchos países en desarrollo carecen de regulaciones eficientes. Actualmente, Asia y África aportan más del 75% de las emisiones globales.

Fuente: IIASA GAINS

Las principales fuentes de hollín provienen de los motores diesel y de la quema de biomasa para cocinar y calentar. Se requiere entonces un reemplazo urgente de las estufas tradicionales de cocción por estufas de biomasa de combustión limpia. Los hornos industriales de coque y los de ladrillos deben actualizarse para emplear tecnologías alternativas. Se deberán implementar filtros en vehículos diesel y eliminar la quema a campo abierto de residuos agrícolas.

La Organización Meteorológica Mundial junto con el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas apoyan continuamente la implementación de medidas de control, que de implementarse globalmente para el 2030, podrían disminuir las emisiones de hollín en hasta un 80%. Se trata de ganar tiempo descomprimiendo una olla a presión.

Si es difícil imaginar la invisible presencia del dioxido de carbono, pues el hollín es su estela quieta.

 

Sofía Dottori Fontanarrosa

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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