La pandemia y el fin del mundo moderno (II)

Segunda parte de un repaso histórico sobre las corrientes de pensamiento que dieron forma a la civilización y que hoy nuevamente son puestas a prueba

 

Segunda parte de un repaso histórico sobre las corrientes de pensamiento que dieron forma a la civilización y que hoy nuevamente son puestas a prueba

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¿Hacia la barbarie?

La situación del mundo previo a la pandemia no era la más óptima para los millones de seres humanos que lo habitaban y ahora esta imagen recrudece y ensombrece el futuro de millones de personas al contemplar un futuro desolador ante la paralización mundial.

Un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura prevé algunas medidas con las cuales contrarrestar una posible crisis alimentaria. De momento indica que se desconoce el impacto real en los sistemas alimenticios, pero sí se sabe que tendrá efectos negativos en los diferentes agentes de la cadena de suministros tales como productores, transportistas y procesadores. Por dicho motivo está buscando donantes que le ayuden a conseguir los 100 millones de dólares que costaría asegurar la continuidad de la cadena de suministros y preservar la asistencia y la producción de alimentos para poblaciones en riesgo.

Agreguémosle el inoportuno enjambre de langostas del desierto que se ha desatado en el este de África y que ha arrasado con 200 mil hectáreas de cultivo de trigo y maíz en Etiopía. Esta plaga amenaza a todos los países de la región, pues habría iniciado su rumbo hacia Somalia, Kenia, Eritrea, Uganda, Sudán del Sur, Tanzania y otros. Una emergencia alimenticia internacional se estaría avecinando.

Puede que ciertos atisbos de barbarie se estén manifestando desde ya. En distintas zonas de la Ciudad de México han sido perpetrados saqueos, así como se han prevenido otros tantos que eran planeados y gestionados por redes sociales. Incluso en Italia, los robos a compradores con víveres se vuelven acontecimientos cada vez más frecuentes al igual que los llamados a revueltas y saqueos de personas que aducen no tener más dinero para comprar productos con que saciar el hambre.

En países más pobres las restricciones y medidas de distanciamiento han comenzado a afectar de modo más severo a la comunidad. En Nairobi, Kenya, se registró a inicios de Abril una estampida durante una distribución de raciones de alimentos.

Para nuestro pesar, la mezquindad nacionalista y tribalista no ha quedado de lado del todo. Motivados por el temor y tentados por el poder, algunos mandatarios están optando por actitudes que no contribuyen a la recuperación de la comunidad mundial. Un total de casi 69 países ha restringido o prohibido la exportación de equipos médicos según el Global Trade Alert. Países como Francia, Alemania, Pakistán, Sudáfrica, Taiwán o la India han tomado esta iniciativa.

Cualquiera podría justificar que lo prioritario para cada país es su población, pero no debemos olvidar que o de los problemas del proteccionismo económico es que no solo desabastecería los mercados internacionales, perjudicando a los países que dependen de insumos o equipos médicos extranjeros, sino que encarecería a nivel local los recursos existentes y haría colapsar los esfuerzos particulares por enfrentar la pandemia, lo cual crearía focos de infección mayores. Sin considerar la bola de nieve de desconfianza que se suscitaría entre países.

Incluso los esfuerzos de la Academia se ven minados por iniciativas recientes. El departamento de ciencia y tecnología del Ministerio de Educación de China anunció hace poco que las investigaciones científicas relacionadas al Covid-2019 y sobre todo aquellas que analicen su origen, serán revisadas minuciosamente y podrían ser sometidas a veto.

Estos son indicadores de que el camino hacia la barbarie no está del todo descartado. Uno de los escenarios más extremos, según Zizek, sería la legitimización de las poblaciones de políticas radicales en las que se tomen decisiones al estilo nazi en que se opte por rejuvenecer a las naciones y se abandonen a las poblaciones vulnerables a su suerte. Una especie de “decisión racional” para garantizar que los recursos cubran la necesidad de quienes tienen más posibilidad de aportar al futuro.

Pareciera que nos acercamos a un estado de “sálvese quien pueda”, que definitivamente aviva la sombra de individualismo colectivo (nacionalismo). Si se desata una crisis alimentaria y los saqueos y reclamos por hambre y escasez de alimentos se intensifican y la comunidad internacional no actúa con contundencia, podríamos sumirnos en la barbarie.

De momento en algunos países se están tomando medidas de emergencia humanistas, como la asunción de la administración pública del sistema sanitario privado en Irlanda, y otras desproporcionadas que socaban los principios democráticos, como la entrega de poderes extraordinarios al Primer Minsitro húngaro Viktor Orban. Para algunos esta es una contienda entre la democracia, la elección libre y la seguridad individual contra el gran Estado soberano, el Leviatán que trata a sus ciudadanos como rebaño.

No obstante ello, proyectándose a cuando finalice la pandemia, Fukuyama vaticina que la dicotomía entre democracias y autoritarismos no será tan evidente, sino que se verán distintos matices de concentración de poder, cada cual con variada funcionalidad. Como lo indica, lo exitoso de cada modelo de gobierno dependerá de qué tanta confianza posee el pueblo en las decisiones, habilidades, conocimiento e imparcialidad de las acciones y del poder que los regímenes deleguen en sus funcionarios. Situación que apuntaría a que pueda ser el momento para considerar un punto intermedio entre un Estado disminuido con nulo gasto público nulo y un Estado acaparador de los medios productivos, esto con tal de poder reactivar las economías nacionales.

Una vez más el clima político internacional se muestra indeciso. Los países deben decidir entre cooperar con la nave planetaria o aislarse y condenarnos. Es importante la reflexión en torno a nuevas medidas ya que, el mundo en el que vivimos, les guste a muchos o no, realmente se necesita. La retórica aislacionista de los pasadistas es solo un mecanismo para acceder al poder que debe ser superado por el bien de la especie humana.  

 

Nueva Ilustración

Para superar la crisis debemos volver a los cimientos de la modernidad. La Ilustración nos legó un proceso que hoy, más que nunca, debería continuar. La confianza en la razón y la ciencia, la lucha por la democracia y la libertad, la defensa de los derechos individuales, así como la visión de una comunidad humanista capaz de interactuar como miembros de una misma gran familia fueron sus principales aportes. Aquellos son los cimientos de la sociedad moderna, los ideales que muchos intelectuales y ciudadanos comparten y que hoy se asoman como valores que deben acompañar y guiar cada una de nuestras acciones.

 

Dos soluciones: ciencia y humanismo 

Esta pandemia ha puesto de manifiesto la urgencia porque la comunidad científica tenga un rol político más activo y porque la ciencia adquiera un papel prioritario en la educación. Más ciencia es fundamental para el desarrollo social.

Actitudes de negación como las de Trump y Bolsonaro no pueden volver a suscitarse. El menoscabo que del virus expresaran ambos mandatarios, así como su rechazo expreso a ejecutar medidas de distanciamiento social, han tenido un costo social y político altos. A Estados Unidos la actitud que con no poca razón Kahhat ha denominado como “medieval”  de la administración Trump lo ha convertido en el nuevo foco de infección a nivel mundial; por su parte, las exigencias de rechazar el aislamiento social de Bolsonaro, lo han hecho perder lentamente el apoyo político y militar.

La enseñanza es obvia: el nacionalismo, el populismo y el negacionismo han demostrado los efectos de su terrible influencia una vez más (sin olvidar las guerras y masacres de antaño en nombre de banderas y caudillos hambrientos de poder), una sociedad más científica e informada es lo que necesitamos.

No solo las decisiones políticas de gran alcance minan los esfuerzos mundiales por sobrellevar esta crisis, sino la desinformación en general. Los fake news y la desinformación científica han abundado en las redes sociales. Pseudoterapias y pseudociencias han aprovechado la oportunidad para expresar sus arriesgadas recomendaciones y sus falsas soluciones milagrosas. Al igual que la irresponsable retórica conservadora y tradicionalista vista en comunidades religiosas extremistas, estas actitudes solo aumentan el riesgo de contagio, lucran con la necesidad y difunden la ignorancia. Como escribiera el filósofo ilustrado Helvetius, L’education peut tout (la educación lo puede todo), una verdadera educación científica y cimentada en la promoción del pensamiento crítico, vuelve a ser una prioridad tan básica como el acceso al agua.

 

Nueva política mundial

Es importante ser sinceros. Tal cual menciona Zizek, la pandemia ha dejado en claro no solo las fatídicas consecuencias de los nacionalismos y los populismos, sino que, y en esto coincide con Dugin, también ha dado muestra de las limitaciones de la globalización y del libre mercado, tanto como de las Instituciones Supranacionales como la Organización Mundial de la Salud.

Algunos autores han ido anunciando desde hace algún tiempo atrás la necesidad de fortalecer la solidaridad, la cooperación y la gobernanza globales. Harari, antes de publicar su libro Homo Deus, aseveró la necesidad de que la humanidad se encuentre más unida para hacer frente a problemas de talla mundial como el calentamiento global o la crisis laboral por la introducción de inteligencias artificiales y que para ello se requeriría un sistema político globalizado. El recientemente fallecido Mario Bunge, también era partidario de una política humanista internacional, pues a lo largo de su obra se expresa a favor de un gobierno global más equitativo, , eficaz y democrático que el actual, uno capaz de lidiar no solo con los problemas políticos, sino con problemas como una posible pandemia u otras amenazas naturales.

Fortalecer la capacidad de acción de las instituciones supranacionales podrá prevenirnos de mayores catástrofes en el futuro, sin embargo, semejante idea solo podrá ser fecunda si la renovación de organizaciones como la ONU asegure que estas instituciones sean capaces de no ceder ni dejarse azuzar por presiones políticas e intereses particulares. Ello requiere un cambio completo de mentalidad, requiere de un pensamiento más humanista en el mundo.

 

Nuevo horizonte político

No hay tiempo para discutir sobre la importancia del honor de una bandera y de las tradiciones cuando el hambre y la muerte amenazan a millones de personas. Pensar en generar más riqueza es igual de mezquino que aprovechar la crisis para desmantelar los avances de integración que, aunque necesitados de reforma, hemos emprendido el último siglo. Volver al pasado feudal no es una opción.

La interdependencia de gobiernos es de suma importancia para evitar más decesos y superar esta crisis. Tal cual indica la editorial de la revista Nature, para combatir la pandemia los países deben seguir las recomendaciones de la OMS, sobre todo por su experiencia acumulada en casos anteriores como los brotes de SARS o ébola; debe ponerse fin al secretismo de Estado y compartir los datos y estudios que los investigadores estén ejecutando, ya que a mayor cantidad de información, mejores decisiones podrán ser tomadas; y, finalmente, emprender una mayor cantidad de acciones colectivas o de cooperación internacional.

Según Zizek la alternativa debiera ser una forma distinta de comunismo, una versión que permita al Estado tener un rol más activo para organizar la producción de elementos básicos y permitir la supervivencia de la mayor cantidad de gente y la forja de una cooperación internacional con capacidad de organizar a las naciones para producir y compartir los recursos entre los necesitados.

Por su parte, Naomi Klein, indica que este tiempo debería hacernos reflexionar sobre el rol del hombre en la naturaleza, pues es fundamental entender que urge construir una nueva sociedad basada en el respeto del medio ambiente y en el refuerzo de los olvidados sistemas sanitario y educativo. Incluso vislumbra esta pandemia como la oportunidad para virar hacia un nuevo modelo económico y evitar que sean los trabajadores y la gente común quienes paguen las consecuencias de la parálisis económica y la asistencia al sistema financiero. Su recomendación es clara: el colectivo debe aprovechar y prepararse a estar listo para alzar su voz de protesta.

Quizás este sea el mejor momento para emprender la revolución humanista de Miró Quesada Cantuarias. Aquella que hereda el pensamiento Ilustrado y busca una sociedad justa en la que los hombres sean verdaderos fines y no medios con los que lucrar o justificar ambiciones políticas. Se trata de una revolución sin violencia y amparada bajo el calor de la razón y de la ciencia. Iniciarla para construir la democracia integral del Humanista Mario Bunge debe ser parte de nuestras metas tras la pandemia.

¿Por qué el Humanismo de la Ilustración y no el nacionalismo antiglobalización? Como diría el padre del Humanismo moderno, el filósofo Paul Kurtz: “Es el humanismo [que aboga por los derechos humanos, la libertad de pensamiento, la tolerancia y el respeto para todos] el que ofrece al mundo una base universalista para la comunidad mundial.”  

El fin de la modernidad ha sido anunciado en múltiples ocasiones. Antes de la Segunda Guerra Mundial el modelo económico corporativista y el totalitarismo nacionalista se habían erigido como ejemplos a seguir, idea similar se poseyó con el auge del socialismo y la aclamación del inminente fin del modelo económico globalizado, pero la modernidad triunfó un tanto maltrecha (sic) (Kahhat, 2020). Ahora, la Nueva Ilustración debe ser nuestra bandera para construir el mundo inclusivo y humanista que queremos. 

 

Conclusión

Más allá de ideales y oportunidades, lo cierto es que algunos países se recuperarán de la crisis, otros, se desplomarán y nuevos conflictos sociales se avivarán. El futuro es incierto y el destino del mundo tras la pandemia dependerá de las decisiones que tomen los gobernantes, los líderes de opinión, los líderes políticos y la población en general. Dependerá únicamente de nosotros el permitir que el oscurantismo antimodernista y reaccionario retorne o buscar la renovación de los ideales humanistas e Ilustrados en la sociedad. O feudalismo o modernidad. No dejemos que este sea el fin de la modernidad.

 

Piero Gayozzo es Colaborador Especializado del Club N+1 para la Popularización de la Ciencia. Fundó y actualmente es Sub-Director del Instituto de Extrapolítica y Transhumanismo (IET).

Este artículo fue publicado originalmente en la Revista Peruana de Filosofía Aplicada Nro. 17 “Filosofía de una Pandemia” el día 19 de Abril del 2020. ISSN 1024-1531. 

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