Cuando la tecnología desterró a la libertad (futurismo)

El progreso de la humanidad significó tecnología en lo cotidiano. La imaginación edificó la era ‘smart’ con teléfonos, hogares, prótesis y más. Sin embargo, nadie calculó que la tecnología sería el zombi mercenario que diera muerte a la libertad.

La codicia -de quien busca el poder- es controlar la información y las plataformas tecnológicas de entidades privadas y estatales. Por ello, las autoridades decidieron que el pensamiento -así como las computadoras- tienen datos intangibles que deben ser monitoreados para evitar amenazas. Desde entonces: la libertad sufrió de persecución.

Se estableció que todo dispositivo conectado a lnternet tendrá que ser vigilado. Señalan que es para proteger a aeropuertos, trenes, plantas nucleares, hidroeléctricas y hasta marcapasos. Se llegó a un nivel de paranoia total, de vigilancia absoluta, la pérdida de la intimidad y del libre pensamiento.

El inicio del control

Una vez controlada Internet y autentificadas las personas con documentos electrónicos de identidad (DNI), se decidió dar un paso mayor. Todo empezó en 2003, cuando se implantó un chip en el cerebro de Matthew Nagle y, posteriormente, con el prototipo mejorado del Instituto Tecnológico de Tokio en 2010, empezando el génesis en investigación de chips cerebrales lectores del pensamiento. Cabe señalar que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, aprobó la implantación del microchip como reforma sanitaria para 2013. Tiempo después, Intel e IBM lanzan al mercado ‘apps’ cerebrales que los Gobiernos volvieron de uso obligatorio, ya que sin el chip no se podría acceder a servicios de primera necesidad.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó las aplicaciones cerebrales para mejorar la calidad de vida. Las aplicaciones pueden almacenar momentos del día, identificar y diagnosticar cambios en la salud, combatir el parkinson, alzheimer, la epilepsia, las embolias, adicciones y descompensaciones químicas del organismo. Sin embargo, para obtener estos beneficios se debía sacrificar la intimidad. Los pensamientos de las personas, aunque no cometan delitos, serán fisgoneados.

Las ideas serán monitoreadas los 365 días del año y de encontrarse algún pensamiento riesgoso, el individuo será localizado de manera satelital, se guardarán las pruebas respectivas, se le abrirá juicio y se activarán funciones que limiten su vida. Los chips tienen diversos niveles de acceso, las personas comunes serán vigiladas las 24 horas y los políticos solo serán monitoreados si el filtro detecta un comportamiento inapropiado.

El caos empezó cuando un virus atacó a varios chips, desatándose una ola de ciberasesinos armados con un virus informático capaz de eliminar a cualquier persona. Al parecer la tecnología desterró a la libertad. ¿Estará todo perdido? Escuché que aún existen hombres libres que viven en secreto, ascetas que moran en remotos parajes naturales. La sociedad quiere ser nuevamente humana, un deseo que parece imposible luego que el planeta fuese configurado para interactuar con cada individuo bajo un ‘Número de Identificación Personal’ (PIN).

* Nota –
“Lo que ahora es demostrado, una vez solo fue imaginado”, escribió William Blake. Ficción y realidad para explicar una idea que en el futuro podría suceder.

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