La pérdida de dientes eleva el riesgo de demencia senil

A mayor pérdida de dientes durante la vejez, los problemas mentales tienden a agudizarse más. A esta conclusión llegaron los autores de un estudio en Japón publicado en el Journal American Geriatrics Society.

Yukihiro Sato, de la Universidad de Tohoku, y sus colegas de otras universidades japonesas estudiaron datos médicos de habitantes de 24 municipios de aquel país entre 2010 y 2013. En total, la muestra cubrió a más de 62 mil hombres y mujeres mayores de 65 años, cuyo promedio de edad era de 73. Estos individuos no cumplían con los criterios japoneses de cuidado geriátrico.

Los científicos dieron un cuestionario a los participantes en los que debían responder una serie de preguntas, dando información sobre: cuántos dientes tenían, su historial médico y mental, cuántas caídas tuvieron el año anterior, si fumaron y/o bebieron alcohol, su peso corporal, sobre qué tan bien se sentían para realizar actividades diarias. El cuestionario fue dado en dos momentos distintos (separados por un aproximado de dos y tres años).

Las preguntas sirvieron para analizar a los sujetos. Se utilizó el Índice de Competencia del Instituto Metropolitano de Tokio de Gerontología (TMIG-IC), que abarca tres aspectos: las actividades cotidianas, la actividad intelectual, y la vida social. Para ello, se usó una escala del 1 al 13, donde el 1 representaba funciones mentales más pobres, y el 13 las más altas.

Los resultados arrojaron variaciones entre ambos momentos de las respuestas. En el segundo cuestionario (el de seguimiento), el índice TMIG-IC declinó en un promedio de 0.247 puntos. Los resultados mostraron una clara relación dosis-efecto entre la pérdida de dientes y el declive de capacidades funcionales de alto nivel en distintos modelos estadísticos de análisis de resultados.

Asimismo, se notó un claro incremento de puntaje TMIG-IC entre los individuos desdentados y aquellos que tenían 20 o más dientes naturales (un adulto con dentadura completa tiene 32 dientes).

Los motivos de esta correlación aún no son confirmados, pero Sato sugiere que la pérdida de dientes es inevitablemente asociada con el debilitamiento de la salud, a las dificultades sociales que sufre un anciano para comunicarse a causa de una dentadura incompleta, y a la disminución de capacidades para consumir distintos tipos de alimentos, lo que disminuye funciones corporales.

No solo la dentadura, sino también otros factores pueden modificar y condicionar la salud en la vejez: según estudios, la genética y hasta la manera de ver el mundo son factores determinantes en esta etapa de la vida.

Daniel Meza

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