El trasplante de cabeza desata controversia entre científicos

Un estudio impulsado por el neurocirujano italiano Sergio Canavero –quien dice que pronto será posible realizar transplantes de cabeza en humanos– no ha convencido a algunos científicos y es materia de controversia. En su trabajo, Canavero reporta el caso de un perro que se recuperó con su tratamiento tras haber sufrido la ruptura de su médula espinal.

Para unir dos médulas –tanto en alguien que se rompió la médula o para conectar una cabeza trasplantada a un cuerpo donante– las puntas de miles de neuronas en el cordón nervioso deben encontrarse. Apretadas como spaghetti, si no se encuentran, se cruzarán y nunca formarán los conductos eléctricos que envían los impulsos nerviosos al cuerpo, sostienen observadores escépticos.


El neurocirujano Sergio Canavero.

En una serie de tres artículos científicos coeditados por Canavero para el Surgical Neurology International, investigadores coreanos y estadounidenses afirman que el químico polietilenglicol (PEG) puede ayudar a reconectar una médula espinal partida.

El equipo de C-Yoon Kim en la Universidad de Konkuk en Seúl, compañeros de Canavero, cercenaron la médula espinal de 16 ratones. Luego inyectaron PEG entre las puntas de las médulas separadas a la mitad de ratones (el resto recibió solución salina). Tras cuatro semanas, dice el estudio, 5 de 8 ratones recuperaron algo de habilidad de movimiento, en comparación al grupo de control.

En tanto, en la Universidad de Rice, en Texas, EE.UU., un equipo intentó perfeccionar la versión de Canavero. Su equipo creyó que podría mejorar el método añadiendo nanolazos de grafeno –un material electroconductivo que actuaría como un andamio para que las neuronas crezcan a lo largo de ellas.

A este método, los surcoreanos lo llamaron Texas-PEG y lo probaron en cinco ratas con columnas cercenadas. Otras cinco recibieron solución salina. Al día siguiente, los científicos notaron una pequeña cantidad de señales presentes en las ratas tratadas.

El estudio indica que una inundación en el laboratorio mató a cuatro de cinco ratas que mostraron recuperación y movimiento en sus patas. Dos días después de la cirugía, la rata restante movió voluntariamente sus cuatro patas; una semana después ya se podía parar; dos semanas después, ya podía caminar, pararse y alimentarse sola.

Un experimento final probó el PEG original en un perro, luego de que este tuviese una lesión cervical espinal, con su médula partida en un 90%, como cuando alguien recibe una puñalada en la médula. A tres días, el perro ya se movía débilmente; a dos semanas, podía arrastrarse; a la tercera, podía caminar, tomar objetos, y mover la cola. No hubo un individuo de control (otro perro de referencia sin el tratamiento) en este caso.

Según expertos consultados por Newscientist, “no se pueden aprender mucho de un animal sin el caso de control”. Otros indicaron que no hay evidencia contundente de que la médula haya sido cortada en un 90%, solo fotos, y que sería correcto ver la histología (un análisis de los tejidos) antes que nada.

Jerry Silver, un neurocientífico de la Universidad de Case Western Reserve, criticó que se haya reportado a cuatro animales muertos durante un aniego en el laboratorio. “Se debió hacer el estudio de nuevo”, sostuvo. “Estos estudios no respaldan a que lo apliquemos en humanos”, dijo Silver.

En cuanto al reto de Canavero sobre el transplante de cabeza, el especialista en ética médica Arthur Caplan, de la Universidad de Nueva York, sostuvo los últimos estudios sugieren que aún falta mucho. Completar un trabajo como este aún les tomará unos tres o cuatro años, dijo. Y unos 7 u 8 para probar algo como un transplante de cabeza.

Para Canevaro, quien avizoraba intentar un trasplante de cabeza el 2013, una cirugía así ayudaría a extender las vidas de personas cuyos músculos y nervios hayan degenerado o tengan cáncer.

Para llegar a la meta final, aun se debe perfeccionar la fusión de la médula y prevenir que el sistema inmunológico del cuerpo rechace a la cabeza. El proceso consistiría en enfriar cabeza y cuerpo a unir para extender la vida de las células sin oxígeno. Luego, el tejido alrededor del cuello sería disecado, y los vasos sanguíneos más grandes unidos con pequeños tubos -antes de cortar las médulas.

Luego se trasladaría la cabeza, las puntas se fusionarían con el PEG y los músculos se suturarían. El receptor sería mantenido en coma por cuatro semanas para prevenir del movimiento. Finalmente, electrodos implantados estimularían la médula.

Canavero aún cree que es posible realizar este transplante el 2017, si se encuentra al donante correcto. Mucha gente, entre ellos un paciente ruso con condición muscular degenerativa indicaron que les gustaría mover sus cabezas a un cuerpo distinto y un hospital en Vietnam ofreció sus instalaciones para la primera cirugía.

Daniel Meza

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