Terapia contra cáncer de próstata aumenta riesgo de demencia

Un estudio, realizado por investigadores de la Escuela Universitaria de Medicina de Stanford y la Universidad de Pennsylvania Escuela de Medicina de Perelman, demuestra que los hombres con cáncer de próstata que son tratados con medicamentos para bajar su producción de testosterona, son dos veces más propensos a desarrollar demencia en un plazo de cinco años con el mal, en comparación con pacientes con la misma enfermedad cuyos niveles de testosterona no están manipulados.

El artículo que describe la investigación fue publicado hoy en JAMA Oncology. Kevin Nead, médico residente en la Universidad de Pensilvania, titulado en la Universidad de Stanford, y Nigam Shah, PhD, profesor asociado de investigación informática biomédica en Stanford, son los autores.

La testosterona puede promover el crecimiento de los tumores de próstata, y por lo tanto los médicos han utilizado la terapia de privación androgenética (TPA) para reducir la testosterona y otros andrógenos en pacientes con cáncer de próstata desde la década de 1940. En los Estados Unidos, alrededor de medio millón de hombres actualmente reciben esta terapia como un tratamiento para el cáncer de próstata.

Un estudio de 2015 por los mismos autores halló una asociación entre la TPA y la enfermedad de Alzheimer. En el nuevo documento, el equipo amplió su investigación para incluir otras formas de demencia. "Cuando publicamos nuestro anterior trabajo, una carta al editor señaló que la enfermedad de Alzheimer a menudo se confunde con la demencia vascular", dijo Shah. "Así que en lugar de buscar la enfermedad de Alzheimer y la demencia por separado, decidimos agregarlos en una categoría de nivel superior que englobe todas las demencias y deterioros cognitivos".

El equipo analizó los registros del almacén de datos de investigación clínica del departamento de Medicina de Stanford, con información sobre cerca de 10.000 pacientes con cáncer de próstata. De los 1.829 que recibieron TPA, un 7,9% desarrolló demencia en un lapso de cinco años. Entre los no tratados con esta terapia, solo 3,5% llegó a sufrir este mal en ese espacio de tiempo.

"El riesgo es real y, dependiendo de los antecedentes familiares de demencia de cada paciente, se puede considerar un tratamiento alternativo”, dijo Shah.

Las conclusiones adquieren mayor relevancia aun a la luz de un reciente estudio prospectivo del Reino Unido, publicado en septiembre en el New England Journal of Medicine. El trabajo reveló que todos los pacientes con cáncer de próstata asignados al azar al monitoreo activo, la cirugía o la radioterapia tenían el mismo riesgo de muerte por el mal después de 10 años. El 99% de los hombres en el estudio sobrevivieron independientemente del tratamiento inicial. Estos resultados sorprendentes sugieren que la monitorización activa de los pacientes de cáncer de próstata puede ser tan buena como el tratamiento radical temprano y puede causar menos efectos secundarios. Esta consiste en una observación minuciosa del estado de un paciente sin administrarle ningún tratamiento, a menos que haya cambios en los resultados de las pruebas que muestren que la afección está empeorando.

No obstante, Nead y Shah advirtieron que los pacientes con cáncer de la próstata que reciben TPA no deben realizar cambios en sus medicamentos sin consultar a sus médicos. Nead añade que le gustaría ver un ensayo clínico prospectivo, en que se asignen aleatoriamente terapias distintas, entre estas la TPA, para constatar si esta puede estar más firmemente vinculada a un mayor riesgo de demencia en comparación con las otras.

Los perniciosos efectos secundarios de algunas difundidas terapias son constante materia de investigación en la comunidad médica mundial. Esta misma semana, un estudio de la Escuela de Medicina Johns Hopkins reveló que el consumo de calcio en forma de suplementos puede aumentar el riesgo de acumulación de placas en las arterias y daños al corazón, aunque ingerir alimentos ricos en calcio no causa el mismo efecto.

Hans Huerto

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