Los narvales, campeones del mundo en ecolocalización

Una investigación de científicos alemanes y estadounidenses en la que se grabó por primera vez  sonidos que emiten los narvales concluyó que estos mamíferos son los mejores en el reino animal en lo que se refiere a la ecolocalización, o la habilidad de ver y ubicarse a través del sonido. Pero no solo es su colmillo distintivo —una suerte de largo cuerno frontal de hasta dos metros por el que algunos le llaman “unicornio del mar” — lo que hace a este animal fascinante. El narval también es excepcional a la hora de ver con el sonido, reza el documento publicado en PLOS One. 

Como cualquier ballena, los narvales necesitan la superficie para respirar, lo que hacen cada 4 a 6 minutos. Pero a diferencia de la mayoría de ballenas, los narvales pasan la vida entera en el extremo Ártico, principalmente en aguas entre el este de Canadá y Groenlandia, donde hay más oscuridad que luz, y más hielo que mar abierto. De algún modo, estos fascinantes animales se las ingenian para agrietar el hielo para tomar aire y son capaces de cazar calamares y descender hasta una milla por peces u otras presas.


Comparación del narval y el tiburón de Groenlandia.

 

Al preguntarse cómo el cambio climático y el prospecto de un Ártico sin hielo afectarían a los narvales en el futuro, los científicos hicieron seguimiento a estos animales por encima del hielo, sobrevolando su área en helicópteros. Conscientes de que estas ballenas usan la ecolocalización —enviando clics de sonido que rebotan en los objetos y ambiente alrededor de ellos— situaron micrófonos debajo del agua y escucharon.

Se dieron cuenta que el sónar (clics) de los narvales se prendía y apagaba como una luz, escaneando su mundo bajo el agua al tiempo que recibía pequeñas instantáneas y las reconstruía en imágenes acústicas más grandes, de alta resolución. Esta habilidad, según los investigadores, es la más precisa y de mayor detalle en el reino animal, y solo tendría una posible excepción: las ballenas belugas.

Los clics, producidos en órganos conocidos como labios fónicos a índices de más de 1.000 por segundo, son inaudibles para el oído humano, pero  detectables a través de micrófonos especiales bajo el agua. El sonido sale a través de la cabeza del narval, que funciona como unos lentes de vidrio, agrupando el sonido y enviándolo en un haz delgado que viaja a través de agua, golpeando todo lo que encuentra. Al volver el eco, el animal lo percibe con las almohadillas que tiene en la quijada baja. 

El narval también puede moderar la potencia de su sónar conforme a si está cerca o lejos de sus presas u objetivos, indicaron los autores. Otros científicos que estudian ballenas alabaron el trabajo por realizar registros en condiciones extremas y a animales excepcionales cuyos sonidos no son fácilmente detectables.

Históricamente, el narval ha sido un animal misterioso desde que en tiempos antiguos los vikingos llevaron sus ‘cuernos’ a Europa con historias de unicornios. Machos y hembras sin cuernos, sin embargo, son igual de buenos para la ecolocalización. Los cuernos son principalmente exhibiciones de poderío sexual, como las plumas de un pavo real o la melena de un león. Los narvales, a diferencia de los delfines, no tienen aleta dorsal. Tienen un tamaño mediano entre los cetáceos, de unos 4 a 4,5 metros y un peso entre 1000 y 1600 kilos.

 

Daniel Meza

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