Científicos crearon ratones que son resistentes a la radiación

Investigadores estadounidenses y chinos descubrieron que los ratones que carecen de la proteína AIM2 son resistentes a la radiación ionizante. Dicha proteína es un sensor que en caso de detectar un ADN extraño, viral o bacterial, desencadena una respuesta inmune. Aparentemente, la AIM2 también percibe el daño causado por la radiación, y empieza el proceso de la muerte celular. El artículo fue publicado en la revista Science.

La exposición a la radiación ionizante provoca la muerte masiva de células y daños severos a los tejidos que contienen células proliferantes (o en crecimiento) incluyendo las médulas óseas o tuétanos y los tractos gastrointestinales. Esto último, provoca diarreas, malabsorción de nutrientes y la posterior muerte en 10 días. Los daños intestinales son efectos colaterales comunes de las terapias de radiación (o radioterapias) en pacientes con tumores malignos.

Sin embargo, aún no es completamente claro qué células en específico están involucradas en problemas como el síndrome del intestino irritable ni cuál es el mecanismo que se produce en el daño. Tampoco existen actualmente tratamientos efectivos para el referido síndrome o métodos para mitigar los síntomas. Al momento, solo sabemos que las partes más vulnerables son aquellas que contienen células que se dividen como los ya mencionados tuétanos y células epiteliales intestinales.

Los autores investigaron, en consecuencia, qué mecanismos estaban envueltos en la muerte de células y el daño de tejidos fueron causados por la radiación. Estudios previos habían mostrado que el desarrollo del referido síndrome intestinal de algún modo (no esclarecido) implicaba inflamación –los complejos proteicos disparan una reacción inflamatoria cuando las células hacen contacto con agentes patógenos.

En su estudio, hallaron que los ratones carentes de la proteína AIM2 son casi completamente resistentes a la radiación ionizante, puesto que, tras ser expuestos a ella no desarrollaron síndrome del intestino ni del tuétano. El estudio es el primero en describir la función de esta proteína en percibir el daño de la radiación a los cromosomas en el núcleo celular, indicaron los investigadores.

Cuando una célula recibe una alta dosis de radiación, el ADN es hecho pedazos, para luego unirse de nuevo. Sin embargo, esta reunión de fragmentos de cromosomas es defectuosa, y puede llevar a anormalidades como el cáncer. El equipo cree que cuando se hace este daño a los cromosomas, la AIM2  se activa para matar a todas las células para evitar las malas consecuencias de esta ‘traslocación cromosómica’, como aquellas vistas comúnmente en las células cancerígenas.





Por esta razón, las células dañadas resultantes son eliminadas por el AIM2. Esto es beneficioso para personas o animales en circunstancias normales y a pequeña escala —porque elimina células peligrosas— pero en alta dosis de radiación es perjudicial al producir a los males intestinales y óseos ya mencionados. Los hallazgos sugieren que un medicamento que bloquee o inhiba a la proteína AIM2 podría limitar los efectos nocivos de la quimioterapia o radioterapia en pacientes de cáncer, indicaron los investigadores. 

Recientemente,  un trabajo recién publicado en Nature Communications que los tardígrados u osos de agua poseen una proteína protectora que les proporciona resistencia a los rayos X. El hallazgo también podría potencialmente ser aplicado en seres humanos.

 

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Daniel Meza

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