Las monas vervet los prefieren belicosos antes que pacíficos

Primatólogos de Suiza y Sudáfrica demostraron que las hembras de la especie de monos vervet fomentan la participación de machos en las peleas, dirigiendo su atención a los mejores luchadores y rechazando fríamente a quienes se abstienen a envolverse en conflictos. Las conclusiones del estudio fueron publicadas en la revista Proceedings of the Royal Society B.

Los monos vervet, también conocidos como cercopitecos verdes (Chlorocebus pygerythrus), son monos pequeños de la especie de primate catarrino, de la familia Cercopithecidae, ampliamente distribuida por el África subsahariana. En Sudáfrica se le considera una plaga. Viven en grupos mixtos —machos y hembras— y se involucran regularmente en peleas con grupos vecinos. Participan en estas grescas tanto hembras como machos, pero son los últimos quienes tienen más peso en ellas por ser más grandes y poseer colmillos más largos. En simultáneo, también hay una porción de monos dentro de este grupo que no participa y se esconde de la colisión.

Estudios anteriores de sociedades de cazadores-recolectores, agricultores y nómadas del pueblo Turkana demostraron que un sistema de recompensas y sanciones anima a los hombres a participar en guerras y enfrentamientos entre tribus. Los autores de este trabajo demostraron que el mismo sistema de premios y castigos puede regir las sociedades de los monos vervet.


Los monos vervet son naturales del África subsahariana.

 

Los investigadores, entonces, observaron grupos de monos de la Reserva de Caza Mawana en Sudáfrica. Hallaron que las hembras usaban el enfoque del “palo y la zanahoria” (recompensa o rechazo) cuando apreciaban el comportamiento de los machos durante las peleas. Luego del choque entre las bandas, donde los más fuertes ganaban, las hembras prestaban mayor atención a los monos más combativos, dándole mayores atenciones como acicalamientos, mientras que aquellos que se apartaron de la pelea eran rechazados, e incluso las hembras fueron más agresivas con ellos —los mordían. Las recompensas y castigos fueron más notorias cuando la victoria del grupo se conseguía cerca de una fuente abundante de alimentos, como por ejemplo un árbol lleno de frutas.

Los científicos además determinaron que la actitud de las hembras manipuló e indujo a que más machos pelearan, lo que potencialmente beneficiaba al grupo como un todo dándole a la hembra más chances de dar a luz y criar más bebes. En otras palabras, quienes no pelearon en un principio, se vieron motivados a tomar parte de futuros altercados motivados por el comportamiento femenino.

Hace poco, primatólogos determinaron en un estudio que los chimpancés son capaces de cooperar antes que competir para lograr una recompensa. El estudio refutó la idea de que la cooperación era una característica exclusiva de los humanos —y que el resto de homínidos eran excesivamente competitivos y violentos.
 

 

Daniel Meza

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