Cigarrillo electrónico explota en pantalón de fumador por alto voltaje

Imágenes de seguridad de una licorería en Manhattan, Nueva York, muestran cómo el cigarrillo electrónico de un hombre explota en sus pantalones de manera espontánea y le provoca quemaduras de tercer grado. Se trata del más reciente en una serie de casos similares reportados en los EE.UU. y otros países.

Esto ocurre al cierre del mismo año en que las baterías de las phablet de Samsung, las Note 7, fueron retiradas del mercado por causar explosiones y en el que Toyota ha totalizado cerca de 23 millones de vehículos llamados a revisión por bolsas de aires defectuosas y potencialmente letales.

Otis Gooding, empleado de Central Cellars, atendía detrás del mostrador a un cliente, junto a un compañero de trabajo, cuando su vaporizador —como también se llama a estos dispositivos— explotó en su bolsillo. Producto de ello, Gooding sufrió quemaduras de tercer grado, a pesar de que, como se aprecia en el video, intenta vehementemente retirar el dispositivo encendido de sus pantalones.

De acuerdo con uno de sus colaboradores en el trabajo y ex fumador de cigarrillos electrónicos, según declaró a CNN, el dispositivo había sido personalizado para aumentar su potencia —la intensidad del sabor y cantidad de humo que da en cada calada—, lo cual se logra modificando el voltaje del aparato.

Este suele ubicarse en el rango de los 3,7 voltios, pero con una intervención a estos equipos puede lograrse que funcionen con un consumo de hasta 6 voltios, aumentando con ello su rendimiento. "Nunca he visto uno que tenga tanto poder, había sido modificado después de la compra para que pueda cambiar el voltaje y lograr más potencia", dijo el compañero de trabajo.

La industria de los cigarrillos electrónicos logró ventas globales cercanas a los US$7.500 millones tan solo en el 2015, presentándose como una alternativa, libre de sustancias tóxicas, para dejar de fumar. Los fabricantes de estos aparatos, creados en 2003, señalan que otorga al fumador una dosis de nicotina mezclada con vapor de agua, que calma el ansia por fumar (causada por la ausencia de nicotina en el organismo).

Así las cosas, su comercialización ha sido objeto de debate, puesto que al no tener las mismas características del tabaco, no existía (ni existe aún en muchos países) legislación sobre su uso y venta.

Lo cierto es que en mayo de 2014, la Asociación Americana del Corazón publicó una investigación sobre las consecuencias del uso de estos aparatos, que arrojó que las promesas de salud de los fabricantes de cigarrillos electrónicos no estaban amparadas por data científica.

El trabajo, que incluyó una investigación con 5 grupos poblacionales en EE.UU., Canadá, el Reino Unido y Australia, señaló que quienes usaron estos dispositivos para dejar de fumar llegaban a ser hasta 30% menos exitosos en su empeño.

Asimismo, se halló que el vapor de estos aparatos, si bien proviene de la vaporización de líquidos saborizados y nicotina, contiene formaldehidos, glicol propileno y plomo, carcinógenos hallados normalmente en el humo del tabaco. Al igual que con los cigarrillos convencionales, las sustancias nocivas en el humo de los electrónicos son perjudiciales también para quienes están alrededor del fumador.

Peor aún: un estudio de la New England Journal of Medicine señala que aumentar el voltaje de los cigarrillos electrónicos —como hizo el desafortunado personaje de esta nota— aumenta la producción y presencia de formaldehidos en el vapor aspirado.

Hans Huerto

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