Por fin se sabe por qué a unos les gusta más el alcohol que a otros

Un equipo internacional de investigadores descubrió un gen asociado al deseo de consumir alcohol, que hace que algunas personas beban más y otras prefieran no hacerlo tanto. El estudio fue llevado a cabo por investigadores del Centro Médico de la University of Texas Southwestern y colegas en Europa, y finalmente publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

El consumo excesivo de alcohol es un problema público esparcido en todo el mundo. Pese a que se sabe que los hábitos de bebida son heredados, al momento poco se conoce de genes relacionados directamente al consumo de este tipo de bebidas. Un cambio de consumo alto a moderado podría tener importantes implicancias en la salud pública, como la disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares. Un alto consumo de alcohol, además, está ligado a dos factores que ocasionan enfermedades al corazón: alta presión sanguínea y obesidad, de acuerdo a la Asociación Americana del Corazón.

Este estudio, que sí identifica a un gen relacionado a esta actividad, es el más amplio meta-análisis de asociación del genoma a la fecha que mapea y compara los ADN de más de 105.000 bebedores sociales ‘duros’ y ‘ligeros’. De ahí, se concluyó que los bebedores ‘duros’ eran la mayoría, un 60%, mientras que el 40% tendía a beber menos que el promedio. Si bien la diferencia entre ambos grupos es pequeña -apenas 15 pintas en un año- los investigadores consideran el hallazgo importante al ser la primera vez que un proceso biológico puede explicar nuestra inclinación o rechazo a las bebidas alcohólicas. El gen se llama β-Klotho, y en el cerebro se activa con una hormona producida en el hígado.


La hormona en mención, la FGF-21, generó interés al haberse descubierto antes que el cuerpo la producía luego de haber ingerido grandes cantidades de azúcar. Se creía que esta disparaba una reacción que le dice al cerebro que “ya es suficiente de azúcar”. La nueva investigación muestra también cómo estos procesos nos llevan a detenernos en el consumo de alguna sustancia en particular, al identificar el gen que cumple precisamente esa función.

El β-Klotho viene en dos variantes, A y G. Los que poseían la variante A, el 40%, “tenían un reducido deseo de beber alcohol”, en contraparte, el restante 60%, “bebían más”. Esta diferencia significaba, en cantidades, una diferencia de 0.97 gramos de alcohol extra por día. En un año, esto representa unas 15 pintas o vasos al año. 

En posteriores estudios en ratones, se demostró que los ratones cuyo gen β-Klotho fue removido, mostraron “un incremento significativo del consumo de alcohol, lo que confirmó el rol clave del gen en cuánto bebemos o no. Los hallazgos sugieren que la influencia de la hormona FGF-21 en el consumo de alcohol depende bastante de la actividad del gen β-Klotho. 

Para Gunter Schumann, del Instituto de Psiquiatría del King’s College London, coautor del trabajo, “este estudio revela un hasta hoy desconocido camino entre el cerebro e hígado que regula el consumo de alcohol en humanos, y que podría llegar un día a ser manipulado terapéuticamente para suprimir los problemas de bebedores adictos”. El estudio, sin embargo, no incluyó a personas con problemas de adicción al alcohol. 

Añadió que no se puede descartar la posibilidad de que el β-Klotho afecte a otros genes adyacentes, por lo que este trabajo dará pie a más estudios genéticos. 

El consumo de alcohol, tradicionalmente considerado un fenómeno que afecta al sexo masculino, también se ha extendido significativamente en las mujeres en los últimos tiempos. Un estudio reciente publicado en BMJ Open demostró cómo la brecha entre los hábitos de beber entre hombres y mujeres se cerró significativamente. Esto, especialmente en mujeres nacidas en los últimos 15 a 25 años.

 

Daniel Meza

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