La deforestación alcanza pico histórico en Brasil

La deforestación ilegal en la Amazonia brasileña ha alcanzado su nivel más alto en 8 años, de acuerdo con el análisis de datos satelitales publicado esta semana por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) de Brasil en São José dos Campos.

De acuerdo con la investigación del INPE, esta tendencia podría hacer retroceder hasta diez al país en materia de protección forestal: entre agosto de 2015 y julio de 2016 fueron arrasados 7.989 kilómetros cuadrados de selva, cerca de 30% más que lo registrado en un periodo similar el año anterior y 75% por encima del nivel de 2012, cuando la deforestación había retrocedido a un mínimo histórico.

Ello puso a Brasil como ejemplo en protección de bosques, pues sus avances en tal apartado venían siendo sostenidos desde el 2005, a raíz del fortalecimiento de políticas públicas y alianzas con la industria formal para frenar la deforestación que el cultivo de soya y la ganadería, haciendo uso de llanos de pasturas, venían causando.

La reciente salida de la presidenta de Brasil, Dilma Rouseff, a raíz del escándalo de corrupción conocido como Lavajato —en que se han visto envueltos altos funcionarios gubernamentales y las principales constructoras de la nación sudamericana— ha sido el más reciente sacudón de una serie que ha venido revolviendo desde el año la administración pública carioca. En medio de la convulsión, y tras oficiar una copa mundial de fútbol en 2014 y unas olimpiadas este año, las normativas vigentes en Brasil han tendido a relajarse en favor de quienes buscan implementar una serie de actividades económicas potencialmente nocivas en la selva.

De acuerdo con especialistas consultados por Nature, al panorama se suma el que los terratenientes en las poblaciones selváticas no se han visto beneficiados efectivamente por los programas de desarrollo alternativo, por lo que la tala, la ganadería y otras actividades también perjudiciales han seguido siendo sus principales formas de sustento. Ello le ha dejado la cancha libre a traficantes de tierra, interesados deforestar áreas para lotizarlas y comerciar con ellas, dice Paulo Barreto, investigador principal del Instituto Amazonas de Personas y Medio Ambiente, un grupo activista en la comunidad selvática de Belém.

El panorama no es mejor para la Amazonía en el lado peruano. Tan solo en la primera mitad de septiembre, 15.000 hectáreas (150 km cuadrados) de bosque amazónico se perdieron a manos de actividades productivas, de acuerdo con la Unidad de Monitoreo del Programa de Conservación de Bosques del Ministerio del Ambiente peruano. Solo entre julio y agosto de este año, se perdieron de igual forma 75.000 hectáreas y desde 2001, se totalizaron 2 millones de hectáreas perdidas, una superficie cercana la de El Salvador, según el "Mapa de la Amazonía peruana 2016", elaborado por el Instituto del Bien Común.

Hans Huerto

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