Esta es la cola de un dinosaurio de hace 99 millones de años

Por primera un miembro del cuerpo de un dinosaurio es hallado por la ciencia en un gran estado de conservación, al punto de que se puede ver de qué estuvo recubierta la piel del espécimen cuyos restos fueron hallados. El descubrimiento permitirá entender mejor la relación evolutiva entre los últimos grandes saurios y las primeras aves.

Un grupo de investigadores, liderados por la paleontóloga Lida Xing, de la Universidad de Geociencias de la China, dio con la cola de lo que parece ser un celurosaurio juvenil, preservada en un trozo de ámbar del tamaño de un durazno, aproximadamente. El hallazgo se dio en una mina en el valle de Hukawng en el estado de Kachin, al norte de Myanmar.

El ámbar es una preciada sustancia de origen vegetal: la resina fosilizada de árboles de eras prehistóricas, además de ser atractiva para la joyería por el suntuoso color que le da nombre, tiene la propiedad de conservar en condiciones excepcionales, en su interior, restos de una era ida que nos ayudan a comprender cómo era la Tierra hace millones de años.

De hecho, la cola hallada por el equipo —cuyo trabajo es publicado hoy por la revista Current Biology— data de hace 99 millones de años, que es cuando esta especie pisó la faz del planeta. La cola, de poco menos de 37 cm de largo, está recubierta de un fino plumaje, color marrón bellota, con un reverso en un tono de blanco.

¿Y cómo saber que no se trata de la cola de un ave prehistórica? Antes que lucir como plumas de vuelo, las halladas parecen las plumas ornamentales que se emplean en adornos y decoración. Pero la prueba concluyente que descarta que se trate de un ave, está en la estructura ósea de la cola hallada. A través del análisis tomográfico computarizado, se ha observado que en los restos hay al menos 8 vértebras articuladas, y se presume que la cola completa habría tenido un total de 25. Mientras que las aves modernas y sus predecesores en el Cretáceo (la edad prehistórica a la que pertenece lo hallado) tienen al final de su cola una formación fija, no articulada, llamada pigóstilo (lo que popularmente se llama rabadilla).

De hecho, en un informe publicado en junio de este año por el mismo equipo de investigación, alas de un ave cretácica conservadas en ámbar revelaron plumas notablemente similares a las plumas de vuelo de las aves modernas.

Según el estudio sobre el reciente hallazgo, la cola, si hubiera estado recubierta en su totalidad  por las plumas halladas, difícilmente le habría servido a este saurio para volar; sino más bien para regular de alguna manera su temperatura.

Asimismo, por el débil desarrollo de sus plumas, el dueño de esta cola sería un dinosaurio terópodo escasamente evolucionado, "quizás un maniraptoran basal [primitivo]", sugiere Xing, refiriéndose al subgrupo de celurosaurios que incluye a los oviraptorosaurios y tericinosaurio.

El descubrimiento también reveló en los restos rastros de hierro, sustancia usualmente resultante de la descomposición de la hemoglobina presente en la sangre. Por ello, Xing no pierde la esperanza de que en un futuro cercano pueda toparse en la región —donde las numerosas piezas de ámbar halladas contienen la mayor diversidad biológica del Cretáceo jamás encontrada— con más restos que contengan más información química, como la pigmentación de los animales o los componentes de su queratina, que ayuden a entender cómo se dio la evolución de estos animales, de grandes reptiles a aves.

Hans Huerto

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