¿Por qué caminamos distinto al resto de animales?

Si animales como gatos y perros, o leones y lobos, dan pasos sobre la punta de sus patas, ¿por qué los humanos apoyamos el talón antes que cualquier otra parte del pie para dar un paso? La respuesta, de acuerdo a una investigación del antropólogo James Webber de la Universidad de Arizona publicada en el Journal of Experimental Biology, yace en el largo de nuestras extremidades y cómo aprovecharlo para hacer un uso más eficiente de cada paso que damos.

Al correr, y buscar la máxima velocidad posible con el esfuerzo que se es capaz de hacer con las piernas, los humanos tendemos a modificar nuestra forma de asentar el pie, haciendo que el peso recaiga principalmente en el mediopié, la región de la planta del pie que se halla entre el arco del mismo y la base de los dedos. No obstante, este no sería un paso natural al caminar, a diferencia de lo que ocurre en otras especies.

La constante en la naturaleza es que a extremidades más largas, caminantes más eficientes. Por ello, precisamente, "los gatos y los perros andan en las puntas de sus pies, con el talón elevado en el aire: se han adaptado para tener una pierna más larga”, señala Webber. En contraste, los humanos apoyamos nuestros talones en el suelo, lo cual acorta nuestras extremidades inferiores, en comparación a si camináramos sobre la punta de nuestros dedos de los pies. ¿Por qué, entonces, el hombre le da la contra a lo que parece ser una ley natural?

Según el estudio de Webber, el paso dado con el talón funciona mejor para nosotros porque crea "piernas virtuales" más largas. Con el balanceo de cada paso, el torso de los humanos se mueve como un péndulo oscilante invertido, en que el cuerpo se inclina hacia el punto a donde se dirige el pie en el suelo. Con ello, el anclaje o punto de balanceo que genera la oscilación serían los pies. Al dar un paso, el centro de presión se desliza a lo largo de la planta del pie, desde el talón hasta los dedos, y el verdadero punto de pivote para el péndulo invertido se da en el medio del pie y, concretamente, varios centímetros por debajo del suelo. Esto, en esencia, extiende la longitud de nuestras "piernas virtuales" debajo del suelo, haciéndolas más largas que nuestras verdaderas piernas físicas.

Como Webber explica: "Los seres humanos aterrizan sobre sus talones y jalan hacia atrás con los dedos del pie. El pie empieza su paso en un punto y lo acaba 20 a 25 cm después [que es la longitud promedio de un pie]. Si se conectan esos puntos para hacer un pivote tenemos un miembro con una longitud aumentada. Mecánicamente, es como si tuviéramos una pierna mucho más larga".

A ello se pudo arribar tras monitorear a los participantes del estudio en una cinta caminadora en el Laboratorio de Biomecánica Evolutiva de la universidad. Se observaron las diferencias entre quienes caminaron normalmente y a quienes se les pidió que lo hagan sobre las puntas de sus pies. Estos últimos se movían más lentamente y se esforzaban un 10% más que los que caminaban con un paso convencional. En esencia, los caminantes convencionales tenían piernas 15 centímetros más largas.

Los primeros ancestros del ser humano dejaron de andar en cuatro patas y asumieron su condición de bípedos hace unos 6 o 7 millones de años. El bipedalismo fue la causa principal detrás de una serie de cambios esqueléticos presentes en todos los homínidos bípedos. De acuerdo con huellas encontradas preservadas en ceniza volcánica en Latoli, Tanzania, que los homínidos antiguos practicaron la forma en que actualmente caminamos hace ya 3,6 millones de años.

Hans Huerto

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