Las personas que suelen decir groserías son más honestas generalmente

Decir groserías tendría una asociación con un ánimo agitado pero también con la sinceridad y veracidad: las personas que frecuentemente maldicen son más honestas, de acuerdo con una investigación psicológica realizada por un equipo multinacional en Holanda, Gran Bretaña, Estados Unidos y Hong Kong.

Si bien la profanidad —el uso de lenguaje soez— y la deshonestidad son violaciones a ciertas normas de convivencia, no necesariamente están relacionadas: la blasfemia se utiliza a menudo para expresar sentimientos genuinos y, por tanto, podría no estar relacionada con la deshonestidad señala el documento, publicado por Social Psychological and Personality Science.

En el estudio conjunto se exploró la relación entre profanidad y honestidad. Paras ello, se examinó el uso de groserías entre los participantes, así como su relación usual con la veracidad. Por otro lado, se realizó un análisis lingüístico de las interacciones sociales en Facebook de otro grupo de participantes y se contrastó todo ello con índices de blasfemia e integridad.

En el primer cuestionario al que fueron sometidos los 276 participantes se les pidió que enumeraran sus groserías favoritas más comunes. También se les pidió que calificaran sus razones para usar estas palabras y luego tomaron parte en una prueba de mentiras para determinar si estaban siendo sinceros o simplemente respondiendo de la manera que pensaban que era socialmente aceptable. Aquellos con un alista más larga de groserías tenían menos probabilidades de estar mintiendo.

Una segunda exploración recogió datos de 75.000 usuarios de Facebook para medir el uso de palabras soeces en sus interacciones sociales en línea. La investigación encontró que aquellos que utilizaron más groserías también fueron más propensos a utilizar patrones de lenguaje relacionados con la honestidad, como el uso de pronombres como "yo" y "mí".

Ello arrojó una relación positiva consistente entre groserías y honestidad: maldecir se asoció menos con la mentira y engaño a nivel individual y más con la integridad a nivel de la sociedad.

El Dr. David Stillwell, profesor de Big Data Analytics en la Universidad de Cambridge, y coautor del artículo, dice: "La relación entre blasfemia y deshonestidad es complicada. Cuando alguien maldice, te está diciendo su opinión honesta, pero también está filtrando su idioma para resultar más picante, aunque no está filtrando sus puntos de vista".

El habla profana es vetada en varios contextos sociales por sus referentes habituales, referidos al sexo, la suciedad o la sordidez, por lo que se le relaciona con la ira, la frustración o la sorpresa. Pero hasta ahora no se le había ligado con la honestidad, a pesar de que la blasfemia puede tender puentes con las audiencias cuando se trata de entretener y proyectar sinceridad. Los autores de la investigación mencionan en el documento que, por ejemplo, el presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, usó algunas groserías en sus discursos durante la reciente campaña presidencial, por lo que fue considerado por una buena parte del electorado como el candidato más honesto de los que estuvieron en competencia.

 

Hans Huerto

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