Este gigantesco reptil volador descubierto era tan terrible como el tiranosaurio rex

Representación del hatzegopteryx encontrado, según sus descubridores.

Solemos ver en películas como las de la saga de Jurassic Park al Tiranosaurio Rex como el máximo depredador del mundo perdido de los dinosaurios: con sus más de 12 metros de largo y 8 toneladas métricas, es el terror forrado de colmillos en las pesadillas más alucinadas de Steven Spielberg, plasmadas en las escenas de acción de sus filmes.

No obstante, una investigación recientemente publicada en el repositorio PeerJ abre el terreno de la imaginación a nuevos y espeluznantes escenarios en los que la muerte viene de arriba: voraces pterosaurios capaces de engullir grandes presas en vuelos en picada gobernaron alguna vez los cielos de una Tierra cretácica y hoy habitarían los sueños menos felices de colosos más bien populares como Godzilla (a la sazón, otro tiranosaurio glorificado por la cultura popular).

Sabido es que los dinosaurios, evolutivamente, acabaron siendo las aves que hoy vemos. De hecho, varios de ellos ostentaron tanto escamas como plumas en la piel (recientemente se halló una cola de dinosaurio conservada en ámbar que mantenía sus plumas intactas). Pero la de los pterosaurios (orden que tiene en el pterodáctilo y pteranodon a sus dos géneros) es una historia diferente. Si bien habitaron con los dinosaurios no fueron propiamente dinosaurios (pues estos eran reptiles erguidos) sino más bien reptiles gigantes capaces de volar, incluso a velocidades cercanas a los 100 km por hora. Los pterosaurios no evolucionaron en aves, sino más bien los dinosaurios terrestres. Y estos, hoy se sabe, les temieron a los pterosaurios.

Nuevos fósiles hallados en una isla en la actual Transilvania (Rumania) por un equipo de paleontólogos indican que algunos pterosaurios gigantes probablemente cenaban a menudo dinosaurios pequeños, del tamaño de un caballo, y no reptiles más pequeños como se creía.

Los fósiles más grandes de pterosaurios pertenecen a ejemplares de la familia de los azdárquidos, y sus cuerpos eran versiones desarrolladas del chasis común de los reptiles alados de entonces, con alas largas y cuellos finos y extensos, cuerpos y cabezas ligeros.

Pero los fósiles del poco conocido hatzegopteryx recientemente hallado demuestran que este género de azdárquidos tenía un cuello la mitad de largo y robusto, mucho más que los de otros azdárquidos conocidos.

Darren Naish de la Universidad de Southampton y Mark Witton de la Universidad de Portsmouth, ambas del Reino Unido, señalan que los restos hallados incluyeron una vértebra cervical, presumiblemente la séptima, excepcionalmente ancha, de 24 cm de largo por 48 de ancho, con paredes de 4 a 6 milímetros de grosor, el triple que las de otros azdárquidos.

El poderoso cuello se justifica si se toma en cuenta que los pocos huesos craneales del ejemplar hallado sugieren que tuvo una cabeza (y consiguientemente, un pico dentado) mucho más grande que sus pares.

"Los huesos que estamos sacando de Rumania muestran que se trató de un animal mucho más robusto y masivo de lo que imaginábamos", dice Witton. "Asumimos que el pterosaurio entero es fornido y poderoso."

Los fósiles provienen de la isla de Hateg, donde en el Cretácico se asentaba el mar de Tetis. En la zona se han hallado restos de saurópodos de cuello largo, del tamaño de caballos. La inexistencia de saurios más grandes en el lugar sugiere que el hatzegopteryx gobernaba la zona y azolaba su cielo con sus picos de cerca de medio metro de ancho. Sus extremidades además sugieren que podían volar tanto como transitar la tierra en cuatro patas, por lo que se alimentaba con facilidad.

"Con un poco de estiramiento de sus gargantas, esas cosas podrían tragar muy bien a un humano pequeño", añade Witton.

 

Hans Huerto

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