La tortura no sirve para obtener información, según la ciencia

La tortura sistemática es inútil para obtener información en los interrogatorios, afirma Shane O’Mara, profesor de estudios experimentales del cerebro del Trinity College de Dublín (Irlanda) en su libro Why Torture Doesn’t Work, en el que explora si hay o no ciencia creíble que demuestre de modo contundente que esta práctica haya dado resultados.

Resultó que, tras una exhaustiva investigación, la respuesta fue no. La verdad es que, la inteligencia obtenida a través de la tortura era tan insignificante, las evidencias tan minúsculas, que “los defensores de la tortura se quedaron sin piso”. Aquellos que abogan por la tortura lo hacen —dice O’Mara a NewScientist— con una mixtura de anécdotas, historias antojadizamente escogidas, y escenarios totalmente contradictorios. La idea de escribir un libro sobre el tema se originó cuando el autor supo del lanzamiento de Torture Memos, una compilación de documentos legales estadounidense sobre el uso del método submarino, la privación del sueño, el doblarse en posiciones incómodas, entre otras.

Para poder realizar sus observaciones, se evitó hacer estudios controlados de estas técnicas. No obstante, se recopiló cantidades de información en efectos psicológicos y fisiológicos del dolor severo, miedo, frío extremo, privación del sueño, y el casi-ahogamiento. Por otro lado, sí se llevaron a cabo observaciones de la privación sensorial usando voluntarios saludables. Otros escrutinios fueron realizados durante el entrenamiento de soldados. Asimismo, se revisó una pequeña cantidad de literatura relacionada a los severos efectos de largo plazo de la tortura a aquellos que sobreviven a la misma; así como trabajos que dan cuenta de la eficacia de las técnicas de tortura de interrogación de la policía, que produjo resultados sobre la psicología de confesiones falsas. Se conoció, preocupantemente, que era muy fácil obtener mentiras.

El autor enfatiza que la tortura no produce información confiable principalmente porque la violencia que imparte menoscaba la habilidad de pensar.  El frío extremo, el dolor, falta de sueño o miedo dañan la memoria, el humor, el sentido, indica. Además, afirma que la tortura no persuade a la gente a cooperar racionalmente; en cambio produce pánico, disociación, inconsciencia y daño neuronal a largo plazo. Produce además un intenso deseo de seguir hablando —no importa qué— con tal de prevenir más torturas. 

Según O’Mara, un torturado en Cambodia de 60 años, llegó a decir que fue hermafrodita, un espía de la CIA, un arzobispo católico y el hijo del rey de Cambodia, cuando en realidad era solo un profesor en un colegio cuyo mayor crimen fue haber sido oído hablando francés.

A menudo los torturadores aumentan el flagelo al pensar que el prisionero no da información o miente, aunque no está demostrado que estos sepan detectar mentiras mejor que otros. De hecho, está demostrado que se vuelven más paranoicos. Todo esto lleva a errores garrafales, donde se tortura a alguien por error. Ni las nuevas tecnologías para detectar mentiras funcionan, según el trabajo.

La obra de O’Mara se encarga de desmentir y corregir inconsistencias en documentos como Torture Memos, y además sostiene que, más allá de la evidencia científica, la motivación de quienes la practican es punitiva.

El lanzamiento del libro coincide con las recientes declaraciones del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien en una entrevista defendió las prácticas de tortura en la lucha contra el terrorismo y alentó a seguir usándolas al estar, según sus palabras, absolutamente seguro de que funcionan.

 

Daniel Meza

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