Las misteriosas “nubes de radiación” podrían ser peligrosas para viajeros

Se ha descubierto que, a parte de los peligros potenciales de las condiciones climáticas, los aviones militares, de cargo y de pasajeros también sortean condiciones que hasta el día de hoy no podían rastrearse por ninguna tecnología a bordo. Se trata de las “nubes de radiación” que encontraron especialistas de la NASA. Los resultados completos de la investigación se han publicado en la revista Space Weather, en un artículo al que la revista New Scientist hizo una reseña.

Durante el vuelo, los aviones modernos a veces se deben desviar del curso programado. Esto sucede por varias razones, entre ellas, para esquivar tormentas o evitar zonas de alta turbulencia. Gracias a los radares en tierra y a bordo, la precaución de condiciones poco favorables implica, en el mejor de los casos, un aumento del consumo de combustible.

En el curso de nuevas investigaciones, la NASA descubrió que a parte de las condiciones habituales del clima, el avión puede volar por zonas donde la radiación de fondo es bastante alta. Esta investigación fue realizada en el marco del estudio ARMAS (Automated Radiation Measurements for Aerospace Safety) en el que aviones de la NASA, equipados con un sistema de medición de condiciones en tiempo real, completaron 213 vuelos entre los años 2013 y 2016.

En la mayoría de los vuelos, el nivel de radiación se duplica cada dos kilómetros con respecto al nivel registrado en tierra. Así, la radiación acumulada que reciben los pasajeros en un vuelo de 12.5 horas (digamos, de Londres a Tokio) a una altura de 11 mil metros, equivale a un examen de rayos X del tórax. En seis de los vuelos efectuados por la NASA, se registraron casos en los que el nivel de radiación era mucho mayor al esperado, en algunos casos, hasta el doble.


De acuerdo con los investigadores estadounidenses, los niveles de radiación alcanzados en estas pruebas coinciden con la presencia de tormentas electromagnéticas en el centro de la Tierra. En una entrevista para New Scientist, Kent Tobiska, del programa ARMAS, señaló que durante una tormenta geomagnética se pueden liberar electrones que luego “colisionan con los átomos y moléculas de nitrógeno y oxígeno, causando una radiación secundaria y terciaria, muy posiblemente, en forma de rayos gamma”.

Los científicos tenían claro que a mayor altura, mayor era el nivel de radiación que recibe un avión, aunque este era un tema que no causaba mucha alarma. El riesgo absoluto es bajo, se indicó, ya que un examen de rayos X solo incrementa el riesgo de un cáncer fatal en un 1 en 200.000, pero esto adquiere relevancia si se habla de alguien que toma numerosos vuelos. El dato es importante para miembros de tripulaciones, y una solución que consiga evitar o disminuir las dosis ayudaría a viajeros frecuentes y a fetos en sus primeros trimestres. 

Por lo general, el nivel de radiación con respecto a la altura es mayor en los polos y menor en el ecuador terrestre, y no presenta una amenaza para la salud de los pasajeros que vuelan con poca frecuencia.

 

Vasily Sychev
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