El ensayo secreto de Winston Churchill sobre la vida extraterrestre

En los Estados Unidos, acaban de descubrir un ensayo de Winston Churchill nunca antes publicado. En él, el político reflexiona sobre la existencia de otros planetas y la vida más allá de los límites del Sistema Solar. Una breve reseña del texto ha sido publicada por la revista Nature.

Como revela la publicación, el manuscrito de once páginas, que se titula “¿Estamos solos en el Universo?”, estuvo largo tiempo guardado en los archivos del National Churchill Museum en Fulton, Missouri. Es posible que la primera versión del trabajo haya sido escrita en 1939 para el diario londinense News of the World. Posteriormente, durante la década de los 50’s, Churchill aumentó y reescribió parte del texto, y lo entregó al editor Emery Reves, quien al final no lo publicó en ninguna parte. En los años 80’s, la esposa de Reves donó el manuscrito a la fundación del museo, donde se conservó desde entonces, hasta que fue encontrado recientemente por Timothy Riley, el director del museo. Este, a su vez, lo transfirió al astrofísico y escritor Mario Livio, quien revisó el artículo para la última edición de la revista científica.

El ensayo de Churchill, como describe el autor en Nature, refleja en gran medida la visión de los astrobiólogos actuales. Churchill parte del principio copernicano en sus argumentos para afirmar que ni la Tierra, ni el Sol ocupan una posición exclusiva en el Universo. Sobre todo, el político pone en cuestión la excepcionalidad del ser humano, para quien su capacidad de “crecer y multiplicarse” es, a su juicio, una de sus características principales.

Churchill determinó que para la existencia de la vida, tal como se manifiesta en la Tierra, es indispensable la disponibilidad de agua, porque tanto el cuerpo como las células están hechas de este elemento. El estadista también se anticipó al concepto de “zona de habitabilidad”: regiones del espacio en donde las condiciones de la superficie de los planetas son hipotéticamente similares a las terrestres, y donde el agua se encuentra en estado líquido. En su trabajo, el ex primer ministro británico sugiere que los organismos solo sobreviven en planetas con temperaturas adecuadas, los cuales dependen de su distancia hacia la estrella más cercana. También señala que este cuerpo celeste debe tener atmósfera, recalcando el rol principal de la gravedad, por permitir mantener la capa de gas sobre la superficie.

En base a estos argumentos, Churchill concluye que tanto Marte como Venus son los únicos objetos en el Sistema Solar que podrían albergar vida, y que los planetas que están más allá de los límites del cinturón de asteroides, la región de nuestro sistema comprendida entre las órbitas de Marte y Júpiter, son demasiado fríos. Así, Churchill descarta a Mercurio como posible alternativa por tener una temperatura bastante irregular (un lado es demasiado caliente, mientras que el otro, demasiado frío), y a la Luna y los demás asteroides, porque sus campos gravitacionales no son suficientes para mantener una atmósfera.

En su ensayo, también argumenta sobre las probabilidades de existencia de exoplanetas. Él está convencido de que existen otras estrellas, a parte del Sol, alrededor de las cuales giran planetas, entre los cuales pueden existir numerosos objetos de tamaño conveniente para contener atmósfera y agua en estado líquido en su superficie. Según Churchill, algunos de estos cuerpos celestes se encuentran a la distancia “correcta” de su sol, lo que les permitiría mantener una temperatura favorable para la vida. Es interesante recordar que el ensayo fue escrito mucho antes de que los científicos encontraran al primer exoplaneta. Se trata del HD 114762 b, ubicado en la constelación Coma Berenices, descubierto por David Latham en 1989.

Hacia el final del texto, Churchill habla sobre las exploraciones espaciales del Sistema Solar. “Algún día será posible, en un futuro no muy lejano, que el hombre viaje a la Luna, Venus y Marte”, dice en el ensayo. Sin embargo, el político señala la dificultad que tendrían los vuelos interestelares e intergalácticos por las enormes distancias que existen, incluso, para llegar a los cuerpos más cercanos. El también periodista y Nobel de Literatura termina su ensayo afirmando que hay cientos de miles de “nebulosas espirales” en el espacio, y que cada una de ellas contiene miles de millones de estrellas, por lo que las probabilidades de albergar planetas con las condiciones adecuadas para la vida son muy altas.

Sir Winston Leonard Spencer Churchill (1874-1965), estadista británico y figura política, fue el primer ministro del Reino Unido entre 1940-1945 y 1951-1955. Él también fue uno de los primeros ministros de su país en tener un consejero en ciencias, el físico Frederick Lindemann. Churchill también apoyó el diseño del primer radar y el desarrollo del programa nuclear británico.

 

Caroline Mercado
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