Tranquilo, tu gato no te va a “contagiar” esquizofrenia

Pese a que ha sido culpado de incrementar el riesgo de depresión severa, suicidio, esquizofrenia, cambios en la personalidad e impulsividad, el Toxoplasma gondii —o el parásito nacido en los gatos que infectó a casi la mitad de la población humana— realmente no tiene influencia en nuestros cerebros como muchos vienen creyendo hasta la fecha. A esta conclusión llegó un equipo de investigadores británicos que analizó la relación entre ciertos tratos, habilidad cognitiva y desórdenes mentales y el referido parásito, conocido también como Toxoplasmosis.

El trabajo, publicado en Psychological Medicine recientemente, estudió a 5.000 niños en el Reino Unido —nacidos a inicios de los 90 hasta que cumplieron 18 años— y no halló evidencia de que el poseer gatos durante la gestación o la niñez estuviese asociado con experiencias psicóticas que pudiesen significar signos tempranos de enfermedad mental (alucinación o creencias de estar siendo espiado, por ejemplo). En la investigación se incluyó sobre si los niños crecieron con los gatos, o si los gatos estuvieron al rondando cerca durante el embarazo de la madre. Finalmente, los científicos también estudiaron y clasificaron el estatus socioeconómico de los individuos escrutados. El estudio, en otras palabras, desbarata una serie de teorías que aseguran que los gatos vuelven locas a las personas.

Previos estudios que aseguraban que había una relación entre el referido parásito y desórdenes mentales, sugiere la nueva investigación, trabajaron sobre muestra relativamente pequeñas. Muchos de estos además, se basaron en las respuestas de personas a quienes les preguntaron si habían tenido gatos, algo que no era necesariamente confiable y podía dar pie a conclusiones imprecisas.

Es importante también notar que muchos de los desórdenes relacionados al parásito (como la esquizofrenia) tienden a hacerse presentes en etapas finales de la vida humana, por lo que el haber estudiado a los individuos solo hasta los 18 años podría limitar el estudio.

De otro lado, el Toxoplasma gondii es un parásito fascinante porque tiene un efecto “controlador de mente” en los ratones. El parásito, básicamente, secuestra al ratón, quitándole ‘magicamente’ el miedo a su depredador y hasta haciendo que le guste el olor de su orina —lo que convierte al roedor en una presa más fácil de atrapar. En lo que se refiere a humanos, se sabe que más de 60 millones de personas en los Estados Unidos lo tiene, pero casi siempre el sistema inmunológico se encarga de evitar consecuencias negativas.

 

Daniel Meza

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