Nuestro planeta se calienta y el hielo... ¿se derrite más lentamente?

Según un análisis de temperatura en curso realizado por científicos del Instituto Goddard para la división de Estudios Espaciales de la NASA (GISS), la temperatura global promedio de la Tierra ha aumentado en aproximadamente 0,8 ° Celsius desde 1880. Dos tercios de este calentamiento se dieron desde 1975, a una tasa de aproximadamente 0,15-0,20° C por década.

Se prevé que hasta el año 2100, países como Estados Unidos aumenten en 2,5 a 7° C su temperatura promedio, si no hay un cambio global en el modelo energético, al menos de los principales emisores de gases de efecto invernadero (sumándose a la nación norteamericana la China).

Estos cambios sin duda ya le pasaron factura al planeta (en Perú, por ejemplo, los glaciares andinos perdieron hasta 81% de su hielo en los últimos 40 años) y seguirán haciéndolo, de maneras extrañas. Una de estas es la recientemente descubierta por el Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Boulder, Colorado: a medida en que las temperaturas globales aumentan, el hielo se derrite más lentamente. Así lo recogen los científicos en un estudio al respecto publicado hoy en la Nature Climate Change.

Aunque suene esperanzador en primera instancia, las temperaturas globales en los años próximos continuarán despojando de nieve a muchas áreas montañosas, dice Keith Musselman, hidrólogo del equipo responsable del estudio.

Solo que lo harán más lentamente —y no de súbito, en pocos días al final de la estación— durante todo el invierno y principios de la primavera, cuando las temperaturas nocturnas son más bajas y hay menos luz solar directa: la nieve, así, se derretirá más pronto pero más lentamente.

Con lo cual la cada vez más delgada capa de nieve del invierno probablemente no llegará en las montañas hasta finales de la primavera y principios del verano, pues ese hielo se irá derritiendo lenta pero prematuramente.

Con lo cual, peligran las áreas que dependen en gran medida de los deshielos de grandes capas de nieve y de los caudales que estos despiden cuando llega esa breve época del año. Un deshielo menos masivo es más propenso a evaporarse o ser absorbido por las plantas, por lo que es menos probable que se convierta en arroyos y reservas de agua subterránea.

La fusión más lenta y temprana también podría significar menos inundaciones de gran tamaño —lo que puede tranquilizar a las personas que viven a lo largo de los ríos de montaña—, pero es una mala noticia para los sistemas de los ríos en general.

Hans Huerto

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