Hallan evidencia más antigua de vida en la Tierra: data de hace al menos 3.770 millones de años

La Tierra tiene una edad aproximada de 4.500 años. Y aunque no se sabe cuándo o dónde comenzó la vida en nuestro planeta, algunos de los rincones donde habría surgido primero pueden haber sido respiraderos submarinos-hidrotermales, de acuerdo a una reciente investigación de científicos de diversos países que publica esta semana la revista Nature.

En el documento, se describen microorganismos fosilizados que tienen al menos 3.770 millones de años y posiblemente 4.280 millones de años de edad, en rocas sedimentarias ferruginosas, interpretadas como precipitados hidroelectrolíticos en el fondo marino, del cinturón de Nuvvuagittuq en Quebec, Canadá.

Estas estructuras, halladas por el equipo investigador, se presentan como tubos y filamentos de escala micrométrica con morfologías y conjuntos minerales similares a los de los microorganismos filamentosos de precipitados hidrotermales de ventilación modernos y microfósiles análogos en rocas más jóvenes.

Estos restos son los vestigios de vida en nuestro planeta más antiguos jamás registrados por la ciencia.

Figura 1 | Imágenes luminosas transmitidas de filamentos de hematita de los jaspers NSB y Løkken. A, Filamentos de la NSB unidos a una perilla terminal (flecha) revestida con hematita nanoscópica. B, Filamentos de los jaspers Løkken recubiertos con hematítica nanoscópica y unidos a mandos terminales (flechas rojas) y ramificación (flechas naranjas). Inserción, filamentos múltiples unidos a un pomo terminal. C, Filamentos del NSB en banda de cuarzo con rosetones de hematita (flecha verde). Inserción, filamento ramificado (flecha naranja). El cuadro verde define d. D, Filamento del NSB envuelto en hematita (inserción, misma imagen en polares cruzados).

“Colectivamente, estas observaciones son consistentes con una biomasa oxidada y proporcionan evidencia de actividad biológica en ambientes submarino-hidrotermales hace más de 3.770 millones de años”, señala el documento.

Se trata de una época geológicamente convulsa para la Tierra, aún joven sufriendo los embates de una serie de meteoritos y restos de otros cuerpos celestes que impactaban la superficie del planeta. Una época en la que las condiciones de habitabilidad de nuestro planeta aún eran ínfimas.

El cinturón de Nuvvuagittuq, en Quebec, contiene algunas de las rocas sedimentarias marinas más antiguas registradas por la geología, formadas por una fumarola hidrotermal, una suerte de un géiser submarino, rica en hierro. Precisamente este elemento, con fuerte presencia en el agua, fue el que afectó a las bacterias de ese entonces, que al morir vieron sus estructuras internas imbuidas de hierro, iniciándose así su proceso de fosilización que hoy hace posible su estudio.

El descubrimiento confirmaría la hipótesis de parte de la comunidad científica que propone que en estas formaciones surgió la vida en la Tierra, en forma de bacterias, hace cerca de 4.000 millones de años.

“Esta rápida aparición de la vida en la Tierra encaja con otras evidencias recientes de túmulos datados en 3.700 millones de años atrás con presencia de microorganismos”, señala Matthew Dodd, del University College de Londres, parte del equipo investigador.

Aunque anteriormente se habían hallados fósiles más antiguos, todos estos hallazgos habían sido posteriormente desmerecidos por no significar vestigios de vida, sino constituir restos de procesos en los que organismos vivos no tuvieron nada qué ver.

“Nuestros descubrimientos demuestran que la vida se desarrolló en la Tierra en un tiempo en que tanto nuestro planetas como Marte tenían agua líquida en la superficie, lo que plantea una cuestión emocionante sobre la vida extraterrestre. Nuestra predicción, por tanto, es que se hallarán evidencias de vida en Marte de hace 4.000 millones de años. De lo contrario, la Tierra será una excepción muy especial”, plantea Dodd.

Asimismo, dadas las duras condiciones de habitabilidad que tendrían que haber enfrentado estos microorganismos en una Tierra joven y en formación, el hallazgo lleva a reconsiderar los estándares de condiciones de vida para otros mundos, como el planeta rojo o los recientemente descubiertos en el sistema planetario Trappist-1.

Hans Huerto

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