Trastorno obsesivo compulsivo tiene su raíz en una región del cerebro

Los pensamientos e impulsos recurrentes que caracterizan al trastorno obsesivo compulsivo (TOC) pueden ser causados ​​por la incapacidad del cerebro para distinguir entre situaciones seguras y riesgosas. Un estudio al respecto del Hertfordshire Partnership University NHS Foundation Trust, en el Reino Unido, acaba de ser publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America.

La investigación, basada en el escaneo cerebral, ha encontrado que la parte del cerebro que envía señales de seguridad parece ser menos activa en las personas con esta condición.

De acuerdo con el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, el TOC consiste en tener pensamientos obsesivos recurrentes o cometer actos compulsivos. Los pensamientos obsesivos son ideas, imágenes o impulsos que entran en la mente del individuo una y otra vez en una forma estereotipada.

Comprobar más de una vez que la refrigeradora se cerró bien; bañarse luego de ir al baño; ordenar la propia colección de discos alfabéticamente: todas estas pueden ser formas típicas de TOC, si se siente el impulso de repetirlas constantemente, como rituales.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, a nivel mundial el 57,3% de casos de TOC no reciben tratamiento, a pesar de que en la actualidad existe una variedad de estos para tratar el desorden.

Para dar con la raíz del TOC, la médica Naomi Fineberg y su equipo entrenaron a 78 personas para sentir temor ante una imagen de una cara de enojo, mediante descargas eléctricas en la muñeca cuando vieron la imagen, mientras estaban acostados en un escáner cerebral fMRI. Aproximadamente la mitad de los participantes tenía TOC.

En una segunda etapa del experimento, el equipo trató de que los voluntarios “desaprendan” a sentir este miedo, mostrándoles la misma imagen muchas veces, pero sin choques eléctricos.

Las personas sin TOC pronto aprendieron a dejar de asociar la imagen con la descarga, mientras que las personas con la condición seguían asustadas, a juzgar por lo mucho que los voluntarios sudaron en respuesta a ver la imagen.

En comparación con aquellos sin la condición, las personas con TOC tenían menos actividad en su corteza prefrontal ventromedial, un área del cerebro involucrada en la emisión de señales de seguridad y la predicción de recompensas.

"El pedacito de su cerebro que debe decirles que [algo] es seguro no está funcionando”, precisa Fineberg. Ellasegura que el estudio demuestra que las personas con TOC no siempre son más temerosas, pues en la primera etapa del mismo estas sudaron lo mismo que el grupo de control en respuesta a la imagen atemorizante. No obstante, durante el desaprendizaje, sudaron más que las personas sin la condición.

Los hallazgos refuerzan la idea de que las obsesiones responden al miedo por que algo pueda salir mal si no se cumple adecuadamente con una tarea (dejar la refrigeradora abierta, por ejemplo, puede arruinar la comida congelada). "Las obsesiones son las clases de cosas que la mayoría de la gente entendería como racionales pero exageradas - por ejemplo, la necesidad de lavarse las manos después de ir al baño", dice Fineberg.

La terapia de prevención de la exposición es un tratamiento usual para el TOC, consistente en exponer al paciente a los disparadores de su conducta impidiendo que realicen sus rituales característicos para aprender que no hay peligro si no se lleva a cabo la conducta obsesiva. Sin embargo, este tratamiento es efectivo en cerca de la mitad de casos.

Los nuevos hallazgos pueden explicar por qué las personas con TOC encuentran este enfoque tan difícil y puede tomar tanto tiempo, dice Fineberg. “Ahora podemos decirles que es por eso [la parte del cerebro que envía señales de peligro] que está tomando tanto tiempo [la terapia] y debemos seguir con él."

 

Hans Huerto

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