Einstein cumple hoy 138 años: aquí, los hitos de la vida del genio

El nombre de Albert Einstein es prácticamente sinónimo de genio. En todo el mundo, y a todo nivel, las teorías del matemático y físico son reconocidas, a tal punto de haber ganado el Nobel y dado pie a los más trascendentes inventos del siglo pasado —y no por ello dejar de ser vigente en tiempos contemporáneos. Por todo esto, estamos hablando de uno de las grandes mentes de la historia de la humanidad. Si bien no fue un inventor de la línea de Bell, Daguerre, Tesla o Edison, sus teorías nos llevaron a nuevas formas de ver el tiempo, materia, energía y gravedad. Su trabajo llevó a avances importantes como el control de la energía atómica, la exploración espacial y aplicaciones de la luz.

Increíblemente, cuando era niño, algunos profesores lo consideraban lento y perezoso. Pero los mismos no tardaron en notar su talento conforme crecía. En 1905, a la edad de 26 años, se recibió de doctor en el Instituto de Tecnología en Zurich. El mismo año, denominado el Annus Mirabilis (o año extraordinario), publicó cuatro documentos científicos revolucionarios que cambiaron nuestro entendimiento del universo.

Uno de ellos ponderó sobre el movimiento Browniano. Einsten llamaba así al movimiento en zigzag de las partículas en un medio fluido (líquido o gas), como resultado de choques contra moléculas del mismo fluido. El nombre del referido movimiento provino del biólogo escocés Robert Brown, quien, en 1827, encontró a través del telescopio a partículas moviéndose atrapadas en un grano de polen en el agua. Brown no supo explicar el porqué de este movimiento, pero fue Einstein quien expuso con todo detalle cómo el polen era movido por moléculas de agua individuales. Los hallazgos fueron prueba irrefutable de que existen los átomos y moléculas.

 


Simulación del movimiento Browniano. 

 

Otro gran aporte de Einstein fue la teoría cuántica de la luz, trabajo que le valió un premio Nobel posteriormente, en 1921. El físico propuso la idea de que la luz está compuesta de envolturas de energía separadas —que más tarde fueron llamadas “fotones”— que tienen ciertas propiedades de las partículas y ciertas otras de las ondas (en un concepto llamado Dualidad onda corpúsculo). Explicó, asimismo, el efecto fotoeléctrico, que se refiere a la emisión de electrones desde ciertos sólidos cuando estos son atravesados por la luz (radiación electromagnética, luz visible o ultravioleta). La televisión, invento crucial del último siglo, es una de las aplicaciones prácticas de las teorías de la luz del físico nacido en Alemania.

 


Dualidad onda corpúsculo: un objeto puede tener dos percepciones distintas.

 

Un tercer trabajo de aquel año maravilloso para la ciencia fue la teoría de la relatividad especial, donde Einstein explicó que el tiempo y el movimiento son relativos a quienes los observan —siempre y cuando la velocidad de la luz permanezca constante y las leyes naturales sean las mismas en todo el universo. Esta teoría (complementaria con la de la relatividad general, postulada una década después) tuvo incluso repercusiones filosóficas, eliminando la posibilidad de un espacio/tiempo absoluto en el universo.

Finalmente, la cuarta investigación en 1905 desarrolló la idea del enlace entre masa y energía, y demostraba, usando la famosa ecuación (E=mc2), que una pequeña partícula de materia contenía una enorme cantidad de energía. La teoría fue la base variados acontecimientos, tanto positivos como negativos: la energía nuclear, la exploración espacial y las bombas atómicas.

Tras estas ideas y años de estudios, algo realmente importante llegó en 1916: la Teoría General de la Relatividad, uno de los descubrimientos cumbre del siglo XX. Esta explicaba que lo que percibimos como fuerza de la gravedad proviene de la curvatura del espacio y el tiempo creado por la existencia de la masa. Einstein propuso que objetos como el Sol o la Tierra cambiaban esta geometría.



Esquema de la curvatura espacio-tiempo.

 

Más tarde, en 1933, tiempos en que el nazismo ocasionaba una “fuga de cerebros” del país gobernado entonces por Adolf Hitler, el prominente científico —hijo de judíos— se mudó a los Estados Unidos donde aceptó un puesto en la Universidad de Princeton, Nueva Jersey, convirtiéndose en ciudadano estadounidense en 1940.

Un año antes, habiéndose enterado de que los alemanes habían conseguido dividir los átomos de uranio, escribió una carta al presidente estadounidense de entonces, Franklin D. Roosevelt, alertando de que sus descubrimientos científicos podrían llevar al desarrollo de una bomba atómica y a su vez, urgiendo a que la potencia desarrolle su propia investigación en el campo. Tiempo después, explicó que hizo esto para darle al país norteamericano la posibilidad de generar un efecto disuasorio con el objetivo final de buscar la paz.  Erróneamente y de forma constante, algunos atribuyeron al físico la creación de la bomba nuclear, aunque en vida, repetidas veces recordó que él no se considera el “padre de la liberación de energía atómica y que su participación (en la mortífera bomba atómica) fue muy indirecta”.

La muerte le llegó a Einstein un día abril de 1955 en el Hospital de Princeton, cuando atravesaba una hemorragia interna causada por la ruptura de un aneurisma de la aorta abdominal, que anteriormente había sido intervenida en 1948. Einstein rechazó una nueva cirugía, diciendo: "Quiero irme cuando quiero. Es de mal gusto prolongar artificialmente la vida. He hecho mi parte, es hora de irse. Yo lo haré con elegancia". 

 

Daniel Meza
Si te gustó esta noticia, entérate de más a través de nuestros canales de Facebook y Twitter.

Suscríbete.

Déjanos tu mail para recibir nuestro boletín de noticias

La confirmación ha sido enviada a tu correo.