Por fin habría sido resuelto el misterio de Encélado, luna de Saturno

Enceladus o Encélado, la sexta luna más grande de Saturno, tiene una suerte de ‘herida’ en su polo sur, por donde parece sangrar calor y agua. Tal lesión podría provenir de un asteroide inmenso que en el pasado habría golpeado a este satélite helado en un evento ocurrido hace menos de 100 millones de años, dejando el área con grietas permeables. A esta conclusión llegó un equipo de astrofísicos de la Universidad John Hopkins, Estados Unidos, presentada en la Conferencia Científica Lunar y Planetaria que tuvo lugar en Texas, el pasado 21 de marzo y publicada en una nota del portal Newscientist.

El polo sur de Encélado es uno de los más intrigantes lugares del sistema solar. Despide columnas de líquidos desde un océano interior, además de una enorme cantidad de calor. Tal emisión equivale a 15.8 gigawatts de potencia calorífica, equivalente al poder de 4000 turbinas de viento a toda capacidad. El resto de la luna, sin embargo, es fría y relativamente homogénea.

En la mayoría de lunas heladas y mundos oceánicos, la principal fuente de calor son las mareas. Los mundos son estirados por la gravedad de sus vecinos más cercanos, lo que causa calor interno. Si fuese el caso la existencia de calentamiento por efecto de las mareas, “el sur y el norte lucirían igual”, dijo indicó la investigadora Angela Stickle, parte del equipo que llegó a la referida conclusión. 


Enceladus es la sexta luna más grande de Saturno. 

 

Junto a su compañero de trabajo, James Roberts, Stickle creó simulaciones computarizadas para ver si el misterio podría ser resuelto por un impacto gigante en el pasado. Hallaron entonces que la extraña apariencia de Encélado podría ser explicada por un golpe lo suficientemente fuerte y colosal como para causar grietas en el hielo.

Un impacto de estos podría haber generado condiciones para formar un terreno de este tipo, indicaron los científicos. Tal colisión habría sido lo suficientemente poderosa para generar un agujero de 20 kilómetros de profundidad —el grosor del hielo que cubre los océanos— y hoy no podríamos ver cráteres gigantes porque el hielo se habría empezado a ‘recongelar’ rápidamente.

Los científicos estimaron que en una hora, el hielo podría crecer 10 centímetros, por lo que inmediatamente después del impacto, la llaga empezó a ‘sanar’, aunque con inevitables cicatrices.

El impacto habría depositado energía en la superficie golpeada, generado una onda de shock y actividad sísmica, lo que podría haber mantenido abierta la grieta hasta ahora. Existe la posibilidad, además, de que el impacto haya producido un desbarajuste en la gravedad local, por lo que el presunto meteorito no necesariamente habría caído en el polo sur, sino en algún otro lugar, que acabó reubicándose en el polo.

El pasado diciembre, la nave espacial de la NASA Cassini dio un importantísimo paso para la exploración espacial al empezar a bucear entre los icónicos anillos de Saturno, a los cuales fotografiará hasta abril. Posteriormente sobrevolará a Titán y finalmente se inmolará en setiembre, según se estima. Esta maniobra de suicidio servirá para que los científicos se aseguren de que Cassini no contamine Titán y su compañero Encélado con microbios de la Tierra, según oficiales de la NASA, al ser mundos potencialmente propicios para la vida.

 

Daniel Meza

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