Científicos explican por qué la desigualdad es inevitable usando las leyes de la física

En un trabajo publicado en el Journal of Applied Physics, Adrian Bejan, profesor de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Duke, en Estados Unidos, y Marcelo Errera, profesor de Ingeniería Ambiental en la Universidad Federal de Paraná, en Brasil, han propuesto una explicación al porqué de la desigualdad económica en América entre los ricos y pobres, una situación que no parece mejorar –sino empeorar– con el paso del tiempo. 

Los científicos indican que la respuesta a este problema largamente debatido en ámbitos sociales está en la física. En su trabajo, unificaron la economía con la Ley Constructal para explicar el fenómeno.

Durante el siglo pasado diferentes gobiernos trataron de eliminar la desigualdad en la distribución de la riqueza sin conseguirlo. Fue el caso, por ejemplo, de la Unión Soviética, donde las políticas comunistas –contrario a lo que se esperaba– dieron como resultado una élite rica con más recursos que la mayoría de la población. Pero, ¿por qué es tan difícil erradicar la desigualdad social?

Esta pregunta inspiró a Bejan, que en 1996 planteó la Ley Constructal. Esta ley explicaba el fenómeno de la evolución de la organización (configuración, forma, diseño) a través de la naturaleza, sistemas de flujo inanimados y sistemas animados juntos. 

“Para que un sistema de tamaño finito persista en el tiempo (para vivir), debe evolucionar de tal manera que facilite el acceso a las corrientes impuestas que fluyen a través de él”, dice Bejan.

En su nuevo estudio sobre desigualdad social, Bejan explica que "la arquitectura del flujo físico emergente es jerárquica en la superficie de la Tierra y se encuentra en todo lo que fluye dentro de los cuerpos humanos, el movimiento de los seres humanos y sus pertenencias, y los motores que impulsan el movimiento”.

Lo mismo ocurre en un sistema económico de libre mercado: la riqueza fluirá desde los pobres (representados en los pequeños ríos afluentes) hacia los ricos (quienes se encontrarían metafóricamente en los grandes ríos).

Esta jerarquía explicaría por qué la desigualdad en la riqueza ha sido notoriamente difícil de eliminar.

“La riqueza anual, también conocida como producto interno bruto (PIB), es esencialmente proporcional a la energía útil o 'trabajo y movimiento' generados por un grupo o territorio, por lo que se puede pensar en la riqueza como movimiento. Todo movimiento en la naturaleza, como los ríos (y sus afluentes) y las grandes vías de comunicación (y las pequeñas calles en las pequeñas ciudades) son jerárquicas, por lo que se puede afirmar que la riqueza es jerárquica y naturalmente desigual.

Los individuos con menos movimiento son los más pobres, que representan aproximadamente un 80% de la población. “La distribución jerárquica de los bienes sucede de manera natural. La jerarquía es inevitable”, sentencia Bejan.

En términos de desigualdad en la riqueza, Bejan y Errera muestran que la distribución no uniforme del movimiento (riqueza) se acentúa a medida que una economía se vuelve más desarrollada: su arquitectura de flujo se vuelve más compleja con el propósito de cubrir intersticios cada vez más pequeños de todo el territorio.

Este hallazgo es "fundamental para la física, porque muestra que el concepto económico de la riqueza tiene una base física, que se puede medir como trabajo, combustible consumido o movimiento efectuado por el combustible, la comida y el trabajo", explica Bejan. "Esto une la economía y la física. La equivalencia entre la riqueza y el movimiento es correcta en el sentido más amplio: existen valores atípicos y sin duda la equivalencia es evolutiva porque la riqueza y el uso de combustible están aumentando con el tiempo", añade.

Según se indica en el blog de La Teoría Constructal, Adrian Bejan habría predicho en 2016 la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales en EEUU usando la Ley Constructal. Pero hay científicos que no están muy convencidos de su método. Jeremy Baumberg, director de los Centros Nanofotónicos de la Universidad de Cambridge, ha calificado el paper como un trabajo pobremente escrito y que ha mezclado ideas de una forma muy poco rigurosa.

 

 

Ana María Cervantes
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