Encuentran sangre de mono de millones de años conservada en ámbar

Oregon State University / Flickr

Una gota de sangre fue hallada dentro de una garrapata de 20 a 30 millones de años de antigüedad. El parásito fue descubierto por el profesor emérito George Poinar Jr., de la Universidad de Oregón, en una pieza de ámbar. La “última cena” del ácaro es la primera muestra fosilizada de la sangre de un primate, que habrpia estado infectado en el momento de su muerte por el parásito protozoario babesia, que existe hasta el día de hoy. El artículo del estudio fue publicado en la revista Journal of Medical Entomology.

El ámbar está hecho de la resina fosilizada de los árboles coníferos. La garrapata hallada en una pieza de este material -y la sangre al interior del insecto- significa un hallazgo muy valorado entre los paleontólogos, ya que el ámbar conserva muy bien los organismos vivos y permite estudiarlos al más mínimo detalle. Usualmente, en el ámbar caen partículas de vegetación y algunos microorganismos, por lo que los descubrimientos de animales invertebrados son aún más preciados por la comunidad científica. 

El ámbar de esta investigación fue hallado en la República Dominicana, en las minas de la cordillera septentrional. La antigüedad de este ámbar se calcula en 15 a 40 millones de años. Adentro, la garrapata se conservó hinchada, con una pequeña punción en el abdomen, de dónde salía un poco de sangre. Al estudiar los eritrocitos (glóbulos rojos) se determinó que se trataba de la sangre de un mamífero, por el tamaño de las células, probablemente de un primate, un lagomorfo (conejos y liebres) o un lobo. Se sabe que la región fue habitada por primates cerca de 35 millones de años atrás. Mientras que de presencia de lagomorfo y lobos no hay evidencia en la región. 

Un detalle interesante de la sangre fosilizada es que se encuentra infectada con parásitos. Los científicos han determinado que el parásito pertenece a la familia Babesia del orden de los periplásmicos. Esta especie existe hasta el día de hoy, causando enfermedades en el hombre y animales domésticos, especialmente perros, como la babesiosis, que causa anemia y lesiones en varios órganos. De este modo, este hallazgo puede ayudar también al estudio de la evolución de agentes de enfermedades parasitarias. 

El ámbar es una fuente constante de descubrimientos fósiles interesantes. Por ejemplo, hace poco se halló la cola completa de un dinosaurio, con todo y plumas. 

Ana Manshina

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